Educación planteó los nuevos desafíos en colegios de Iglesia

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Publicado el: 17 mayo, 2019

Con un auditorio que repletó el Aula Magna del Arzobispado de Concepción, se inauguró un ciclo de jornadas de reflexión y formación, en el contexto del programa de Planificación Estratégica 2019-2023 de las Fundaciones Educacionales de la Iglesia.

Según lo dio a conocer el presidente del directorio de las Fundaciones Cristo Rey y La Asunción, Fernando Monsalve, en esta jornada inicial se contó con la presencia de los equipos directivos de 10 colegios de Iglesia y todos los funcionarios del Liceo La Asunción de Talcahuano.

El directivo precisó que la actividad se enmarcó un proceso que continuará con otras jornadas de trabajo, “que permitirán construir una planificación estratégica, entre todos, como una verdadera comunidad, que posee un proyecto educativo común y que está animada por la esperanza cierta en Cristo, con una motivación profunda – de lo contrario no se producen cambios verdaderos- y con el talento y la entrega de cada uno de sus miembros”.

En la jornada expusieron contenidos, monseñor Fernando Chomali, arzobispo de Concepción, quien tocó aspectos de su última carta pastoral sobre “Educar en el siglo XXI” y el Dr. Marco Antonio Ramis, quien se refirió extensamente a los Desafíos de la Educación en valores”

Monsalve dijo, en sus palabras iniciales, que “ninguno de los presentes es ajeno a los desafíos que enfrenta la escuela, hoy, en un contexto de complejidad social, cultural, y religiosa, lo que nos obliga a preocuparnos, especialmente, de nuestra acción educativa para apoyar el crecimiento de la juventud que se nos ha encomendado formar”.

Por una parte, subrayó que “nos enfrentamos a fenómenos difusos, como el desinterés por las verdades fundamentales de la vida humana, el individualismo, el relativismo moral y el utilitarismo”. Recordó que “un documento de la Congregación para la Educación Católica, del año 2014, señala que enfrentamos una “emergencia educativa”, de modo que se requiere enfrentarlos  con relaciones educativas que transmitan a las jóvenes generaciones, valores y principios vitales y, además,  cambios culturales y tecnológicos, con una velocidad inusitada, en un mundo globalizado, que ya ingresó a la cuarta revolución industrial, donde prima la robótica, la inteligencia artificial, el interés de las cosas, etc. y que desata temores, sobre el mundo del trabajo, que se avecina para nuestra juventud, incluso para no tan jóvenes, por lo que se ha denominado el desempleo tecnológico, fruto de este darwinismo tecnológico, que lo genera esta cuarta revolución industrial, y plantea el desafío que las personas que no se adapten no logren sobrevivir”.

“A lo anterior – enfatizó – hay que agregar problemas de la inestabilidad de la familia, la pobreza económica de las sociedades, de las desigualdades, que desorientan a nivel existencial y afectivo, a quienes están en proceso de crecimiento y maduración. Todo esto incide en los itinerarios formativos de la escuela, particularmente la católica y debemos hacernos cargo de ello. Primero, entendiendo y asumiendo los cambios, para inmediatamente planificar estratégicamente nuestras acciones, de manera que tiendan a educar adecuadamente a los jóvenes, que se preparan para los años 2050, en base a una antropología de la verdad, antropología social,  una antropología que se preocupa  por el desarrollo sostenible,  y que haga referencia a Dios”.

 

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