Una cristiana conducta social

Llego agosto, y llegó en medio de una pandemia tan inesperada, como inédita para nuestra existencia. Pero, gracias a Dios, seguimos realizando desde diferentes espacios la vida de la iglesia. En este agosto tenemos muy presente la figura del santo chileno, ‘nuestro santo’, San Alberto Hurtado.

Es interesante pensar en lo definitivo que fue para el Padre Hurtado asentar su vida de fe en una misión: misión que la expresa en una donación constante, en una dinámica de realización de una tarea que se expresa en este mundo, pero era parte del infinito. En su vida encontramos cimientos profundos de una espiritualidad marcada, dominante, no era lo suyo una filantropía, una ‘colaboración’, no era sensiblería, era una misión. Una tarea claramente captada por su corazón

Dios nos regala dones para hacerlos crecer, para desarrollarlos, para donarlos, esa es la expresión de la fe…no podemos guardar, esconder (en nosotros mismos) los dones recibidos, que no son para mí, son dados y para entregarlo a los demás

Los santos son modelos de santidad a ser imitados, y San Alberto Hurtado es el claro ejemplo de haber “negociado bien” con los dones recibidos de parte de Dios. Toda su vida parece conducirse a través de una responsable conducta social que desde la fe lo lleva a involucrase en la realidad más dolorosa de una sociedad que se manifiesta demasiada “ocupada en otras necesidades” para ver al Cristo que sufre.

Nos decía San Albero Hurtado, y quiero compartirlo para que la reflexionemos especialmente este agosto: “no podrá llamarse soldado de Cristo el que no dé un sentido social a su vida, el que no se interese por sus hermanos. Para muchos, durante muchos años, el cristianismo ha sido un asunto puramente individual, algo así como una especie de seguro para la otra vida, o un consuelo para los momentos amargos de la vida… Pero el cristianismo auténtico no es eso: es la religión de los hermanos que se sienten responsables de la salvación de sus hermanos; es el amor de Cristo por los demás que los lleva a buscarles todos los bienes, sobre todo el gran bien de la fe; es la responsabilidad de una vida consciente de la parábola de los talentos, que impone a cada uno trabajar en la medida de la luz que ha recibido” (Cristo Rey 184-185)

Y nos continúa enseñando lo riesgoso de nuestra humanidad en medio de esta misión.

“¡Sal de ti mismo, por favor! Deja de seguir pensando perpetuamente en ti. Hubo hace años un juego: el Yo-Yo… y muchos parecen haber guardado el juguete intacto y lo usan siempre” En las conversaciones que sostiene la palabra que sale más veces de su boca es la palabra Yo; siempre Yo, Yo.  ¡Somos inmensamente egoístas! Tendemos siempre a flotar, como el corcho, y a ponernos en toda oportunidad en el primer lugar. Este yoismo ha de ser atacado a fondo si queremos obtener un trato de amistad, una conducta verdaderamente social.

La vida cristiana nos compromete con los hermanos, esta fe es comunión, es dar de lo que Dios nos dio. En este agosto, a la imagen de San Alberto hurtado, nos invita a escapar del YO, para que en el NOSOTROS podamos madurar una conducta verdaderamente social,

Pbro. José Luis Roldan Solís
Vicario Episcopal de Arauco

Publicado el: 3 agosto, 2020