Iglesia de Concepción invita al Mes de María

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Publicado el: 7 noviembre, 2018

Durante el Mes de María, que se extiende desde el 8 de noviembre al 8 de Diciembre, la Iglesia de Concepción  invita a toda la comunidad a  dedicar un tiempo para rezar a la Virgen María. En la Iglesia de Concepción, todas las parroquias, comunidades y diversas otras instancias eclesiales, celebran esta hermosa festividad.

La Pastoral con Niños, además, ha desarrollado un hermoso manual para la celebración con los más pequeños, en el colegio, en familia o grupos de niños, que se puede encontrar en el portal www.iglesiadeconcepcion.cl

Monseñor Fernando Chomali, Arzobispo de Concepción, señala en un mensaje especial por esta celebración, que el Mes de María es “un tiempo privilegiado para contemplar a Jesucristo, su encarnación, su vida y su pasión y su resurrección al compás de la oración mariana predilecta por el pueblo de Chile. Cada vez que comencemos a rezar “Dios te salve, María, llena eres de gracia…” acordémonos de la historia de salvación que Jesús nos trae cada día a cada uno de nosotros y nuestra vida con sus luces y sombras”.

Agrega que el Mes de María es “un tiempo maravilloso para volver a las raíces de nuestra fe que María vivió con tanta sencillez y humildad, pero al mismo tiempo con tanta fe y firmeza en los momentos de tribulación”.

El Mes de María es una hermosa tradición, que se inició por los misioneros europeos en el mes de mayo por ser el “mes de las flores”. En 1854, Monseñor Joaquín Larraín Gandarillas, entonces Rector del Seminario Pontificio de Santiago, conoció esta tradición europea y quiso celebrarla en este mes de noviembre, para evitar el frío otoño de mayo en Chile.

Las “oraciones del Mes de María” fueron compuestas por un amigo de Monseñor Larraín llamado Monseñor Rodolfo Vergara Antúnez.

http://www.iglesia.cl/especiales/mesmaria2018/

Oración para todos los días del Mes

“Oh María, durante el bello mes que os está consagrado, todo resuena con vuestro Nombre y alabanza. Vuestro santuario resplandece con nuevo brillo, y nuestras manos os han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presidís nuestras fiestas y escucháis nuestras oraciones y votos. Para honraros, hemos esparcido frescas flores a vuestros pies y adornado vuestra frente con guirnaldas y coronas. Mas, Oh María, no os dais por satisfecha con estos homenajes; hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan y hay coronas que no se marchitan. Estas son las que Vos esperáis de vuestros hijos; porque el más hermoso adorno de una Madre, es la piedad de sus hijos y la más bella corona que pueden deponer a sus pies es la de sus virtudes. Sí, los lirios que Vos nos pedís, son la inocencia de nuestros corazones; nos esforzaremos, pues, durante el curso de este mes, consagrado a vuestra gloria, ¡Oh Virgen Santa!, en conservar nuestras almas puras y sin manchas y en separar de nuestros pensamientos, deseos y miradas, aún la sombra misma del mal. La rosa cuyo brillo agrada a vuestros ojos, es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos; nos amaremos pues, los unos a los otros, como hijos de una misma familia, cuya Madre sois, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal. En este mes bendito, procuraremos cultivar en nuestros corazones la humildad, modesta flor que os es tan querida, y con vuestro auxilio llegaremos a ser puros, humildes, caritativos, pacientes y resignados. ¡Oh María!, haced producir en el fondo de nuestros corazones, todas estas amables virtudes; que ellas broten, florezcan y den, al fin, frutos de gracias, para poder ser algún día dignos hijos de la más Santa y de la mejor de las Madres”.

Amén.

Oración Final

“¡Oh María, Madre de Jesús, nuestro Salvador y nuestra buena Madre! Nosotros venimos a ofreceros, con estos obsequios que colocamos a vuestros pies, nuestros corazones, deseosos de seros agradables, y a solicitar de vuestra bondad un nuevo ardor en vuestro santo servicio. Dignaos presentarnos a vuestro Divino Hijo, que en vista de sus méritos y a nombre de su Santa Madre, dirija nuestros pasos por el sendero de la virtud; que haga lucir con nuevo esplendor la luz de la fe sobre los infortunados pueblos que gimen por tanto tiempo en las tinieblas del error; que vuelvan hacia Él, y cambie tantos corazones rebeldes, cuya penitencia regocijará su corazón y el vuestro. Que convierta a los enemigos de su Iglesia, y que, en fin, encienda por todas partes el fuego de su ardiente caridad; que nos colme de alegría en medio de las tribulaciones de esta vida, y de esperanza para el porvenir”.

Amén.

 

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