Cincuenta años de vida consagrada al Señor

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Publicado el: 15 marzo, 2012

El 23 de febrero la hermana Julia del Carmen Constanzo cumplió 50 años de Vida Religiosa en la Congregación Hermanas Hospitalarias del Sacratísimo Corazón de Jesús.

La religiosa, oriunda de Quirihue, recuerda momentos importantes que la han marcado en este caminar de fe en su servicio al Señor. “Participé en la parroquia como miembro activo, integrando el grupo de juventud de acción católica, en nuestros encuentros dominicales leíamos la Palabra sintiendo más cerca la Revelación de Dios hecho hombre, así fui acrecentando mi fe en un encuentro más personal con Cristo. Al mismo tiempo participé del coro parroquial para animar la liturgia  dominical y entregar catequesis a los niños”.

Como si fuera hoy rememora cuando el señor la llamó a la vida religiosa “fue en mi adolescencia, ingresando a la Congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sacratísimo  Corazón de Jesús, en la Casa de Fundación  en la ciudad de San Carlos”.

Desde sus primeros años como religiosa pudo dedicarse a las tareas propias de la congregación y más adelante tuvo la oportunidad de adquirir estudios superiores, lo  cual le permitió ser más útil  y eficiente en diferentes tareas de la misión y del carisma del fundador de la congregación, con un sentido de comunión eclesial, procurando realizar todas las acciones encomendadas con un espíritu responsable, viviendo en la caridad, humildad, esfuerzo y simplicidad.

“Durante mis 50 años de Vida Religiosa, doy gracias Dios, a la Congregación  y a tantas personas que han permitido mi desarrollo humano y espiritual para poder responder a este llamado de amor que me ha hecho el Señor”, señala la hermana Julia.

Algunas obras donde pudo volcar su amor a Dios y ver de lleno su rostro fue en variados colegios y Liceos. En estos compartió la alegría, optimismo y carisma de la juventud, así como también en hospitales donde tuvo la posibilidad de ampliar su visión del ser humano y ver plenamente cuán  perfectos nos creó Dios. Asimismo en hogares de ancianos, en los cuales, fue conociendo gradualmente la situación del adulto mayor, sus carencias, debilidades y padecimientos, al mismo tiempo logró ver el inmenso amor de Cristo plasmado en cada sonrisa y en cada persona que entregan sus servicios, el apoyo técnico y profesional requerido.

También le correspondió estar en diferentes servicios del Gobierno de la Congregación, donde trató y se esforzó por ser obediente a la voluntad divina.  Esta experiencia vivida la ha ayudado a tener una mirada amplia, con un valor absoluto y trascendente, con una visión  más integrada,  globalizada y orgánica.

“Me siento muy contenta y agradecida de Dios por este hermoso camino que he podido recorrer de su mano, por haber puesto a personas que me han apoyado y fortalecido en la fe y en las obras emprendidas para el desarrollo de la Congregación”, concluye la religiosa.

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