Trasmitir a Jesús con la vida, el gran desafío

Hace un poco más de un mes, recibí una noticia que me produjo varios sentimientos; mucha pena por un lado y por otro lado mucha paz y una larga acción de gracias. La noticia era que en Argentina había fallecido un sacerdote a los 89 años. Que conocí mucho, que fue un gran formador, que me ayudo, que me alentó, que me educo de muchas formas, y que sobre todo me trasmitió a Jesús.  Siempre, nos repetía con fuerza y hasta el cansancio, en un “porteño” lenguaje: “Si, como bautizado, si como cura, si como obispo, si como cardenal…y no trasmitís a Jesús con la vida estas sonado” (en un neologismo muy argentino significa: estar mal, equivocado, fuera de foco, etc.)

¿Por qué La vida de este hombre me llego tanto? Y pensar en lo importante que fue este sacerdote para mí, (y para muchas personas que lo conocimos) justamente por eso, porque “Nos trasmitió a Jesús con la vida” y no como una enseñanza académica, no porque los libros así lo decían, no porque entendiera que era una catequesis o una lección mandada, sino porque su vida era una vida que trasmitía a un Jesús vivo.

En un tiempo en que la vida sacerdotal esta en tela de juicio (con lógica y justa razón por acciones horribles y vergonzosas), en un tiempo donde es muy difícil ser sacerdote, donde solo serlo ya es una invitación al rechazo y a la sospecha, yo sigo pensando aun hoy que, si naciera de nuevo, nuevamente seria sacerdote, volvería a transitar los mismos caminos y a soñar los mismos sueños, y abrazar las mismas realidades que veinte ocho años atrás cuando me impusieron las manos.

sé que transitamos desde hace mucho tiempo por cambios mundiales muy profundos, espirituales, sociales, culturales, que me hacen reconocer que aún no perdí mi capacidad de asombro y que me iré de este mundo con el corazón apretado por las alegrías y los dolores que acompañaron mi sacerdocio, pero lo que no ha cambiado, lo que es inmodificable, intransable, es el deseo perenne de trasmitir a Jesús, esa es la misión, ese es el desafío, ese sigue siendo el centro de lo que decimos creer.

En abril de este año el Papa Francisco, en una homilía de ordenación sacerdotal en Roma decía esto: “ustedes queridos hermanos e hijos serán como Él, pastores, eso es lo que quiere de ustedes. Pastores. Pastores del santo pueblo de Dios. Pastores que van con el pueblo de Dios: a veces delante del rebaño, a veces en medio o detrás, pero siempre allí con el pueblo de Dios. Hace tiempo —en el lenguaje de hace tiempo— se hablaba de la “carrera eclesiástica”, que no tenía el mismo significado que hoy. Ésta no es una “carrera”: es un servicio, un servicio como el que Dios hizo a su pueblo. Y este servicio de Dios a su pueblo tiene un estilo, un estilo que ustedes deben seguir. Un estilo de cercanía, un estilo de compasión y un estilo de ternura. Este es el estilo de Dios. Cercanía, compasión, ternura”

Que gran verdad, es como si el Papa estuviera hablando del sacerdote que conocí porque ese estilo del que habla el Papa Francisco, es el mismo estilo que vivía, este sacerdote que murió a poco tiempo atrás, y que intentó grabar en nuestros corazones con su vida el “trasmitir a Jesús con la vida” en el pueblo que EL mismo nos había encomendado

Trasmitir a Jesús, pienso que debe ser hoy el mayor desafío de un creyente y el más claro programa pastoral de la iglesia, y por lo tanto de la vida sacerdotal, porque muchísimas veces tenemos la tentación de trasmitirnos a nosotros mismos, de buscar aplausos, de cosechar aprobaciones, de dejar nuestra marca registrada, de querer “hacer carrera” en este ministerio que debe ser solo servir.

Tenemos el gran desafío de renunciar a ser “la fachada de la casa” (lo que se ve) porque entendimos que es más importante “ser el cimiento” (lo que no se ve) y eso trasmite a Jesús al hermano.

La vida de este cura que se terminó hace un tiempo atrás, sin duda no fue en vano, porque en mí y en muchos, grabo muy profundo el trasmitir a Jesús. y aun hoy seguimos peleando ante la dura batalla que nos plantea nuestro egoísmo. No bajemos lo brazos

 

Pbro. José Luis Roldán Solís
Vicario episcopal de Arauco

 

Publicado el: 13 septiembre, 2021