Acompañados por la presencia del Espíritu

Estamos a días a vivir Pentecostés, que marca un antes y un después en la vida de la Iglesia; donde a pesar del momento tan complejo que estamos viviendo, tenemos la posibilidad de volver a conectar con esa experiencia de los primeros discípulos y discípulas del Señor, que recibieron la presencia del Espíritu Santo, que los animó e impulsó a responder con generosidad al tiempo en el cual vivieron.

Así como los discípulos encerrados en casa, recibieron la promesa que Jesús les dejó, puede ser este un tiempo, para prepararnos interiormente, para acoger en nuestras vidas, la presencia del Espíritu, que viene en nuestra ayuda, para aprender a escuchar, discernir y responder a lo que hoy el Señor nos pide. Lo hacemos desde nuestros temores e incertidumbres que todos llevamos y que nos solidariza desde nuestra fragilidad personal.

Así lo afirma el Papa Francisco en su meditación sobre “un plan para resucitar”. “Urge discernir y encontrar el pulso del Espíritu para impulsar junto a otros las dinámicas que puedan testimoniar y canalizar la vida nueva que el Señor quiere generar en este momento concreto de la historia. Este es el tiempo favorable del Señor, que nos pide no conformarnos ni contentarnos y menos justificarnos con lógicas sustitutivas o paliativas que impiden asumir el impacto y las graves consecuencias de lo que estamos viviendo. Este es el tiempo propicio de animarnos a una nueva imaginación de lo posible con el realismo que solo el Evangelio nos puede proporcionar. El Espíritu, que no se deja encerrar ni instrumentalizar con esquemas, modalidades o estructuras fijas o caducas, nos propone sumarnos a su movimiento capaz de “hacer nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5).”

Sumémonos a esa corriente de vida y esperanza que tanto necesitamos en el momento presente, para hacer frente, desde nuestras posibilidades, a las necesidades materiales y espirituales que viven tantos hermanos y hermanas nuestras. No es el tiempo para la indiferencia o la mirada individualista, sino de lo que provoca el Espíritu, que nos hace reconocernos miembros de un mismo cuerpo y corresponsables los unos de los otros, en una misión común.

En medio de lo que vivimos, como nos invitó a reflexionar el Papa Francisco la semana pasada en torno a los cinco años de la encíclica “Laudato Si”, sobre el cuidado de la casa común, con el lema “todo está conectado” que el Señor nos haga conscientes y responsables de todo el camino que tenemos que recorrer, pero reconociendo que Él, con su Espíritu nos sostiene, anima y acompaña.

Víctor Javier Álvarez Tapia
Vicario para la Pastoral de Juventud

Publicado el: 25 mayo, 2020