Mensaje del Papa por la Jornada de Oración por las Vocaciones

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Publicado el: 7 diciembre, 2015

La 53ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que estará acompañado por el Mensaje del Papa Francisco que lleva por lema “La Iglesia, madre de vocaciones”.

En este texto pontificio, firmado en la Ciudad del Vaticano el pasado 29 de noviembre, I Domingo de Adviento, el Santo Padre comienza manifestando su deseo de que, a lo largo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, todos los bautizados puedan experimentar el gozo de pertenecer a la Iglesia. “Ojalá –escribe el Obispo de Roma – que puedan redescubrir que la vocación cristiana, así como las vocaciones particulares, nacen en el seno del Pueblo de Dios y son dones de la divina misericordia”; a la vez que recuerda que “la Iglesia es la casa de la misericordia y la tierra donde la vocación germina, crece y da fruto”.

De ahí la invitación que el Papa Bergoglio dirige a todos los fieles con ocasión de esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, “a agradecer la mediación de la comunidad apostólica en su propio camino vocacional”. De hecho, el Pontífice recuerda en su Mensaje que “toda vocación en la Iglesia tiene su origen en la mirada compasiva de Jesús”. Por esto escribe que “conversión y vocación son como las dos caras de una sola moneda” que se implican mutuamente a lo largo de la vida del discípulo misionero.

Francisco también alude al beato Pablo VI, quien en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, describió los pasos del proceso evangelizador, de entre los cuales uno de ellos es la “adhesión a la comunidad cristiana”, es decir, a esa comunidad de la que el discípulo del Señor ha recibido el testimonio de la fe y el anuncio explícito de la misericordia del Señor.

Entre las afirmaciones que el Papa hacer sobre esta Jornada dedicada a la oración por las Vocaciones, destacamos su invitación  a todos los fieles a asumir su responsabilidad en el cuidado y el discernimiento vocacional y el hecho de que la vocación nace en la Iglesia, a la vez que recuerda que desde el nacimiento de una vocación es necesario un adecuado “sentido de Iglesia”; puesto que nadie es llamado exclusivamente para una región, ni para un grupo o movimiento eclesial, sino al servicio de la Iglesia y del mundo.

El Papa escribe que un signo claro de la autenticidad de un carisma es su carácter eclesial, o sea su capacidad de integrarse armónicamente en la vida del Pueblo de Dios para el bien de todos. Y afirma que la vocación “crece en la Iglesia”. De donde se deduce que durante el proceso formativo, los candidatos a las distintas vocaciones necesitan conocer mejor la comunidad eclesial, superando las percepciones limitadas.

Por esta razón, el Santo Padre recuerda que es oportuno “realizar experiencias apostólicas junto a otros miembros de la comunidad”,  como por ejemplo: comunicar el mensaje evangélico junto a un buen catequista; experimentar la evangelización de las periferias con una comunidad religiosa; descubrir y apreciar el tesoro de la contemplación compartiendo la vida de clausura; conocer mejor la misión ad gentes por el contacto con los misioneros; y profundizar en la experiencia de la pastoral en la parroquia y en la diócesis con los sacerdotes diocesanos.

El Papa Francisco también destaca la importancia que tienen los sacerdotes entre los agentes, y reafirma que todos los fieles están llamados a tomar conciencia del dinamismo eclesial de la vocación, para que las comunidades de fe lleguen a ser, a ejemplo de la Virgen María, seno materno que acoge el don del Espíritu Santo. Porque “la maternidad de la Iglesia – escribe – se expresa a través de la oración perseverante por las vocaciones, de su acción educativa y del acompañamiento que brinda a quienes perciben la llamada de Dios”.

Hacia el final de su Mensaje el Santo Padre invita a pedir al Señor que conceda a quienes han emprendido un camino vocacional una profunda adhesión a la Iglesia; y que el Espíritu Santo refuerce en los Pastores y en todos los fieles la comunión eclesial, el discernimiento y la paternidad y maternidad espirituales.

“Que María, Madre y educadora de Jesús – concluye Francisco – interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo, sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios”.

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