Monseñor Fernando Chomali: Exhortación Apostólica del Papa Francisco “Querida Amazonia” es una joya

Recientemente, monseñor Fernando Chomali, arzobispo de Concepción,  valoró la Exhortación Apostólica «Querida Amazonia»,  resaltando que “estamos ante páginas de profunda espiritualidad y Doctrina Social de la Iglesia”.

La exhortación apostólica, Querida Amazonia, del Papa Francisco, es una joya. Reboza de verdad, de bondad y de belleza. Es un documento de quien ha escuchado y orado acerca de la situación de la Amazonia y sus habitantes. Es por ello que estamos frente a páginas de profunda espiritualidad; de una cátedra de Doctrina Social de la Iglesia; de un profundo amor por el hombre; de una comprensión global de la cultura. El Papa desde su condición de Sucesor de Pedro, ve el conjunto, discierne, concluye, aporta, y sobre todo invita a un diálogo fructífero, libre de ideologías, pensando en el bien común y en el irrestricto respeto que merece todo ser humano, su entorno y sus costumbres. No es propio de la fe católica absorber culturas, desintegrarlas para comenzar desde cero. Lo propio es reconocer su valor y desde ella, con sus luces y con sus sombras, anunciar el Evangelio.

El Papa integra el saber, la experiencia, el conocimiento. No tiene miedo de citar a un poeta, de entrar en estudios sociológicos, en recordar a sus antecesores y recordar sus enseñanzas. Al Papa le interesa exhortar, con un estilo profético, a veces desesperado, respecto a la situación de personas que viven no sólo en la pobreza, cada vez más arrinconados por una mirada economista de la historia, que todo lo mide en términos de ganancias, sino que también en la más absoluta indefensión. Francisco les ofrece su vida, su ministerio, y lo hace con claridad y sin ambigüedades. Más de alguien se sentirá profundamente interpelado por sus dichos. El Papa es claro cuando promueve el trabajo, como fuente de vida, así como el techo y la tierra. Más claro es al fustigar la codicia, la especulación financiera y la depredación. La Amazonia, nos relata el Papa, sabe mucho de aquello. Lo ha vivido en carne propia, y sus efectos han sido devastadores. De hecho, le pide a la propia Iglesia que se cuide de recibir donaciones de quienes dañan el ecosistema, así como el centro, el corazón y la razón misma del cuidado de la tierra: el hombre y su futuro.

El Papa nos exhorta desde cuatro sueños, vinculados a alcanzar lograr el “buen vivir” del ser humano: el cuidado de la tierra, el encuentro fraterno entre diferentes culturas, la labor de la Iglesia que ha de abrirse con urgencia a una real y efectiva participación de los laicos, hombres y mujeres en la labor evangelizadora, evitando clericalismos, comprensiones erróneas de su labor y centrándose en la alegría que implica el anuncio del Evangelio, del centro de nuestra fe; así como la urgencia del servicio a los más pobres y de un testimonio más nítido de la fe en la misión. ¡Cuánto le duelen al Papa los anti testimonios, el abuso de toda índole de parte de miembros de la Iglesia, que se han dado en medio de los pueblos originarios! ¡Qué valentía y humildad al pedir perdón una y mil veces!

El Papa con esta nueva exhortación apostólica, que surge de la conclusiones del Sínodo, vuelve a poner a Jesucristo en el centro de la vida de la Iglesia; a reconocer en el diálogo una fuente maravillosa de humanidad; a mostrar el rostro de Dios y su misericordia por sobre las normas, que a veces alejan a los feligreses de la Iglesia; a renunciar absolutamente a todo lo que huela a clericalismo, a proselitismo y a arrogancia. Desde el misterio de la creación, el Papa nos invita con fuerza a reconocer todo aquello que son legítimas y auténticas expresiones de espiritualidad en las diversas culturas y ver de qué manera se integran en el misterio del Verbo hecho carne que habita en medio de nosotros. Nos impulsa a ver de qué manera podemos integrarlos en la liturgia, respetando su historia y también a reconocer en la Eucaristía la centralidad de la vida del cristiano, así como el sacramente del perdón como fuente inestimable para reconocer la misericordia de Dios que perdona setenta veces siete.

Creo que esta exhortación es una lectura obligada para los católicos y todos los hombres de buena voluntad. Es un paso decidido para avanzar en nuevas formas de comprender la misión de la Iglesia en el mundo, que si bien es cierto, su mensaje es el mismo ayer, hoy, y siempre, exige nuevas expresiones para llegar al corazón de las personas concretas y reales. Este texto está orientado principalmente a quienes habitan en la Amazonia, sin embargo deja enseñanzas que se pueden aplicar en todo el mundo y que se pueden resumir en la urgencia de anunciar el Evangelio; ser testimonios veraces del amor de Dios; vivir con mayor profundidad la vida cristiana que por naturaleza es una vida de servicio a los demás; y respetar el ser humano siempre y bajo todas las condiciones en virtud de condición de Hijo de Dios, amado por Él hasta el extremo; y a la creación fuente de vida de los pueblos que van conformando su propia cultura. El Papa termina su exhortación con una profunda reflexión acerca de la Madre de Dios, la Madre de la Amazonia que llama Madre de la vida.

Publicado el: 4 marzo, 2020