Analizan propuesta final del Sínodo en Concepción

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Publicado el: 17 abril, 2016

“Hemos tenido una hermosa experiencia durante estos tres años y ahora veremos, como Iglesia, de qué manera seguimos anunciando y sirviendo y en definitiva, evangelizando”, señaló Monseñor Fernando Chomali, al concluir la última sesión ordinaria del VII Sínodo de la Iglesia de Concepción, en que se conoció un documento con la propuesta final del proceso, titulado “Para volver a Jesucristo y renovar la Iglesia: fijos los ojos en Jesús” (He. 12.2).

En la sesión, efectuada en casa Betania, Monseñor dijo que decidió convocar este Sínodo, porque “el mundo, la cultura han cambiado significativamente y ha cambiado también la forma de las personas de vincularse con lo sagrado y nosotros como Iglesia, como discípulos de Jesucristo, no podemos quedar ajenos a eso. Para ello, hemos convocado a un sínodo para escuchar, consultar y ver de qué manera podemos evangelizar mejor, de qué manera podemos llegar a más gente, de qué manera podemos hacer una Iglesia más servidora, más al servicio de las personas y mostrar el rostro de Dios”.

El Padre Mauricio Aguayo, vicario de la Pastoral, coordinador del Sínodo, manifestó que “hay un extenso recorrido y ésta es la última sesión ordinaria en que se ha podido lograr un documento que se está revisando. Este recorrido incorpora todos los aportes en las distintas instancias, tanto, en las consultas a las comunidades como en las grandes asambleas sinodales que hemos realizado. Hay un camino con una gran experiencia de fe, particularmente ahora se ve un promisorio futuro, del punto de vista de poder hacer desde ese recorrido, un impulso decisivo en los grandes anhelos que queremos vivir como Iglesia misionera, acogedora, al servicio de la vida, de las personas y, particularmente, de los más excluidos, porque queremos que todos podamos experimentar como pueblo el gozo de Dios” y añadió que concluida la revisión, se espera al Arzobispo un documento que señale el camino de la Iglesia, en los próximos años, en los anhelos de Jesús y respondiendo a los anhelos de la Iglesia diocesana.

El profesor Marcelo Filippi, rector del Colegio Sagrados Corazones, miembro sinodal, comentó su alegría del proceso vivido. “Estoy muy contento por este período, porque ha sido momento de mucho diálogo entre los miembros del sínodo; ha sido una oportunidad de conversar y de la manera de relacionarse con la Iglesia y eso siempre es positivo y enriquecernos con la experiencia de fe de cada uno y mi esperanza que poder hacer ahora una Iglesia mucho más cercana y que siga sirviendo a Dios, a través de las personas”.

Alejandro Montero, laico que trabaja en conjunto con el Padre Nelson Rivera SS. CC., en el proceso del Sínodo, sostuvo que “ha sido un bonito desafío que nos ha obligado a pensar y reflexionar siempre mirando al Señor para poder organizar lo que el pueblo de Dios quiere decirnos. Nosotros hemos sido muy cuidadosos en término de incorporar lo que la gente y las estructuras eclesiales han querido decir. Lo primero fue organizar una especie de diagnóstico, para reconocer nuestra realidad eclesial. No fue fácil, sino complejo; llegar a las comunidades significó un trabajo bastante arduo, definir los métodos, las técnicas y luego implementar todo esto. Tengo que destacar que la Iglesia participó con muchas ganas, yo aprecio la dedicación que se hizo y luego, organizar la enorme información reunida,  que se constituyó en las bases para que el Sínodo pudiera avanzar. Posteriormente, hubo un análisis profundo hasta conseguir cuatro ejes fundamentales en el desarrollo de la propuesta final”.

El Padre Nelson Rivera dijo que han sido momentos intensos de gran aprendizaje. “En lo personal, me ha servido mucho poder conocer la Iglesia de Concepción y destacar que una de las características de esta Iglesia, que me ha cautivado más, es la catolicidad. Se trata de una diócesis grande, donde se hacen muchas cosas, con espiritualidades, formas distintas de vivir y de transmitir el Evangelio, pero eso se hace en una unidad. Me parece extraordinario haber conocido a personas que trabajan en las cárceles, en los sectores rurales, en poblaciones y en las redes pastorales del centro, la diversidad, es extraordinario. Creo que ha sido un aprendizaje de envergadura. Tengo la impresión que la Iglesia está viva y necesita renovarse y volver a mirarse y encontrarse con el Señor, para decir, por aquí tenemos que caminar desde nuestra fe. Estamos anunciando a Jesucristo, pero en 2016 y tratando de ser fiel a su palabra y este Sínodo ha sido un regalo”.

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