Familias celebraron en sus hogares Misa de Domingo de Ramos on line

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Publicado el: 6 abril, 2020

Las parroquias y comunidades de la Arquidiócesis de Concepción conmemoraron la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, con gran solemnidad, en la Misa de Domingo de Ramos, sin fieles presentes en los templos, sino en  sus hogares, a través de los medios virtuales, dando inicio a Semana Santa, en un contexto generado por la gran contingencia sanitaria en el mundo.

Monseñor Fernando Chomali presidió una misa, a las 12 horas, en la parroquia del Sagrario, que fue concelebrada por el párroco, padre Roberto Valderrama, con la presencia de sólo y tres personas, un acólito y un laico a cargo de los cantos y un técnico a cargo de los equipos de transmisión.

Un instante muy solemne fue la bendición de ramos, en que el Arzobispo pidió, a través de las cámaras, a todas las personas y familias a que levantaran sus ramos y palmas, para simbolizar el acto de bendición, que años anteriores se hacía en medio de multitudes.

La Misa fue transmitida, vía streaming, a través de plataformas como Facebook, Instagram, portales web de la Iglesia local y parroquia del Sagrario, además de Radio Chilena del Arzobispado de Concepción y los canales de televisión Canal 9 Bío Bío y Mundo TV, constituyendo una celebración histórica.

Monseñor Chomali, a través de su homilía, entregó un profundo mensaje a la comunidad católica, que presenció desde sus hogares con un creciente número de seguidores.

El arzobispo comenzó su reflexión  señalando que “no es fácil celebrar una misa  de Domingo de Ramos, en un templo vacío. Normalmente, partíamos desde la plaza con tantas personas  e intentábamos hacer lo que hicieron las personas cuando entraba  Jesús a Jerusalén, aclamándolo. Sin embargo, hoy, no podemos hacerlo, comprendemos  que un buen católico es un buen ciudadano y haríamos un triste favor a la sociedad, de reunirnos, porque eso implica contagiar, contagiarse, implica enfermedad e implica muerte”.

Es tan paradójica esta situación que, hoy, está lejos y es un acto de amor. Creo que tenemos que comprender, seriamente, porque las consecuencias de esta pandemia  tienen que ver con la salud de las personas, con la vida.

Pero precisó que “sin embargo hay una entrada triunfal, de Dios, en nuestras propias vidas, en las familias, en los hospitales, especialmente en aquellas personas que realizan un esfuerzo inmenso, incluso arriesgando su vida, sirviendo a los demás para curar, para paliar y para consolar. También el Señor entra a los lugares donde se vive la pandemia y, con justa razón, con temor. El Señor entra en las cárceles, imagínense la angustia que experimentan aquellos hombres que están privados de libertad, pero no están privados de su dignidad. También entra en los migrantes que han llegado a Chile buscando una vida mejor y tenemos la obligación de cuidarlos y quererlos; preocupación por los adultos mayores, muchos de ellos, abandonados, Hoy, no puede ser que los migrantes, las personas con discapacidad, sean como Lázaro, que queden bajo la mesa. Todos tenemos que vivir una profundidad solidaridad como la que vivió el Señor con nosotros, quien nos dio su propia vida para tenerla en abundancia”, recalcando que “a pesar que estamos físicamente distanciados, también en nuestros hogares tenemos nuestras  palmas y decimos, hosanna en el cielo, que viene el nombre del Señor, bendito el que viene a culminar su obra, para restaurar su reino,  un reino de justicia y de paz”.

Reflexionó respecto “a que muchos me preguntan  que si esto es un castigo de Dios. No.  La pandemia no es un castigo de Dios, porque Dios es lento a la cólera e inmensamente rico en la misericordia. Serán los expertos y los investigadores quienes establecerán qué hemos ido construyendo, en estos años,  que aparecen estos virus,  estas pestes, que hacen un daño profundo. Tal vez sea esta  una gran oportunidad, como lo dice el Papa en la encíclica Laudato Si, de tener un nuevo estilo de vida más sencillo,  sin tantos desechos, donde no se manipule la vida,  en el cual podamos reconocernos como hermanos y  reconocer que estamos todos interconectados”.

Ahondó su reflexión, explicando que “el coronavirus no nos ha robado la fe y la esperanza. Hoy día, el test para demostrar el amor a Dios  es a través de la forma de cómo amamos al prójimo. Hoy, el mandamiento principal de amar a Dios por sobre todas las cosas, al prójimo, como a uno mismo, como nunca se hace carne en los miles de personas que han perdido su trabajo, en las miles de personas que en algún día pasarán hambre e incluso, porque no ser solidario con aquellos países que van a vivir situaciones mucho peor que nosotros. Esta no es una disquisición filosófica o intelectual. Hoy día es la carne real de muchos hombres y mujeres que van a vivir este verdadero calvario que significa la enfermedad, que significa la pobreza y la muerte  y quienes tenemos la posibilidad  de tender una mano, lo tenemos que hacer, en nombre de Jesucristo  y, así como estamos con las palmas en alto, para declararlo rey, no nos olvidemos nunca que Jesucristo está en aquellos que más lo necesitan”.

Monseñor Chomali subrayó que “todo esfuerzo, toda creatividad  que tengamos para que los más pobres no sufran las consecuencias de esta pandemia, sin lugar a dudas que representa, con creces, la voluntad de Dios. Y, por esto, también, es un llamado a las comunidades para que perseveren  con sus comedores; para que perseveren con los hogares de ancianos, para que perseveren con la obra anónima de ir a dejarle una vianda a aquel que está solo y postrado en su propia casa. Para que perseveremos nosotros mismos, porque en la medida que más nos cuidemos, vamos a tener menos problemas de atochamiento en los hospitales y ni qué hablar cuando llegue el momento y, Dios no lo permita, que los respiradores artificiales sean insuficiente, como ha pasado en muchas partes del mundo”.

Afirmó que “tenemos la certeza que Dios está en medio de nosotros, en una manera muy misteriosa. Él nos dijo: “Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos” y es esa certeza la que nos tiene que mover a vivir con fuerza e incluso hasta el heroísmo, para poder superar este momento, que estamos viviendo. Es la opción de fe la que nos mueve, la que nos hace creer la importancia que tiene hoy, de acercarnos con más fuerza que nunca, a aquellas personas que están sufriendo, porque el mismo Cristo dijo a aquel que a quien le den un vaso de agua, ahí estaré yo. Hoy, es la hora privilegiada también del  Buen Samaritano y preguntarnos qué haría Cristo en mi lugar, en estas circunstancias que estamos viviendo”.

Dijo que “no hay espacio para la superficialidad, sino que hay espacio para la reflexión profunda y preguntarse qué es lo que estamos haciendo con nuestra propia vida  y reconocer cuánto tiempo  hemos perdido  al no decirle a alguna persona  cuánto la estimábamos, cuánto la queríamos. Puede ser el momento, así como Dios reconcilió al mundo, en  Él, en la cruz, puede ser también el momento de la reconciliación entre hermanos. ¡Qué triste debe ser  de hermanos que no se hablan, de familias desechas!. Es el momento de reconocer el valor que significa cada uno, porque frente a la expectativa de la posibilidad de enfermarse y de morir, creo que lo único que queda, al final, es el amor a Dios  y a las personas que han estado cerca, en cada uno de nosotros”.

Manifestó, además, que “hemos preparado con mucho cariño, en la arquidiócesis, en las parroquias, en las capillas, celebraciones de Semana Santa a través de estos medios, que nos permite la tecnología. Lo hemos hecho con cariño, pero sobre todo con mucha convicción, porque qué sería de nosotros si no creyéramos en Dios y no tuviéramos un horizonte de futuro, mucho más allá de lo que vamos a hacer mañana o el mes siguiente, un horizonte definitivo que es la vida. Los invito a tomar la palma que tienen en sus manos como signo patente que reconocemos a Jesucristo como el Señor y lo dejemos en nuestras casas. Que nadie nos robe la alegría de creer, de esperar  y de saber que Jesucristo resucitó y que nosotros, durante este tiempo, viviremos esta experiencia”.

Finalmente, invitó a los fieles a leer detenidamente la Pasión de Jesucristo. “Van  a ver que no hay nada nuevo bajo el sol. Encontrarán, en esta lectura, lo que es la mentira, la traición, la indiferencia, el engaño, y van a encontrar cómo los primeros arrancan y van encontrar cual es nuestra miseria humana y que la reconozcamos con mucha humildad. Es bueno reconocer cómo Dios se hace hombre  y participa de todas nuestras miserias, menos en el pecado; se anonada así mismo para que tengamos acceso a Él”, concluyó su mensaje.

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