DÍA DEL PÁRROCO

El día 4 de agosto se celebra el día párroco y de los sacerdotes en general, recordando la memoria del San Juan María Vianney, quien fue párroco en un poblado de ambiente rural de la Francia del siglo XIX llamado Ars.

El Santo Cura fue enviado por su obispo a este lugar, y antes de llegar al poblado en día de mucha niebla se encontró con un niño pequeño a quien consultó dónde quedaba dicho lugar, el niño le entrega las indicaciones a lo que el Santo Cura respondió agradecido: “Tú me has indicado el camino para llegar a Ars, Yo te indicaré el camino que conduce el cielo”. Y así realmente fue, no sólo para este pequeño, cuya memoria es recordada en las afueras de Ars con una estatua que representa al niño junto al padre Vianney, sino que también para todo el pueblo de Ars, que de la penumbra de la ausencia de Dios pasó a la claridad del conocimiento y amor de Dios por medio de lo que hizo el santo patrono de los párrocos. Era tal la fama de santidad de este sacerdote, quien muy dedicado a la oración y a la penitencia, no dejaba de atender las necesidades de todos sus feligreses, e incluso ayudaba en las parroquias vecinas cuando había algún sacerdote enfermo, dándose a largas caminatas por esos lugares para llegar a los hogares más alejados. También fue un gran confesor, donde es conocido que desde muy temprano acudía la gente para confesase y recibir el sacramento del perdón. Los ejemplos de su sabiduría y piedad animaban la vida de fe de las personas, que veían una sapiencia muy profunda, y, a la vez, un lenguaje muy cercano y sencillo explicando los misterios de la fe. En esta semana donde recordamos la memoria del patrono de los párrocos la invitación es a orar profundamente por todos los sacerdotes, especialmente recordando al sacerdotes que nos bautizó, que nos confesó por primera vez, aquel que nos entregó la primera comunión, al sacerdote que nos celebra la misa los domingos, al sacerdote con el cual me confieso regularmente y me acompaña espiritualmente, al sacerdote que quizás me ha dado la unción de los enfermos, al sacerdote que nos acompañó cuando falleció algún familiar o algún amigo,  y,  en medio del dolor,  nos mostró un rostro de esperanza; al sacerdote que partió a otro país y está anunciando al Señor lejos de su patria, al sacerdote que casó a nuestros padres, al sacerdote  que bendijo nuestro hogar, el sacerdote que acompaña a los enfermos y encarcelados, al que anima un comedor fraterno, al que educa en colegios y universidades;… quizás también al sacerdote que conocí en la calle en la rutina del día y cuya presencia fue un signo del Reino de Dios en medio del mundo, porque me habló y dio testimonio con su propia vida de que el Señor se encarnó y habitó entre nosotros, murió en la cruz y resucitó, y nos tiene a todos convidados a participar de su banquete celestial. Maravillosa y grande es la vocación sacerdotal confiada por Dios a quienes Él ha elegido. Tenía razón el Santo Cura Ars, si realmente comprendiéramos a cabalidad qué es el sacerdocio, moriríamos de amor.

San Juan María Vianney es una fuente de inspiración para vivir en plenitud la vocación sacerdotal y le pedimos que interceda ante el Señor, para que quienes hemos recibido este sagrado don lo podamos ejercer con total entrega y respeto en servicio de nuestros hermanos. San Juan María Vianney, ruega por nosotros.

Pbro. Pedro Gómez Díaz
(Vicario General y Párroco)

Publicado el: 3 agosto, 2021