Iglesia de Concepción agradeció testimonio del P. Pedro Tapia

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Publicado el: 30 junio, 2018

Junto a sus familiares, a sus hermanos sacerdotes y la presencia de numerosos fieles, fue despedido el padre Pedro Tapia Toro, para que  Dios lo acogiera en su Santo Reino.

En el templo catedral, el sábado 30 de junio, se celebró la Misa de Exequias, que presidió el padre Pedro Gómez, Vicario General de la Arquidiócesis junto a numerosos sacerdotes. El P. Pedro Tapia falleció el viernes 29 de junio, a los 82 años, aquejado de su salud. Sus restos fueron velados en la catedral, ya que entre sus múltiples actividades, fue canónigo. Al término de la Misa, sus restos fueron sepultados en el Mausoleo del Clero, en el cementerio general de Concepción.

Durante la celebración de la Eucaristía, el P. Pedro Gómez, en su homilía,  expresó los saludos y condolencias de nuestro Arzobispo, monseñor Fernando Chomali, quien se hallaba fuera del país. “Despedimos a un hermano sacerdote. Dios lo llamó para vivir en intimidad con el Señor. Primero, recibiendo el Bautismo, para luego, en su etapa de juventud, ingresar al Seminario de Concepción e ir configurando su corazón al modo del  corazón de Jesús, rasgo que ejerció de una manera especial en  el sacramento de la Confesión y en la celebración de la Eucaristía”, manifestó.

Dijo que al P. Pedro “le correspondió asumir diversos servicios en la Arquidiócesis de Concepción. Fue párroco, formador, administrador de Bienes. Uno de los encargos que le brindó abundante tiempo, fue como rector del Santuario de San Sebastián de Yumbel”. A la Misa asistió el rector del Santuario, padre Bernardo Álvarez, una delegación del Colegio San Sebastián y algunos fieles de esa ciudad.

En su homilía, el Vicario General, señaló que el P. Pedro,  “en su corazón de pastor, siempre guardó especial afecto  por el Seminario y quienes estuvimos la oportunidad de conocerlo, lo vimos, en muchas ocasiones, visitando el Seminario y llevando todo tipo de ayuda que, más  allá de lo material, expresaba cariño y preocupación por la formación de los futuros sacerdotes”.

Recordó que “en estos últimos años, tuve la ocasión de compartir con él, en la celebración de la Eucaristía, en este mismo templo catedral, donde hoy oramos por él. Le correspondió asumir el cargo de Canónigo  y miembro del Venerable Cabildo Catedralicio y acompañar la vida espiritual de muchos de ustedes. Queremos agradecer a Dios, en este día, por la vocación del padre Pedro Tapia, para que quien nos presidió en muchas ocasiones, la celebración de la Eucaristía, pueda participar de la liturgia eterna en el cielo junto a Nuestro Señor Jesús”.

Indicó, además, que “durante este último tiempo, estuvo aquejado de diversas enfermedades, que con mansedumbre y fortaleza sobrellevó quizás, viviendo en su dolor, la oportunidad de unirse a  Jesús, en la cruz. En los últimos días, estuvimos orando en el Hospital Regional, donde percibí en su rostro una dulce expresión de entrega y amor, después rezamos el Padre Nuestro o el Ave María. Es muy probable que a través de ellas ofreciera su vida en la mayor entrega y servicio que puede dar un  sacerdote”.

El P. Pedro Gómez indicó que “en estos tiempos de dolor que vive la Iglesia, nos anima el testimonio de sacerdotes como el P. Pedro y tantos otros, a quienes hemos despedidos en este lugar, que silenciosamente nos han mostrado el camino que conduce al encuentro con Jesús. La muerte en sí, también se hace fuente de fecundidad y vida, mirando al resucitado, que entregó la vida por nosotros, mostrándonos que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no puede germinar y dar fruto.  San Francisco de Asís, incluso la llamaba “hermana muerte”, porque a y través de ella se llega a la vida eterna”.

“De esa vida eterna nos habló el P. Pedro que quiso escoger como día de su partida, el de la solemnidad  de los apóstoles Pedro y Pablo y este día para su entierro, cuando la Iglesia recuerda a los protomártires de Roma. Son momentos significativos que nos deben hacer reflexionar. Cuando la Iglesia fue más fecunda y dio más frutos, en sus comienzos. Pedro y Pablo y tantos otros hermanos de la primera comunidad conocieron el amor misericordioso de Dios, que transformó sus vidas y los hizo santos. Es probable que el P. Pedro aún con la limitación de su enfermedad, quisiera dejarnos un último mensaje para estos tiempos, expresado en el gesto del día de su partida. ¿Cómo podemos renovar y crecer como Iglesia? Y la respuesta es contemplando estos primeros tiempos, donde la Iglesia, aunque estaba siendo perseguida, también floreció por el testimonio de sus santos”.

Concluyó su homilía, pidiendo al Señor,  orar por el descanso eterno del P. Pedro y “por quien suplicamos la misericordia de Dios, para que  lo admita en su Santo Reino y  que también el Señor nos enseñe a ser misericordiosos y reconociendo nuestros errores, también seamos misericordiados, en una hermosa expresión del Papa Francisco, aprendiendo de esta forma a pedir perdón y también a perdonar, para que seamos santos como santo es nuestro Dios”.

 

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