450 años evangelizando y sirviendo

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Publicado el: 15 mayo, 2013

Este mes nuestra Arquidiócesis está de fiesta, cumplir 450 años no es algo que pasa todos los días, por lo que la Iglesia de Concepción se viste de fiesta para celebrar el paso de Dios en este territorio que contempla la totalidad de las provincias de Arauco y Concepción, como también un pequeño territorio en la provincia de Ñuble y de Santa María de Los Ángeles.

El comienzo de nuestra historia eclesial local se remonta al 22 de mayo del 1563 cuando el Papa Pío IV, a petición del rey Felipe II, en virtud de la Bula “Super Specula, militantis Eclesia”, erigió en la región austral de Chile la diócesis de La Imperial y fue nombrado como obispo el franciscano Antonio de San Miguel Avendaño y Paz, siendo además comisionado para construir la Iglesia catedral bajo la advocación de san Miguel arcángel, en un obispado de sólo veinte sacerdotes.

En mayo de 1600, después de la destrucción de la ciudad de La Imperial y el traslado de los sobrevivientes y los documentos de esta ciudad a Concepción, las instituciones diocesanas renacerían en la villa pencopolitana, con el nombre de Obispado de la Concepción Santísima de la Luz. Durante todo el período colonial los obispos firmaban indistintamente como: obispo de Imperial, u obispo de Imperial y Concepción, o bien, obispo de Concepción, lo que provocó confusiones para conocer cuántas eran las diócesis chilenas y su verdadero nombre. En tanto, Roma no demoró en proveer a la diócesis de la Concepción, prescindiendo definitivamente de Imperial.

Un nombre que identifica a nuestra Iglesia

Junto con la instalación de la diócesis de Concepción en Chile, en Roma el 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX realizaba la siguiente promulgación del dogma mariano de la “Inmaculada Concepción”.

 

Un año más tarde, en 1855, ya se hablaba de la diócesis como de La Inmaculada Concepción de la Virgen María, aunque no hay un registro escrito que nos dé la fecha exacta, sino las ‘Consuetas’ de la Iglesia catedral que fueron dictadas en 1867 y cuyo texto se guarda en el archivo del Seminario Metropolitano de Concepción (4 de septiembre de 1922).

Por lo tanto, se presume que el nombre de la Santísima Concepción se le otorgó al ser creada como ‘Arquidiócesis’, por S.S. Pío XII, el 22 de mayo de 1939, y cuyo nombre reconocemos hasta el día de hoy.

Obispos

Desde 1563 hasta la fecha han guiado la Arquidiócesis de la Ssma. Concepción 34 obispos que han tenido que enfrentar durísimas pruebas, sobre todo con la naturaleza que cada ciertos años manifiesta su fuerza, lo cual ha dado la oportunidad de que miles de personas confirmen su fe y salgan adelante, apoyándose en la verdadera piedra angular que es Cristo. Como nuestra Arquidiócesis ha pasado por distintas fases, los obispos se pueden clasificar de la siguiente forma:

Obispos de Concepción sede en Imperial: Fray Antonio de San Miguel y Agustín Cisneros Montesa.

Obispos de Concepción sede en Penco: Fray Reginaldo de Lizárraga, Fray Luis Jerónimo de Oré, Diego Zambrana de Villalobos, Dionisio Cimbrón O. Cist., Fray Francisco de Loyola y Vergara O.E.S.A., Fray Antonio de Morales O.P., Fray Luis de Lemos y Usategui O.S.A. Fray Martín de Híjar y Mendoza O.E.S.A., Diego Montero del Águila, Juan Necolalde, Francisco Antonio de Escandón, Salvador Bermúdez y Becerra, Pedro Felipe de Azúa e Iturgoyen y José de Toro y Zambrano Romo,

Obispos de Concepción: Fray Pedro Ángel de Espiñeira O.F.M., Francisco José Marán, Tomás de Roa y Alarcón, Diego Antonio Navarro Martín de Villodres, José Ignacio Cienfuegos, Diego Antonio Elizondo y Prado, José Hipólito Salas, Fernando Blaitt Mariño, Plácido Labarca Olivares, Luis Enrique Izquierdo Vargas, Gilberto Fuenzalida Guzmán y Alfredo Silva Santiago,        

Arzobispos de Concepción: Monseñor Alfredo Silva Santiago, Monseñor Manuel Sánchez Berguiristain         , Monseñor José Manuel Santos Ascarza O.C.D., Monseñor Antonio Moreno Casamitjana, Monseñor Ricardo Ezzati Andrello S.D.B. y Monseñor Fernando Chomalí Garib.

Nuestra Catedral

La catedral que hoy se levanta frente a la plaza principal de Concepción, en una zona vital de la vida penquista, en eso que trivialmente se llama “el corazón de la ciudad”, tiene una historia hermosa que sintetiza el pasado de sus antecesores, el presente rico en vivencias, sólido y pleno de esperanzas.

En su historia hay hitos precisos, nombres decisivos en su gestación, nacimiento y desarrollo, como el del recordado Arzobispo Monseñor Alfredo Silva Santiago que llegó a la ciudad el 22 de marzo de 1939 para reconstruir –como tantas veces se ha dicho-, espiritual y materialmente, a la Diócesis asolada por el terremoto de sólo meses antes. Nombres como de Monseñor Manuel Sánchez, quien en esos años fuera Administrador de Bienes del Arzobispado y más tarde Pastor de nuestra Arquidiócesis y responsable de consagrar el altar de nuestra actual catedral.

Una visita que ha dejado historia

Nuestra Arquidiócesis tiene una rica historia vivida, pero poca historia escrita, sin embargo, a través de lo que vamos descubriendo podemos comprender la fe de quienes nos precedieron y su amor a la Iglesia y a nuestras tradiciones cristianas.

Es así como en la retina de muchos aún está presente la visita en abril de 1987 del único Papa que ha visitado la Iglesia de Concepción, Juan Pablo II, que compartió con enfermos, trabajadores, sacerdotes y fieles que estuvieron por horas esperando su paso por calle Paicaví y luego en el Club Hípico de la comuna de Hualpén.

Lo que se viene

Un nuevo sínodo abrirá sus puertas justo el día en que nuestra Iglesia de Concepción cumplirá los 450 años. Se espera lograr trazar las líneas que permitan marcar el desarrollo y responder a las demandas de la evangelización que urge en nuestra sociedad.

Será una labor ardua que emanará de las comunidades que en un comienzo definirán los temas a tratar, para luego dar paso al equipo de trabajo formado por alrededor de 40 personas que junto a Monseñor Fernando Chomali darán consistencia al 7º sínodo en la historia de la Arquidiócesis de la Ssma. Concepción, la cual no se cansa de evangelizar y servir día a día en la sencillez de una liturgia, en la administración de los sacramentos, en la visita a los enfermos, internos, necesitados y en la misión que desea llegar a todo aquel que no ha descubierto que el sentido verdadero de la vida se encuentra en Jesucristo resucitado que nos ama gratuitamente.

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