En Misa de la Última Cena de Jueves Santo se revivió el lavado de pies en la catedral de Concepción

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Publicado el: 29 marzo, 2018

Con una invitación a “no perder el foco de Semana Santa”, monseñor Fernando Chomali presidió la Misa de la Última Cena, en la catedral, con presencia de numerosos fieles, quienes también participaron en una procesión interna, al término de la eucaristía.

En esta celebración, también se recordó el lavado de pies. Monseñor lavó los pies a doce personas, entre ellas dos mujeres, a algunos jóvenes y también a adultos.

En su homilía, Monseñor habló de la fe. “La eucaristía es el cuerpo y la sangre de Cristo. Este mi cuerpo y esta es mi sangre y cada vez que comulgamos nos hacemos uno con Cristo. La vida  de la Iglesia gira en torno a la eucaristía, para  seguir  siendo testigos del evangelio y de la resurrección de Jesucristo y de su amor”, expresó.

Enfatizó que no estamos solos. “Estamos acompañados, porque Dios es una dulce compañía, que se presenta de manera sencilla, en un poco de pan y vino, pero real.  Jesucristo está con nosotros, nos acompaña y  se abre para que lo recibamos y seamos uno con Él. Por eso es muy importante estar preparado para recibir al Señor, porque no es que Él se incorpore a nosotros, sino que  nosotros nos incorporamos a Él y tenemos que dar testimonio de su pureza, de su santidad,  en definitiva de su divinidad”.

Expuso que “nuestro propio reinado es el servicio. Seremos  juzgados por el amor, podemos saber y hacer muchas cosas, lo cual está bien, pero el Señor nos invita a amar como Él nos amó, entregando la vida”.

Concluyó que “el Señor nos invita a lavarnos los pies, mutuamente, recibiendo el ejemplo que Él nos dio, aquello que Él hizo por cada uno de nosotros. Que esta semana no sea una semana más, a pesar de tantas turbulencias en las cuales estamos inmersos, no perdamos nunca el foco de esta semana. Jesucristo nos amó a cada uno y se entregó por nosotros. Nadie tiene más amor que el que da la vida. Jesucristo dio la vida por nosotros y nos abre la esperanza de la resurrección y de la vida verdadera”.

Al término de la celebración eucarística, se trasladó el Santísimo, en procesión por el interior de la catedral, con todos los fieles asistentes,  a un sagrario de un altar lateral, para exposición de los feligreses.

 

 

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