Erundina López Cartes: “Agradecida de Dios por hacer de mí un instrumento de evangelización”

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Publicado el: 18 octubre, 2012

Una de las grandes bendiciones que Dios le ha dado a la parroquia San Juan María Vianney de Los Álamos es poder contar con la vida y obra de su primera secretaria que aun está en medio de la comunidad parroquial ad portas de sus 100 años. La señora Erundina es conocida en su comunidad como “la tía Eru”. Nos cuenta que va a completar los 100 años, pero en su carnet de identidad aparece la fecha de nacimiento 21 de junio de 1915, es decir, ha cumplido los 97 años, sabiendo que tal vez sean más.

¿Qué es lo que más recuerda de su labor pastoral?

El mes de María en la capilla (dependiente de Lebu en ese entonces), llegaba mucha gente, y a mí me pedían cantar las letanías a María y me decían que cantaba muy lindo (canta una parte de las letanías en latín). Las misas las venía a hacer el padre de Lebu, Pbro. Ramón Puntí.

¿Cómo nace esto de trabajar en la parroquia?

Me crié en la Iglesia, pues mi familia era muy comprometida. Después de recibir mis sacramentos, hice catequesis a mis hermanos menores y después a mis sobrinos. Cuando iba a Lebu, mis primas me llevaban a la parroquia Santa Rosa de Lima y como el padre Puntí me conocía, me hacían cantar en las misas mientras mi prima tocaba el armonio. También recuerdo que acá no teníamos misa todos los domingos por la distancia que existe hasta Lebu.

¿Qué recuerdos tiene cuando era niña?

Recuerdo cuando venían los misioneros invitados por los Eyheramendy, y se reunían en las actividades frente a la estación, frente a la plaza de Los Álamos. Los gringos traían a los curitas y yo los miraba cuando pasaban por fuera de mi casa, nos tocaban las cabecitas de los niños al pasar y eso provocaba en mí una gran alegría.

Como anécdota podemos decir que ella ha hecho catequesis a más de la mitad de los católicos de la comuna. Enseñaba el catecismo en Los Álamos y a petición de la familia Eyheramendy lo hacía también en el sector de Sara de Lebu.

¿Qué tareas realizó en la parroquia?

Como vivía a una cuadra de la parroquia, me encargaron la llave del templo, por lo que hice el papel de sacristana preparando todo para la Misa, el rosario, la limpieza del templo y de todo lo que es necesario para el funcionamiento de la parroquia.

Incansablemente en su amor al servicio parroquial, la señora Erundina también se trasladaba a sectores más lejanos como Pilpilco y a los más cercanos como Tres Pinos, Cerro Alto y Antihuala  para enseñar la doctrina del cristianismo. “Yo organizaba las bancas del templo, dejando a mis niños de catecismo en las primeras bancas para que estuvieran más cerca del sacramento”, recuerda con nostalgia.

 

¿Cuándo comenzó a trabajar como secretaria?

En 1954, cuando asumieron los padres Ángel Bastidas, Jorge Herrera y Mario Veloso. Pasaba todo el día en la parroquia haciendo mi labor de secretaria, sacristana, catequista y miembro de la acción católica. Además preparaba y estaba pendiente de que no le faltara comida al sacerdote. Pedía cooperación a la gente para hacer “un pedido” para la casa parroquial.

Con 97 años (según el carnet) y pese a estar en silla de ruedas, no deja de asistir a la santa Misa, y si falta algún domingo, se le lleva la comunión a su casa, pues para ella el sacramento de la Eucaristía es lo más importante.

¿Qué significa para usted ser católica?

Es estar agradecida de Dios por hacer de mí un instrumento de evangelización para tantos que deseaban aprender sobre Dios. Mi mensaje para los católicos de hoy es invitarlos a cumplir los mandamientos de Dios y asistir a Misa”. Motivo a los jóvenes a asistir a la Jornada Mundial de Jóvenes 2013 y que lleven la buena nueva de Dios a todas partes.

La comunidad de Los Álamos está agradecida de Dios por la presencia de la “tía Eru” entre ellos, pues encuentran en esta mujer un gran ejemplo de vida y entrega a nuestra Iglesia.

También, hace algunos años, el municipio ha nombrado una calle con su nombre en la población “Silvia Chacón”, como premio a su trayectoria de ayuda a los centros de madres, donde  ella enseñaba a bordar a las señoras que asistían al taller.

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