Monseñor Fernando Chomali llamó a vivir en profundidad la Semana Santa

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Publicado el: 29 marzo, 2013

Con un llamado a vivir profundamente la Semana Santa, monseñor Fernando Chomali, presidió la celebración eucarística de la “Última Cena”, en la catedral, donde recordó el gesto del lavado de pies a 12 personas.

En su homilía, Monseñor dijo que “tal vez hoy lo más propio del hombre y la mujer del siglo XXI, es la sensación de orfandad. Pero no estamos solos, porque Jesucristo está presente en medio de nosotros, en el corazón de la vida de la Iglesia,en  la celebración de la eucaristía. Ahí, en el pan y el vino consagrados está  efectivamente Jesucristo presente”.

Recalcó que “mientras haya una celebración eucarística, la Iglesia estará siempre rejuvenecida; y si hay algo que tenemos que promover es la devoción del Santísimo Sacramento, la devoción a la vida eucarística y sobre todo la promoción de las vocaciones sacerdotales, porque Dios ha querido que sacerdotes puedan vivir esta experiencia a través de la consagración que ellos reciben”.

En la celebración, resaltó un segundo signo “Jesucristo realiza un hecho inédito: lava los pies a los discípulos, él hace el trabajo propio de los esclavos. Él se anonada, se hace nada, y nos hacer ver que nuestra única vocación es amar y servir. Estemos siempre presentes en los más necesitados y eso para mí es una alegría y lo digo con una humildad inmensa, la Iglesia de Concepción está absolutamente empeñada en esa línea, a través de sus obras sociales, de sus parroquias, y de toda su acción”, enfatizó.

Dijo que es muy hermoso saber que prácticamente miles de sacerdotes y obispos de todo el mundo, incluso el Papa, lavan y besan los pies de las personas, manifestando el signo visible que servir y no a ser servido.

“Dios quiera que estas celebraciones de Semana Santa, que se mezclan lamentablemente con ofertas gastronómicas y de turismo, nosotros no caigamos en esa tentación y vivamos en profundidad este misterio maravilloso de Jesucristo, que se entrega por nosotros”, llamó.

Al término de la eucaristía, se realizó una breve procesión del Santísimo Sacramento, en el interior del templo, desde el altar central hasta la custodia de un altar lateral, para su adoración por lo fieles como signo de inicio de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

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