Confianza mutua entre Dios y San José

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Publicado el: 19 marzo, 2014

Fijémonos en este hombre de fe con una misión excepcional, San José. El padre terreno de Jesús, juntamente con su esposa María, tuvieron una misión particular: acoger a Jesús y colaborar en el plan de salvación.

Ellos tuvieron un rol importante en la educación humana y religiosa de Jesús. Esa experiencia familiar en Nazaret fue clave para anunciar la bondad, la cercanía y la misericordia de Dios.

Dios contó con este hombre trabajador, humilde y sencillo. El Señor confió y valoró las capacidades humanas de este carpintero de Nazaret, valoró sus deseos sinceros de amar a María, de ser fiel a sus compromisos, por eso, por su fidelidad, Dios depositó en él su confianza. Y José no defraudó al Señor, cumplió porque siendo justo creyó más en Dios que en él mismo y creyendo, se permitió creer también en sus sueños.

Una de las definiciones de la fe es: confiar en Dios y San José confía en la veracidad de Dios pero sin caer en exageraciones; por ejemplo, recordemos cuando el diablo tentó a Jesús y le pidió que se arrojara del pináculo del templo. Jesús le recordó a Satanás que no hay que tentar al Señor exponiéndonos imprudentemente a un peligro confiando en que Dios nos salvará. Eso es abuso de confianza, es una exageración. San José no cayó en exageraciones pero se abandonó en las manos de Dios.

Importante es cultivar debidamente la confianza en Dios pero también importante es cultivar la confianza en sí mismos para hacer bien las cosas. Como san José también nosotros podemos buscar cultivar la confianza en nosotros mismo sin dejar de depositar nuestra confianza en Dios.

Se dice, que sin confianza no hay acuerdo posible, sin confianza no hay crecimiento. La desconfianza produce desgaste, la desconfianza desmotiva, crea distancia entre las personas, crea – al interior- muchas protecciones que son difíciles de derribar. Donde hay confianza se da una buena  comunicación y todos se enriquecen. La verdadera confianza existe cuando hay madurez en las relaciones humanas. Implica estabilidad, respeto, amor. Todos necesitamos que alguien confíe en nosotros. Quien confía en otra persona la hace crecer y contribuye a su felicidad. La confianza, desde un punto de vista cristiano, se fundamenta en el amor que hace florecer la esperanza y da vigor para obrar bien. San José experimentó la confianza que Dios depositaba en él y tuvo ánimo suficiente para cuidar y proteger al Niño Jesús y a su Madre. Supo de esfuerzo, del cansancio, de sacrificios pero su alma nunca se despreocupó de la realidad divina.

La confianza va unida a la fidelidad, es un requisito básico de la confianza. No hay confianza sin fidelidad. Podemos confiar en alguien que nos es fiel, del cual sabemos que podemos estar seguros que no nos defraudará. José fue siempre fiel y aunque muchas veces no entendió los planes de Dios, perseveró en buscar su voluntad no claudicando en su misión.

Y a veces en nuestra misión las cosas no se dan con facilidad, no por ello debemos dejar que nos aprisione la desconfianza, debemos dar paso a la confianza, creer en los demás donde el amor de Dios permanece. Si tenemos confianza en un amigo, en un trabajador o en un hermano cualquiera, vamos a suponer que van a actuar dentro de lo acordado, que van a honrar sus compromisos, y esto nos da tranquilidad y juntos impulsamos una vida mejor. Por el contrario, si en cualquier caso sintiéramos desconfianza, si tuviésemos temor de que no se actúe de acuerdo a lo preestablecido, o pensáramos en una incorrecta intención o la inadecuada capacidad para cumplir con los acuerdos establecidos, nuestro comportamiento es notablemente diferente y nos distanciamos. San José honró su compromiso con el Señor dando lo mejor a la sagrada familia que no estuvo exenta de dificultades.

Frente a la dificultad, siempre podemos elegir, interpretar lo que sucede como un peligro o como un desafío. Podemos mirar lo que nos sucede como una catástrofe, y transformarnos en víctima; o podemos elegir mirar aquello como una oportunidad de crecer y transformarnos en protagonistas superando la dificultad, pensemos en san José cuando con María en cinta tuvo que huir y no encontró un lugar para que María diera a luz… fue la oportunidad para transformar esa situación en una de las más desafiantes manifestaciones del amor de Dios que nace pobre entre los pobres… La confianza depositada en san José no fue mancillada. La confianza es un sentimiento y una actitud de vida, y también es una elección; san José fue elegido por el Señor pues ante toda dificultad mantuvo la confianza en la providencia de Dios.

Nosotros no podemos elegir nuestras circunstancias de vida, pero siempre podemos elegir la forma en que respondemos ante ellas. Sin duda, este principio le permitió a San José dejar el miedo de lado, creer en sus sueños y confiar en Dios. La confianza se construye desde el interior, desde donde se refleja luego en nuestras acciones exteriores. Frente a todo lo que nos sucede siempre podemos elegir cómo responder. También nosotros estamos llamados, como el padre terreno de Jesús, a ser personas dignas de confianza por la rectitud de nuestra vida y por el buen desempeño de nuestras obligaciones que aunque desafiantes a veces, requieren de nuestra debida atención.

No perdamos la confianza, nunca nos resignemos ante la realidad: no hay situaciones que Dios no pueda cambiar. Hoy desde la fe, aprendemos que Dios quiere contar con nosotros, como lo hizo con san José quien no defraudó al Señor. Dispongámonos a la novedad del evangelio acogiendo el mensaje de salvación y colaborando con nuestro trabajo en lo Dios nos haya confiado.

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