Dios pide que respondamos al clamor de los más débiles

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Publicado el: 21 noviembre, 2011

En la solemnidad de Cristo Rey, el Santo Padre Benedicto XVI ha concelebrado la Eucaristía con más de 200 obispos africanos y un millar de sacerdotes del Benín. Finalizada la Santa Misa, el Papa entregó la Exhortación Apostólica Post-Sinodal “Africae Munus” a los presidentes de las Conferencias Episcopales de África nacionales y regionales.

Además del presidente de la República, Thomas Yayi Boni, y de numerosas autoridades, en el Estadio de la Amistad de Cotonou estuvieron presentes unos 30.000 peregrinos procedentes no sólo del Benín, sino también de Nigeria, Togo, Ghana y Burkina Faso. La celebración se desarrolló en latín, francés, mina, yoruba, dendi, portugués e inglés.

Ofrecemos a continuación algunos extractos de la Homilía de Benedicto XVI:

“Es una gran alegría para mí visitar por segunda vez este querido continente (…) y vuestra casa, Benín, para dirigiros un mensaje de esperanza y de paz. (…) Nuestra celebración eucarística en la solemnidad de Cristo Rey del universo es una oportunidad para dar gracias a Dios por el CL aniversario del comienzo de la evangelización de Benin, y por la Segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos”.

“El Evangelio que acabamos de escuchar nos dice que Jesús, el Hijo del hombre, el juez último de nuestra vida, ha querido tomar el rostro de los hambrientos y sedientos, de los extranjeros, los desnudos, enfermos o prisioneros, en definitiva, de todos los que sufren o están marginados; lo que les hagamos a ellos será considerado como si lo hiciéramos a Jesús mismo. No veamos en esto una mera fórmula literaria, una simple imagen. Toda la vida de Jesús es una muestra de ello. (…) Él, que no tenía donde reclinar su cabeza, fue condenado a morir en una cruz. Este es el Rey que celebramos”.

“Sin duda, esto puede parecernos desconcertante. Aún hoy, como hace 2000 años, acostumbrados a ver los signos de la realeza en el éxito, la potencia, el dinero o el poder, tenemos dificultades para aceptar un rey así, un rey que se hace servidor de los más pequeños, de los más humildes, un rey cuyo trono es la cruz. Sin embargo, dicen las Sagradas Escrituras, así es como se manifiesta la gloria de Cristo; en la humildad de su existencia terrena es donde se encuentra su poder para juzgar al mundo. Para Él, reinar es servir. Y lo que nos pide es seguir por este camino para servir, para estar atentos al clamor del pobre, el débil, el marginado”.

“El bautizado sabe que su decisión de seguir a Cristo puede llevarle a grandes sacrificios, incluso el de la propia vida. Pero, como nos recuerda san Pablo, Cristo ha vencido a la muerte y nos lleva consigo en su resurrección. Nos introduce en un mundo nuevo, un mundo de libertad y felicidad. También hoy son tantas las ataduras con el mundo viejo, tantos los miedos que nos tienen prisioneros y nos impiden vivir libres y dichosos. Dejemos que Cristo nos libere de este mundo viejo”. (…)

“Este pasaje del Evangelio es verdaderamente una palabra de esperanza, porque el Rey del universo se ha hecho muy cercano a nosotros, servidor de los más pequeños y más humildes. Y quisiera dirigirme con afecto a todos los que sufren, a los enfermos, a los aquejados del sida u otras enfermedades, a todos los olvidados de la sociedad. ¡Tened ánimo! El Papa está cerca de vosotros con el pensamiento y la oración. ¡Tened ánimo! Jesús ha querido identificarse con el pequeño, con el enfermo; ha querido compartir vuestro sufrimiento y reconoceros a vosotros como hermanos y hermanas, para liberaros de todo mal, de toda aflicción. Cada enfermo, cada persona necesitada merece nuestro respeto y amor, porque a través de él Dios nos indica el camino hacia el cielo”.

El cristiano, constructor de paz

“Esta mañana os invito también a que compartáis vuestra alegría conmigo. En efecto, hace 150 años que (…) el Evangelio fue anunciado por primera vez en Benín. (…) Todos los que han recibido ese don maravilloso de la fe, el don del encuentro con el Señor resucitado, sienten también la necesidad de anunciarlo a los demás. (…) Y este deber es siempre urgente. Hay todavía muchos que aún no han escuchado el mensaje de salvación de Cristo. Hay también muchos que se resisten a abrir sus corazones a la Palabra de Dios. Y son numerosos aquellos cuya fe es débil”.

“La Iglesia en Benin ha recibido mucho de los misioneros: ella debe llevar a su vez este mensaje de esperanza a quienes no conocen o han olvidado al Señor Jesús. (…) El cristiano es un constructor incansable de comunión, de paz y solidaridad, esos dones que Jesús mismo nos ha dado. Al ser fieles a ellos, estamos colaborando en la realización del plan de salvación de Dios para la humanidad”.

“Os invito por tanto a fortalecer vuestra fe en Jesucristo mediante una auténtica conversión a su persona. Sólo Él nos da la verdadera vida, y nos libera de nuestros temores y resistencias, de todas nuestras angustias. (…) Que Jesucristo os dé a todos la fuerza para vivir como cristianos y transmitir con generosidad a las nuevas generaciones lo que habéis recibido de vuestros padres en la fe”.

A continuación, el Papa saludó en inglés a los peregrinos venidos de Ghana, Nigeria y los países limítrofes, y les dijo: “Cristo reina desde la cruz, con los brazos abiertos que abarcan a todos los pueblos de la tierra (…). Por la cruz derriba los muros de la división y nos reconcilia unos con otros y con el Padre. Hoy oramos por los pueblos de África, para que todos puedan vivir en la justicia, la paz y la alegría del Reino de Dios”.

Por último, el Pontífice se dirigió a los fieles de lengua portuguesa, a quienes invitó a “renovar vuestra decisión de pertenecer a Cristo y servir a su reino de reconciliación, de justicia y de paz”.

Iglesia en África: sé luz del mundo a través de las pruebas

Finalizada la Santa Misa, el Papa entregó la Exhortación Apostólica Post-Sinodal “Africae Munus” a los presidentes de las Conferencias Episcopales de África, tanto nacionales como regionales, y a los presidentes de los sínodos de las Iglesias orientales católicas.

El Santo Padre explicó que “tras la entrega del documento, comienzan las fases locales de asimilación y de aplicación de los contenidos teológicos, eclesiológicos, espirituales y pastorales de esta Exhortación. Es un texto que pretende promover, fomentar y consolidar las diversas iniciativas locales ya existentes. Y desea también inspirar otras nuevas para la Iglesia católica en África”.

“Una de las primeras tareas de la Iglesia sigue siendo el anuncio de Jesucristo y su Evangelio ‘ad gentes’, es decir, la evangelización de quienes están alejados de la Iglesia de una u otra manera. Deseo que esta Exhortación os guíe en la proclamación de la Buena Nueva de Jesús en África. Esto no es sólo un mensaje o una palabra. Es sobre todo una apertura a una persona: Jesucristo, el Verbo encarnado. Sólo Él tiene palabras de vida eterna. Siguiendo el ejemplo de Cristo, todo cristiano está llamado a reflejar la misericordia del Padre y la luz del Espíritu Santo. La evangelización supone e implica también la reconciliación, prometiendo la paz y la justicia”.

Benedicto XVI concluyó su alocución hablando en portugués. “Querida Iglesia en África, sé cada vez más sal de la tierra en este territorio que Jesucristo ha bendecido con su presencia cuando ha encontrado refugio en él. Sé la sal de la tierra de África, bendecida por la sangre de tantos mártires, hombres, mujeres y niños, testigos de la fe cristiana hasta el don supremo de la vida. Hazte luz del mundo, luz de África, que muchas veces, a través de pruebas, busca el camino de la paz y la justicia para todos sus habitantes. Tu luz es Jesucristo, ‘luz del mundo’. Que Dios te bendiga, querida África”.

A continuación el Papa rezó el Ángelus, confiando a la Virgen María, Nuestra Señora de África, la nueva etapa que se abre para la Iglesia en este continente, y rogándole que acompañe el porvenir de la evangelización de toda África.

“Queridos hermanos y hermanas de África, tierra hospitalaria para la Sagrada Familia, seguid cultivando los valores familiares cristianos. En un momento en que muchas familias están separadas, exiliadas y afligidas por conflictos interminables, sed los artesanos de la reconciliación y la esperanza. Que con María, la Virgen del Magnificat, permanezcáis siempre alegres. Y que esta alegría llegue al corazón de vuestras familias y vuestro país”.


Homilía Santo Padre

Fuente: Servicio Informativo Vaticano

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