Campanas de la catedral sonaron con fuerza y alegría ¡Cristo Resucitó!

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Publicado el: 16 abril, 2017

Con una hermosa liturgia, que incluyó la bendición del fuego y el agua, y el canto de Gloria entonado magníficamente por el Coro Arquidiocesano, se celebró la vigilia pascual y la alegría de Cristo Resucitado, en la catedral de Concepción.

Un intenso tocar de campanas resonó en el silencio de la noche, en la ciudad, anunciando la resurrección. En su homilía, monseñor Fernando Chomali, agradeció profundamente al deán de la catedral, a los canónicos y a su personal; asimismo agradeció al Seminario Metropolitano, a los seminaristas, al coro, y a tantos laicos que se esfuerzan para celebrar la Semana Santa con la dignidad con que se ha celebrado, en Concepción.

Monseñor dijo que “detrás de estas celebraciones hay mucho trabajo y además hay una tradición bi milenaria, que tenemos que  cuidar. La liturgia es el corazón de la vida de la iglesia, donde  celebramos que Jesucristo murió y resucitó. Empezamos la liturgia con el fuego, el fuego  que es la luz de Jesús, la luz del mundo. Es una  luz que no nos encandila, una luz que nos ilumina. Las luces que encandilan nos dejan ciegos. Ésta nos ilumina y nos indica el camino, la verdad y la vida, que es el mismo Jesucristo”.

Agregó que “este  fuego también nos hacer arder nuestro corazón, la experiencia que vivieron los discípulos de Emaús y la experiencia que vivieron las santas mujeres, que abren nuestro corazón, porque hemos encontrado al Mesías. Por eso caminamos en gloria, esta gloria que evoca de una manera tan extraordinaria, las palabras de la noche de la Navidad y ahora, en este sentido pascual, de la encarnación, el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. La gloria que nos dice que nada nos va a separar del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús”.

Manifestó que también está el agua, que es signo de vida. “Cuando no hay agua en la casa, es un gran sufrimiento. El Señor nos da un agua que es extraordinaria, que sale de su costado, que nos purifica, que nos hace pasar de la muerte a la vida, y después con la celebración del banquete pascual, al celebrar en la liturgia eucarística, donde nos hacemos uno con Él y nos convertirnos en el cuerpo de Jesucristo”.

En su mensaje pidió “que estas celebraciones lleguen en lo más profundo de nuestro corazón, pero no como dice el Papa Francisco, que no sean como un acto folklórico, sino como un signo patente de la presencia de Dios, en medio de nosotros. El mismo signo podemos vivir nosotros, al igual que las mujeres que estaban atemorizadas, pero llenas de alegría, que nadie nos robe la alegría de creer en Jesucristo, Nuestro Señor, a pesar de nuestras debilidades, a pesar de las flaquezas y  nuestro propio pecado. Que nadie nos quite la alegría de creer en Jesucristo”.

Finalmente, afirmó que “es tiempo para ver nuestros propios sepulcros, que también los tenemos, el sepulcro de la rabia, de la avaricia, del pelambre, de la maledicencia, del egoísmo, de la indiferencia. El Señor nos pide que salgamos de esa oscuridad y entremos en el camino de la luz. Donde haya egoísmo que haya generosidad, donde haya violencia buscamos paz, donde haya mentira pongamos verdad, donde haya desesperanza pongamos esperanza, donde haya tristeza pongamos alegría. Cristo resucitó y se convierte en la luz de todas esas sombras. Que esta liturgia no sea una más, sino que sea un verdadero cambio en nuestra vida, para que podamos vivir según el querer de Dios y no en los sepulcros de nuestros propios deseos”.

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