Felices centenares de niños y jóvenes celebraron Día del Acólito

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Publicado el: 14 agosto, 2011

Centenares de niños y jóvenes, vestidos de albas, participaron en el altar, el Día del Acólito, en una eucaristía que presidió Monseñor Fernando Chomali, en el templo catedral de Concepción.

Monseñor Chomali se mostró muy contento de ver a tantos niños y jóvenes que colaboran en el altar, en sus parroquias y comunidades durante la semana y los fines de semana. “Por cada enpacuchado que aparece en la TV hay  cientos y miles de niños que se educan en la fe, en el amor y que encuentran alegría en la parroquia, porque han conocido a Dios.  Y que frente al árbol que se cae, hay miles de árboles que se levantan día a día con  fe y esperanza, porque creen  que Dios es amor”, subrayó.

 Dijo que esto es muy notable, porque significa que los cristianos no estamos fuera del mundo, sino que al igual que todos, “tenemos que trabajar y lidiar con la vida diaria, pero sabemos que tenemos al Señor nuestro Pastor, que nos guía. ¿Por qué están hoy estos niños y jóvenes aquí junto al Seminario que nos apoya? Porque somos  personas que reconocemos que la salvación  viene de Dios, quien nos da la alegría verdadera que necesitamos; sabemos que  puede responder a nuestras inquietudes más profundas”. En su homilía también los animó a  fortalecer la fe. “Como Arzobispo quisiera decirles algo: promover  la fe, la fe que mueve montañas, la fe  que a pesar de los problemas y los dolores  no desfallecemos, porque Jesucristo ha vencido la muerte,  Jesucristo es nuestro Dios y Salvador y Él es Aquel que nos conduce por verdes praderas”. Monseñor se alegró que padres y familiares acompañaran a sus hijos. “Estoy seguro que muchos padres  acompañan hoy a sus hijos; seguramente, muchos han venido de muy lejos y están orgullosos de verlos en el altar. Además, una tarea que tenemos los católicos es promover las vocaciones sacerdotales y religiosas y quisiera contarles que si yo tuviera que empezar de nuevo mi vida,  haría exactamente lo mismo: sería sacerdote. Y  esa alegría  del sacerdocio se las quiero transmitir a ustedes  padres, para que ustedes  la transmitan a sus hijos. La vida del sacerdocio es exigente, es una vida sacrificada, pero  una vida hermosa, porque no hay una vida más grande que servir al Señor y ayudar  los hermanos a que se encuentren con Cristo,  a encontrarse con la  palabra justa, cuando decimos Señor socórreme. Estoy cierto que estos  jóvenes que empiezan a servir en el altar, empiezan a  sentir las maravillas del Señor, la liturgia de la Iglesia, la vida parroquial,  de alguna manera van esbozando una vida sacerdotal y  les corresponderá  a los padres, los sacerdotes, los hermanos  a discernir estas vocaciones”.  

Finalmente, expresó que “cuando la barca del mundo se agita tanto, necesitamos que  el Señor nos tome de la mano y el Señor ha querido, por su infinita misericordia, que esta mano sea  la Iglesia, todos y cada uno de nosotros; para un mundo que está convulsionado nosotros traemos un mensaje de paz, de amor, de reconciliación, el mismo que trajo Jesucristo hace 2000 años. Vayamos a nuestra casa, felices, porque  aquí vemos a los miles de árboles que se levantan silenciosamente, aquí vemos que hay esperanza,  hay posibilidad de una vida mejor, y esa  vida, adquiere todo sentido cuando reconocemos que alguien, el mismo Dios, que dio la vida por nosotros y nos salvó”.

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