La enfermedad, el sufrimiento y la muerte encuentran en Cristo su sentido definitivo

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Publicado el: 13 junio, 2016

Un concepto realístico y una proclamación de esperanza en la homilía del Papa Francisco durante la misa celebrada por el Jubileo de los Enfermos y de las personas discapacitadas, en el XI domingo del tiempo ordinario.

“Todos, tarde o temprano, estamos llamados a enfrentarnos, y a veces a combatir con la fragilidad y la enfermedad nuestra y la de los demás”, pero “sepamos que en la debilidad podemos ser fuertes (cf. 2 o 12,10), y recibiremos la gracia de completar lo que falta en nosotros al sufrimiento de Cristo, en favor de la Iglesia, su cuerpo (cf. Col 1,24)”. Un concepto realístico y una proclamación de esperanza en la homilía del Papa Francisco durante la misa celebrada por el Jubileo de los Enfermos y de las personas discapacitadas, en el XI domingo del tiempo ordinario.

En una época en la que “el cuidado del cuerpo se ha convertido en un negocio y en la que lo que es imperfecto debe ser ocultado porque va contra la felicidad y tranquilidad de los privilegiados y pone en crisis el modelo imperante”, el pontífice advirtió que “el mundo no será mejor cuando este compuesto solamente por personas aparentemente ‘perfectas’, sino cuando crezca la solidaridad entre los seres humanos, la aceptación y el respeto mutuo”.

Antes de proclamar que la enfermedad, el sufrimiento y la muerte encuentran en Cristo su sentido definitivo, Francisco se refirió a las patologías que afectan al espíritu, y puso el ejemplo de cuando se experimenta la desilusión o la traición en las relaciones importantes. En momentos como ése la vulnerabilidad, debilidad y desprotección pueden llevar a la tentación de replegarse en sí mismos y hasta “a perder la oportunidad de la vida” dijo. Por ese motivo, exhortó a “amar a pesar de todo”, porque “la felicidad que cada uno desea, puede tener muchos rostros, pero sólo puede alcanzarse si somos capaces de amar”.

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