Fieles acompañaron masivamente a sus sacerdotes en Misa Crismal

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Publicado el: 24 marzo, 2016

Con una presencia masiva, que repletó el templo Catedral de Concepción, los católicos acompañaron al pastor y a sus sacerdotes, en la Misa Crismal, en que los presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales.

En su homilía, Monseñor Fernando Chomali, agradeció “la presencia, en este día tan importante para la iglesia, para acompañarnos y fortalecernos en este don que es el sacerdocio”.

Agregó que “no es un hecho ritual, no es un acto que se repite, es una realidad única, misteriosa, que nos consagra y nos configura a Cristo, para actuar en su nombre y de toda la Iglesia”.

Reflexionó respecto que “cuando uno se pregunta, por qué a mí y no terminaremos jamás de comprender este misterio. Nuestra misión es hablar de Jesús y esta misión supone el misterio de la encarnación, supone el misterio de dar la buena noticia a aquellos que no son considerados, para ir a la cárcel anunciar la libertad, devolver la vista a los ciegos, para liberar a los oprimidos y anunciar un tiempo de gracia para todos. Siempre seremos anunciadores de gracia y esperanza”.

Dijo que “en esta misa queremos hacer público por lo que somos. Es hermoso ver el Presbiterio. Somos tan diversos, con historias tan diversas, pero todos tenemos algo en común: hemos sido llamados a este ministerio y queremos renovar nuestro compromiso como ministros del Señor y lo queremos hacer ante de ustedes, para que nos ayuden, recen por nosotros, para que nos cuiden y nos bendigan.

Añadió, recalcando que “es hermoso saber que esta celebración se realiza en todas partes del mundo. Tenemos, aquí, a un sacerdote misionero que viene de Centro América, él, ahora, profesa su compromiso y lo hacen también sus hermanos, en su país; tenemos, aquí, dos sacerdotes de África, del Congo, que están haciendo la misma profesión delante del Obispo; y lo hacen también en el Vaticano y, en China, lo harán escondidos e irán donde los cristianos son perseguidos. Es un hecho extraordinario. La Iglesia, en sí misma, ya es un milagro”.

Monseñor recordó que “hemos sido tomados de entre los hombres, para estar entre los hombres. Dios nos libre de ser tan espirituales, de no estar cerca de las personas, de los problemas concretos y reales; Dios nos libre también de ser tan terrenales, de olvidarnos del fundamento que es Dios. Esa síntesis es un trabajo que siempre tenemos que hacer en la oración y con la ayuda de todos: anunciar la buena nueva. Esas son las cosas de Dios; ese es el estilo de vida al que estamos llamados, a hablar de Dios, dar esperanza donde no la hay; dar alegría donde hay tristeza, estar cerca de todo aquel que lo necesite. Esto no podemos hacerlo, sin un encuentro vivo con Jesús. El sacerdote ha de ser un experto, expertos en humanidad como dijo Pablo VI, porque somos expertos de Dios, porque para conocer al hombre, a la mujer, la realidad, hay que conocer a Dios y nosotros no sólo lo conocemos, sino que estamos llamados a hablar en su nombre. Es el momento de mirar una nueva perspectiva, ya no la perspectiva sociológica, psicológica, política, sino la perspectiva teológica, donde estamos preparando el Reino, donde anunciamos que habrá justicia, paz, amor, que nosotros, por el Bautismo, somos constructores de la paz y estamos llamados a ser ministros de la reconciliación”.

Llamó especialmente a vivir el Año de la Misericordia. “Dios quiera que este año de la Misericordia no sólo quede en palabras, sino realmente nos reconciliemos. Cuántos hijos tendrán que reconciliarse con sus padres, cuántos esposos tendrán que reconciliarse… Este es el año de acercarse al hombre concreto y real, para pedir el perdón, para recibir el perdón, para comenzar una vida en él. Sabemos que a veces no es fácil, pero es posible por la gracia de Dios”.

Finalmente, Monseñor Chomali pidió a rezar por todos los sacerdotes. “¡Cuídennos para poder ser buenos sacerdotes, entregados a la comunidad, sencillamente lo que somos!. Confirmamos, aquí, un gran compromiso por las vocaciones sacerdotales, pero también un gran compromiso por la vida matrimonial, porque si queremos fortalecer las vocaciones sacerdotales, tenemos que fortalecer la familia. La familia es el corazón de la vida de una posible vocación y esa es responsabilidad de todos”, concluyó.

Junto con renovar las promesas sacerdotales, se realizó el rito de la bendición de los santos óleos.

El coro Arquidiocesano acompañó la celebración y le dio mayor solemnidad, con un selecto repertorio. Al final de la Misa, los sacerdotes recibieron un prolongado aplauso como signo de agradecimiento y cariño.

 

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