Iglesia acoge con esperanza a cuatro nuevos diáconos permanentes

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Publicado el: 12 enero, 2019

Con fuertes aplausos de fieles que coparon el templo catedral de Concepción, agradecieron a Dios por la ordenación de cuatro nuevos diáconos permanentes.

Durante la celebración de una Eucaristía, presidida por monseñor Fernando Chomali, fueron ordenados Luis Giácaman  Arce, Luis Echeverría Zambrano, Carlos Reyes Mellado y Alejandro Sáez Llamparte, quienes estuvieron acompañados de sus familiares y fieles de sus comunidades parroquiales. Concelebraron, en esta oportunidad, varios sacerdotes, entre ellos, el padre Marcelo Bustos, director de la Escuela del Diaconado; además, de la mayoría de los diáconos permanentes de la diócesis.

En su homilía, Monseñor Chomali expresó que “ustedes fueron llamados por Dios, porque hay una vocación, un llamado de Dios, concreto y real para servir. Un llamado de Dios que fue discernido por la Iglesia durante varios años y que hoy culmina”.

Agregó que “una vocación para hacer lo que, en general, nadie quiere hacer, servir, estar dispuestos a dar la vida por los demás, disminuir  para que Jesucristo crezca  y se comprometen a cosas muy serias; se comprometen a rezar. Si hay algo que nos falta como Iglesia es rezar más. Sería otra Iglesia si fuera una Iglesia orante. Según un teólogo suizo quien no reza no tiene nada que decirle al mundo”.

Reflexionó respecto a que “ustedes se comprometen a servir y el servicio que ustedes presten a las personas es absolutamente relevante. Distinto es cuando se muere un familiar, que haya un consagrado que no lo haya; es muy distinto acompañar a una familia que tiene una persona enferma, es muy distinta la manera de abordar una enfermedad.  Es muy distinto vivir saciado a sacarse el pan de la boca para entregarlo al pobre. Ustedes están llamados a eso. Es muy distinto que una comunidad que, un domingo está cerrada, porque no hay suficientes consagrados para animar, a que haya un consagrado que pueda hablar de Dios y transmitir la palabra de Dios y fortalecer la fe”.

Afirmó que “por gracia de Dios, esta vocación de ustedes se hace muy relevante en estos tiempos. Eso implica “complicarse” la vida, pero nadie nos ha dicho que a veces, complicarse la vida vale la pena, por alguna razón importante  como anunciar el Evangelio. Detrás de esta vocación hay un gran esfuerzo de muchas personas. Primer lugar, la familia. Quizás cuántas conversaciones habrán tenido con su esposa, de la posibilidad de entrar al orden del diaconado, con los hijos y el sacrificio  que ellos harán para que ustedes puedan servir al pueblo de Dios, ayudar a esta tarea evangelizadora que, en último término, es el mismo Jesucristo, porque Él mismo dice que “sin Mí no podéis hacer nada”.

Resaltó el rol de los formadores, de los párrocos, de la Escuela del Diaconado, de la UCSC. “Son muchos que han colaborado  para que esta vocación que empieza en semilla, se haya  traducido, hoy, en una tremenda alegría para la Iglesia de Concepción. Ustedes hicieron, antes de participar en esta Santa Misa, una profesión de fe muy solmene y es muy importante lo compartan  con sus familias, para que ellas conozcan a qué ustedes se han comprometido”.

Finalmente, el Arzobispo les pidió disponibilidad, “porque podemos decir que son muchas las ovejas que están sin pastor, para ir, como dice el Papa Francisco, a las periferias existenciales, para ir donde nadie tiene la posibilidad de escuchar la palabra de Dios, para que bendigan  un matrimonio en un lugar apartado, porque al final serán creíbles, por la ordenación, pero por sobre todo por lo que hacen”.

Diáconos ordenados

Luis Giacaman, abogado, 3 hijos, casado con Isabel Margarita Smith. Manifestó sentirse “feliz del paso que estamos dando; agradecido de Dios por este llamado y espero estar a la altura de lo que Él me pide”. Pertenece a la comunidad del santuario de Montahue, del territorio de la parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria.

Alejandro Sáez, casado con Gladys Concha, 27 de matrimonio, 3 hijos y es contador independiente. “Es una decisión potente en la vida, que no es una situación que se busca, sino que uno se encuentra con ella. Es un momento en que se manifiesta la misericordia de Dios. Nuestro compromiso, hoy, en la Iglesia es mayor”, confesó.

Luis Echeverría, 64 años, ingeniero civil, casado con Patricia Aguayo Barra, tres hijos. “Es un gran gozo, alegría y compromiso en la extensión de reino, para asistir a los marginados. Es un compromiso asumido por mí y por mi familia, junto a la parroquia El Buen Pastor de San Pedro de la Paz, donde estoy sirviendo”, añadió.

Carlos Reyes, 62 años, casado con Verónica Chávez, 1 hijo, funcionario del Sistema de Salud Municipal de San Pedro de la Paz. “Es algo que he deseado y esperado con ansias. Este es un llamado que siento desde la infancia y gracias al Señor, me he mantenido por más de 42 años en la Iglesia. El Señor ha manifestado su misericordia para ordenarme diácono”, enfatizó.

 

 

 

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