El Papa abre la puerta de la santidad a los que ofrecen su vida por los más necesitados

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Publicado el: 11 julio, 2017

Sin lugar a dudas, este tiempo parece estar destinado a ser el de las “sorpresas”. Ya que la Santa Sede acaba de publicar el Motu Proprio ‘Maiorem hac dilectionem’, en el que se declara “el ofrecimiento de la vida” como “un nuevo ejemplo de caso de beatificación y canonización, distinto del martirio y las virtudes heroicas”.

¿Qué significa esto? Que el Papa Francisco, en un nuevo paso en pos de esa “Iglesia pobre y para los pobres”, ha abierto el camino a la beatificación y canonización de aquellos cristianos que, “impulsados por la caridad”, ofrecen su vida por el prójimo, “aceptando libre y voluntariamente una muerte cierta y prematura”.

Algo distinto a los mártires, que murieron “por odio a la fe”. Los misioneros, los cooperantes católicos, los “buenos samaritanos”, los que colocan la caridad en el centro de su misión. Por eso, no es extraño que la carta arranque con el texto del Evangelio de Juan: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. Una “Iglesia samaritana”, junto a la clásica “Iglesia de los mártires”.

En el Artículo 1 de la Carta Apostólica (escrita tras el parecer favorable de la Congregación para las Causas de los Santos), el Papa establece que el “ofrecimiento de la vida es es un nuevo camino, una nueva circunstancia en el proceso de beatificación y de canonización, distinta de las del martirio y la heroicidad de las virtudes”.

Este cuarto camino se suma a los tres previstos a lo largo de los siglos por la Iglesia católica, que prevén que se puede proceder a la beatificación de un Siervo de Dios afianzados en el camino del martirio; el camino de las virtudes heroicas y el equivalente que confirma el culto antiguo.

“Son dignos de especial consideración y honor aquellos cristianos que, siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás y han perseverado hasta la muerte en este propósito”, afirma el documento, firmado hoy mismo.

“Es cierto que el heroico ofrecimiento de la vida, sugerido y sostenido por la caridad, expresa una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo y, por lo tanto, es merecedor de aquella admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a aquellos que voluntariamente han aceptado el martirio de sangre o han ejercido en grado heroico las virtudes cristianas”, reitera el Papa.

A partir de ahora, para que el “ofrecimiento de la vida” sea válido en la beatificación de un Siervo de Dios, debe responder a “el ofrecimiento libre y voluntario de la vida y heroica aceptación por caridad de una muerte segura y rápida”; “ejerciendo, al menos en grado ordinario, las virtudes cristianas antes de ofrecer la vida y, después, hasta la muerte”; la “existencia de fama de santidad y de signos, al menos después de la muerte” y “la necesidad del milagro para la beatificación, que tenga lugar después de la muerte del Siervo de Dios y por su intercesión”.

 

 

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