El pesebre es un excelente medio en la transmisión de la fe a los hijos

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Publicado el: 14 diciembre, 2015

La costumbre de representar el nacimiento de Jesús con figuritas, se originó en la Edad Media, cuando en el siglo XIII, San Francisco de Asís lo hizo por primera vez. Orando y meditando en el Evangelio según San Lucas, tuvo la inspiración de recordar ese gran momento del nacimiento del niño Jesús.

San Francisco de Asís construyó entonces una chozita con paja, imitando el portal donde la Virgen había pasado la noche de su alumbramiento. Llevó un pesebre al interior, trajo un burro y un buey, e invitó a todos los lugareños a representar la hermosa y emotiva escena. El padre Rogelio Wouters, nos habla de la riqueza pedagógica que significa hacer el pesebre en este tiempo.

¿Por qué es importante hacer el pesebre? 

El pesebre recuerda artísticamente  el nacimiento de Jesús.  Al observar  un pesebre me trae a la memoria  este sublime acontecimiento y  me hace reflexionar: ¿por qué Dios vino de esta manera al mundo?   A San Francisco de Asís, al meditar sobre el nacimiento del hijo de María, la humildad de Dios que se deshace de todo su poder y majestad para nacer pobre entre los humanos, lo impresionó hasta las lágrimas y le hacía  suspirar: “El Amor no es amado”.   Los signos son importante en la vida, también los signos cristianos lo son para el  creyente.  Sobre todo en un tiempo cuando muchos parecen haber perdido la cabeza es importante mostrar este signo que orienta hacia el Único que puede ser la roca sobre la cual construir la vida.

¿Este signo tiene relación con el traspaso de la fe de los padres a sus hijos?

Un lugar privilegiado para colocar un pesebre es en el hogar.  Creo que es algo muy didáctico que los adultos dejen a los niños construir el pesebre y colocar las imágenes, ciertamente con el comentario explicativo.  Es un excelente medio en la transmisión de la fe a los hijos.  Además ofrece la oportunidad de hablar de la bondad de Dios, que nos ama.  Porque el ambiente navideño es de alegría, de bondad, o sea es un ambiente indicado para hablar de amor de Dios.  Pero la fe exige obras.  Navidad nos brinda un exquisito momento para transmitir la fe práctica a los niños.  Como Dios nos ama, así debemos amarnos  el uno al otro.  Enseñarles esto y por eso compartir dulces, juguetes nuevos con los niños pobres o que perdieron todos sus juguetes en el terremoto.  Pienso que en los hogares donde los niños nunca han escuchado la palabra “solidaridad”  o ”compartir”, será poco probable que una invitación para compartir tenga éxito, porque la omnipotencia de la propaganda comercial enterrará todo sentimiento noble y seguirá creando perfectos egoístas.

El consumismo y la pérdida de fe han provocado que este signo se vaya perdiendo, sobre todo en los hogares ¿Qué se puede hacer para que en las familias vuelva a existir este interés por hacer el pesebre?

El pesebre respira paz, amor.  Para que vuelva a existir el interés por hacer el pesebre, la familia tendrá que convertirse en familia cristiana de paz y de amor dentro del hogar y con los demás vecinos, compañeros de colegio, de trabajo, etc.  Una imagen quedó en la retina después del terremoto, cómo dos familias vecinas  que ni se saludaban por ir cada uno en su camino y “no meterse con nadie”, a la luz de velas, bajo una carpa improvisada, comían juntos lo que juntos habían cocinado.  Esto es Navidad.  Este clima es necesario para volver a colocar los pesebres. Además: el pesebre no puede ser el único sobreviviente de los signos cristianos ocasionales.  Ideal sería tener un altar familiar, crucifijo, la Biblia, una oración en familia, la Eucaristía.  Pienso que algo puede conseguirse a través de las escuelas donde enseñan religión, a través de la catequesis familiar, los Movimientos.  Todas estas instancias podrían ser lugares donde motivar a interesarse por instalar el pesebre en el hogar.

Además del pesebre ¿Se hace algo más el día en que nace el niño Jesús?

Además de recordar el nacimiento de Jesús, yendo a la misa del gallo, este día se presta mucho para realizar una cena familiar, no sólo para saborear la rica comida, sino también para conversar muchísimo, donde cada uno cuente lo que ha vivido, los hijos, los papás, todos se escuchan en el ambiente alegre, de unión, donde el abrazo es transmisor de paz, reconciliación, gratitud y afecto verdadero.

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