Monseñor Fernando Chomali, en solemnidad de Corpus Christi: “La Eucaristía es nuestra esperanza”

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Publicado el: 30 mayo, 2016

“La Eucaristía es nuestra esperanza; es el lugar donde se nos confirma que Dios sigue presente en la historia”, afirmó Monseñor Fernando Chomali, quien presidió la Misa en la solemnidad de Corpus Christi, en la catedral.

Pese a la intensa lluvia, numerosos fieles llegaron hasta el templo para estar presente en esta celebración, el domingo en la noche, quienes participaron, además, en la procesión y adoración al Santísimo Sacramento.

En su reflexión, Monseñor Chomali dijo que “la solemnidad que hoy celebramos es muy hermosa. Esta solemnidad nos recuerda  que Dios no nos ha abandonado, que Dios está presente y está presente de una manera  muy concreta y real. Está presente en el pan y el vino que por medio de la consagración se convierten en el cuerpo y la sangre suya”.

Sostuvo, además, que “mientras haya un sacerdote en el mundo que celebre la eucaristía, que consagre el pan y el vino, que se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, Dios estará presente en medio de nosotros y no tenemos absolutamente nada que temer”.

“Quisiera reflexionar sobre nosotros mismos. Muchas veces nos consideramos poca cosa, que no podemos  hacer nada, que no tenemos valor frente a los pobres del mundo, tal vez sea cierto, que seamos como los discípulos que tenemos poca fe. Nuestros 5  panes y 2 pescados, el Señor  los puede multiplicar infinitamente. Dios de lo  pequeño y humilde es capaz de hacer grandes cosas”.

Manifestó que “Dios quiso ir más allá  y quiso tener un sacramento universal;  quiso que todos, adecuadamente preparados, no sólo recibir el cuerpo de Cristo, sino que seamos recibidos por el Cuerpo de Cristo, a través de esta comunión maravillosa que se da. Con nuestro propio cuerpo y nuestra propia sangre nos convertimos en el Cuerpo de Cristo. Estamos llamados a convertirnos en Eucaristía”.

Recalcó que “estamos llamados a convertirnos, como dijo el Padre Hurtado, en una “misa continuada”; ser hombres y mujeres eucarísticos, que no  sólo recibimos el Cuerpo de Cristo, sino que también  nos convertimos en el Cuerpo de Cristo, que es la  Iglesia, para la salvación del mundo”.

Concluyó que “Dios quiera que, en momentos de pena, angustia, de desconfianza de desesperanza, nos acerquemos con más fuerza a Jesucristo, en la eucaristía”.

 

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