Y la pastoral cambió repentinamente

Cada 29 de junio la Iglesia celebra la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo martirizados en Roma y, con esta celebración anual, oramos por el ministerio petrino del Papa que Dios nos ha dado. Desde el año 2013 contamos con la conducción pastoral del Papa Francisco y desde el comienzo nos dimos cuenta que este sería un papado distinto, con signos y gestos que nos invitan a dejar de “balconear” la vida (como le dijo a los jóvenes en Río de Janeiro el año 2013) y meterse de lleno en ella, asumiendo el riesgo de vivir el Evangelio de Jesucristo. Si decidimos entrar en la vida y no nos conformamos con vivir una vida cristiana cómoda, donde tengo todo ya listo, arreglado y solucionado, hemos hecho una opción riesgosa: podemos equivocarnos. Pero cómo no arriesgarse si hemos aceptado creer en un Dios que siempre actúa, siempre crea (cf. Juan 5, 17); Dios no es fome, ni repetitivo, ni mediocre, siempre innova y crea caminos donde no los hay (por ejemplo, caminando sobre las aguas).

El Papa Francisco ha dicho en este tiempo de pandemia que la vida de millones de personas cambió repentinamente. No parece ser una frase particularmente iluminada, ya que es evidente que nuestra vida ha cambiado de modo brusco desde marzo a la fecha (algunos dirán, desde octubre a la fecha, otros dirán desde su visita a Chile a la fecha, otros dirán… etc., etc., etc.). En esa misma lógica y parafraseando al Papa podemos decir que nuestra pastoral cambió repentinamente o, al menos, eso creemos. Ahora hemos aprendido y estamos aprendiendo a manejarnos en medios digitales. En mi caso, con el uso de estos medios ya he dado retiros, he compartido jornadas y tertulias, he celebrado y transmitido la misa, he tenido diálogos, liturgias, oraciones, guías espirituales y muchas reuniones, entre lo más destacado. En cierto sentido, estoy haciendo por vía digital más o menos lo mismo que hacía antes de modo presencial. Entonces, ¿cambió o no cambió nuestra pastoral? Me parece que no mucho.

Les confieso que descubro en mí una cierta nostalgia de la pastoral que teníamos hasta que la vida cambió y me surca con regularidad la pregunta acerca de cuándo volveremos a hacer pastoralmente lo que antes hacíamos. ¿En qué quedó la pastoral creativa del Dios creativo del Evangelio, ese que rompe los moldes y nos sorprende con sus novedades y nuevos caminos? Me da la impresión que en las acciones pastorales de este tiempo estamos buscando hacer lo mismo que hacíamos antes, pero a la distancia. Hay aquí, sin duda, una tensión no resuelta entre la vida que cambió y la pastoral que no ha cambiado.

La vida cambió y no solo repentinamente, sino que cambió para no volver atrás en muchos aspectos. La vida nos obliga a avanzar, porque ya no existe el camino para retrotraer las cosas a como fueron o me acomodaban que fueran. Cuando los tiempos de pandemia (y sus consabidas restricciones) parecen prolongarse sin límites, es hora de preguntarnos si no será el mismo Dios que nos empujando a dejar nuestras seguridades, lo que siempre hemos hecho y que siempre hemos dicho que tenemos que cambiar pero que nunca llegamos a cambiarlo. Hemos dicho en innumerables asambleas que tenemos que ser más acogedores, más unidos, mejor preparados, más solidarios y misericordiosos, más proféticos, más orantes y un largo etc. ¿Cambiamos el modo de hacer las cosas en la Iglesia después que el Papa nos sacudió el 2018? ¿Cambiamos este modo después que la sociedad en Chile se manifestó el 2019? ¿Cambiamos la pastoral después que un virus nos distanció este 2020? Dios mismo nos está incitando con vehemencia a dejar de balconear la pastoral e involucrarnos de lleno en la vida de las personas que están – más que nunca – hambrientas de Dios.

P. Mauricio Aguayo  Quezada
Vicario Episcopal para la Pastoral
Iglesia de Concepción – Chile

Publicado el: 29 junio, 2020