¿Cómo acompañar a los niños y adolescentes con TEA?

El confinamiento y aislamiento físico entre las personas ha cambiado sus rutinas sociales, impactando en la salud mental de gran parte de la población y principalmente a nuestros niños y jóvenes. La incertidumbre en la que vivimos les produce mucho estrés, siendo los adultos y especialmente sus educadores y familias quienes deben ayudarles a mitigar las emociones que ello produce. ¿Y si hablamos de niños y jóvenes con Trastornos del Espectro Autista (TEA), cómo podemos ayudarles?

Debemos tomar conciencia de que la soledad en la que muchas veces se repliegan se ve acentuada con el actual contexto. Ante esto, nos interpelan las palabras que hace varios años pronunció el Papa Francisco, quien nos llama la atención y observa cómo debe ser el compromiso de todos. “Se debe promover la acogida, el encuentro, la solidaridad, en una obra concreta de apoyo y de renovada promoción de la esperanza, contribuyendo de este modo a romper el aislamiento y, en muchos casos, el estigma que pesa sobre las personas que padecen trastornos del espectro autista, como con frecuencia también sobre sus familias”.

Hoy, ¿cuál podría ser una obra concreta de apoyo que promueva la esperanza? En quienes acompañan, es vital la capacidad de vinculación con el equipo que frecuentemente guía el proceso de aprendizaje de niños y adolescentes con tea en las comunidades educativas. Por una parte, las clases online plantean un desafío aún mayor ya que existe una distancia física; por otra, la tecnología ofrece romper esa distancia y entrar en el entorno familiar, lo que de paso brinda un espacio privilegiado al acompañamiento logrando que sea menos anónimo e impersonal.

Dada la situación actual, es importante desarrollar una atenta capacidad de escucha de las exigencias profundas que brotan del fondo de una patología. Es posible que la red de apoyo se vea ampliada e implique además de los padres a otras personas con las cuales se comparta el confinamiento, como los abuelos y hermanos. Por lo tanto, las estrategias de aprendizaje pueden apoyarse en un núcleo familiar más amplio.

En definitiva, se trata de propiciar una auténtica solidaridad para las personas con autismo y sus familias. Un equipo de profesionales educadores que vence las barreras de la distancia física y asume la tecnología como una aliada, es un valioso testimonio del amor que está por encima de cualquier estigma: compartir con los niños y adolescentes con TEA de una manera eficaz y haciendo realidad la inclusión en tiempos de pandemia, será el mejor servicio que podamos dar y la mayor satisfacción que se pueda obtener.

 

Adriana Fernández Álvarez
Delegada Episcopal para la Educación

Publicado el: 27 julio, 2020