El silencio de lo importante

Hace unos días recibí un llamado telefónico de una persona que me preguntaba sobre la posibilidad de celebrar el sacramento de su matrimonio en los meses venideros. la pregunta estaba en orden a lo que hoy vivimos: la pandemia. ¿Sera posible, o no? Por su puesto que le dije que sí, que debemos esperar con calma hasta la fecha, que vamos a ver que nos depara el tiempo, habrá que evaluar que situaciones se nos presentan con esta epidemia, pero lo alentaba a tener esperanzas, y prepáranos vía redes Online y así llegar al matrimonio de ser posible. El joven en su dialogo era muy ameno y se notaba sincero. le pregunte algunas cosas, entre otras sobre sus sacramentos y los de su futura esposa …me respondió que él había sido bautizado, y que le parecía, no tenía seguridad de haber recibido la primera comunión, pero lo iba a averiguar. Unos días después me lo confirmo – “si, padre recibí la comunión y ahí en su parroquia …una tía me hizo recibir la comunión, ella estaba interesada en que yo la hiciera” – Le pregunté: ¿Y sus padres no? Me respondió No, en mi casa nunca se hablaba de eso, de religión, de esas cosas de Dios…al menos no tengo recuerdo de que se haya hablado alguna vez de religión.

Quedé pensando en ese joven, y se me vino a la cabeza el salmo 78 (77), que es muy gráfico y también muy extenso, pero siempre que lo leo me lleva a una imagen muy clara y muy plástica: me imagino a un papá trasmitiendo a sus hijos “una gran enseñanza de Dios”, así como su padre lo hizo con él, y así como el desea y espera que sus hijos lo hagan con su descendencia…

“Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, no lo ocultaremos a sus hijos, lo contaremos a la futura generación”

Hagamos el ejercicio de leer este salmo, es muy gráfico, es quien cuenta las obras de Dios para con su pueblo, y como ese pueblo después quiso caminar solo…pero encuentro muy potente la imagen de comunicar a sus seres queridos (hijos), a su descendencia, lo valioso, lo importante que es Dios obrando

También me dije que pena cuando un papá, una mamá, no le hablan de Dios a sus hijos…que pena cuando Dios no ‘es tema’ en una familia. Se les puede enseñar muchas cosas buenas a los hijos, les enseñamos a ‘defenderse’ en la vida, a ser honestos, respetuosos, estudiosos, “aclanados”, etcétera…pero no siempre se siente esa misión insustituible de “hablar de Dios” a los hijos, y trasmitir de generación en generación como Dios va obrando en la vida de las personas. No es tarea de la tía, o de la profesora, o de la vecina…es tarea de casa de quienes han traído a este mundo un hijo y quieren para ese hijo lo mejor.

A veces Dios nos prepara los escenarios ideales, y quizá esta pandemia lo sea …que estemos juntos, sin salir, muchos días y con mucho tiempo…que situación ideal para dialogar, para escucharnos en lo importante, de romper el silencio, de tocar temas que son de verdad importantes, de llevar a cabo aquella tarea misión de presentarle a Dios a los hijos, con la esperanza de que ellos, mañana se los presenten a sus hijos

Dice el Salmo: “Él mandó a nuestros padres que lo enseñaran a sus hijos,
para que lo supiera la generación siguiente, los hijos que nacieran después”

Que gran tarea, que gran misión que muchas veces por temor, por falso pudor, por no saber cómo hacerlo se termina silenciando lo importante y trasmitiendo lo superfluo.

Tenemos la inmejorable oportunidad de “desandar los caminos” de volver a empezar y desde la autoridad del amor, comunicar a su descendencia la importancia de vivir con Dios, y de saber que siempre y en cada momento de esta vida Dios vive con nosotros.

Pbro. José Luis Roldán Solís
Vicario Episcopal de Arauco

Publicado el: 18 enero, 2021