Día de Oración por los Pueblo Indígenas

Más Iglesia Arquidiocesana

Publicado el: 23 agosto, 2012

El domingo 26 de agosto se celebrará el Día de oración por los pueblos indígenas, fecha en la que nuestros Pastores nos invitan, como Iglesia de Chile, a orar junto a nuestros hermanos indígenas.

Es una invitación a orar “por” y “con” ellos, abriendo nuestra mirada y nuestros corazones al clamor de los pueblos indígenas. Rezar “por” y “con” ellos nos sitúa como Iglesia a su lado y nos permite escuchar su propio clamor a Dios.

Orando junto a ellos como hijos e hijas de un mismo Padre, escuchamos su propia plegaria evitando prejuicios discriminatorios y superando, como nos invitan nuestros obispos, la criminalización de sus ruegos y sus anhelos más profundos.

Alzamos nuestros ojos al cielo, fijamos el corazón en nuestros hermanos y doblamos las rodillas sobre esta tierra sagrada para pedir al Señor de la Vida que superando los prejuicios, todos nos comprometamos en la construcción de una sociedad mejor, sin discriminación ni violencia, en donde la paz reine como fruto de la justicia, según el anuncio del profeta: “la justicia producirá paz, tranquilidad y confianza para siempre” (Isaías 32, 17).  Como discípulos y misioneros, todos somos enviados en esta misión.

¿Qué podemos hacer?

Muchas veces nos preguntamos con sinceridad qué podemos hacer cada uno de nosotros además de rezar con fe sincera por el bien de nuestros hermanos y hermanas indígenas, mapuches, aymaras y rapa nui. Todos nosotros, los que habitamos el territorio del centro sur de Chile, territorio ancestral del pueblo mapuche, podemos contribuir. Todos, sin excepción.  Como Iglesia, como cuerpo y como individuos, tenemos el deber y la urgencia de denunciar, anunciar y renunciar.

Denunciar toda injusticia y discriminación

Vemos con preocupación los hechos de violencia que están afectando la vida y la dignidad de indígenas y no indígenas. Hay territorios de nuestro país donde la violencia se ha instalado como único camino para exigir derechos o para resguardarlos. El Estado Chileno muchas veces ha sido cómplice de esta situación. Es una invitación a denunciar la injusticia: “Felices los que trabajan por la paz… Felices los perseguidos por luchar por la justicia”, son las palabras de aliento de nuestro Señor.

Como Iglesia no podemos callar cuando hermanos nuestros son injustamente apresados. Cuando sus hogares y los niños y niñas que ahí habitan son violentados. Cuando sus tierras han sido históricamente usurpadas. Cuando sus territorios y comunidades continúan enfrentando fuertes conflictos por la defensa de sus recursos naturales. Cuando su idioma se va apagando o cuando sus lugares sagrados son violentados.  No podemos callar. La complejidad del problema no nos puede paralizar. No se trata sólo de aquellos que están involucrados en la solución de grandes conflictos que acaparan la atención de los medios de comunicación, sino también de las situaciones que cada día denigran o discriminan la vida de nuestros hermanos en el campo o en la ciudad.

Anunciar que existe una forma distinta de relacionarnos

La buena nueva de Jesús y el küme mongen (la vida buena) mapuche. Una forma de relacionarnos reconociéndonos hermanos y hermanas por encima de toda diferencia de raza, cultura, situación económica o religión. “Busquen el Reino y su Justicia y lo demás se les dará por añadidura”.  No hemos de temer en proponer, con nuestra palabra y con nuestra acción, un modelo diferente. En nuestras actitudes de cada día, en lo que hacemos o dejamos de hacer, en la fidelidad a lo que creemos.  Allí se juega la construcción de una sociedad nueva.  Todos podemos aportar.

Renunciar a nuestras propias actitudes que inciden en una mala convivencia

“¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano sin quitar primero la viga que llevas en el tuyo”?, nos pregunta Jesús a todos.  No debemos esperar a que los otros cambien.  Por lo que nosotros hicimos a nuestros hermanos seremos juzgados, no por lo que hicieron los demás. Por eso es urgente que revisemos con honestidad nuestras actitudes y pidamos ayuda al Señor para desterrar de nuestra vida toda indiferencia, todo prejuicio, toda intolerancia, toda discriminación.  Que superemos la pereza de no saber bien qué anhelan y qué esperan nuestros hermanos mapuches.  Que la policía, las municipalidades y todos los organismos estatales actúen con equidad, con agilidad y superen todo rasgo de intolerancia y discriminación. Que nosotros, como Iglesia abramos espacios internos para acoger el precioso don de la diversidad cultural en la manifestación de la fe y descubramos el rostro siempre nuevo del Señor en cada pueblo y cultura.

Más Iglesia Arquidiocesana