Monseñor Fernando Chomali: Nunca más

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Publicado el: 8 septiembre, 2013

Monseñor Fernando Chomali, Arzobispo de Concepción, dio a conocer una reflexión en torno a los 40 años del golpe de Estado en Chile.

Han pasado 40 años del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Para muchos de quienes sufrieron torturas, vieron desaparecer a un ser querido, vieron truncados sus sueños, vieron cómo se separaban sus familias,  vivieron el exilio, sintieron de cerca el dolor y la muerte, fue ayer. Traumas de esa envergadura no se  sanan rápidamente.

Sólo en la medida que sepan la verdad podrán abrirse a una nueva vida y salir adelante. Los seres humanos somos únicos e irrepetible y la ausencia de uno de ellos en la familia y en la sociedad es una presencia constante, cuando no se ha hecho el duelo, cuando no se ha sabido qué fue lo que pasó. Ese dolor, tan íntimo, tan profundo, hay que respetarlo porque es sagrado, porque llegó al alma..

¿Qué hacer para que nunca más en Chile o en cualquier parte del mundo lleguemos a estos extremos? Esa es la gran pregunta que debemos hacernos como país. Creo que cuidar la institucionalidad, respetar las leyes y promover el Estado de Derecho son importantes.  Pero no bastan por sí mismas para asegurar la paz. Si queremos la paz debemos formar, educar personas de paz. Ello es tarea de todos porque la paz es sinfónica, al igual que la verdad, todos tenemos algo que decir, todos tenemos  algo que hacer, todos tenemos algo que entregar, todos somos responsables de ella. En segundo lugar hemos de aprender a dialogar. Las posiciones extremas e intransigentes, vengan de donde vengan, obstaculizan ver la realidad tal cual es y obstaculiza soluciones verdaderamente efectivas y realistas. Creo que en Chile no se están dando las instancias de diálogo suficientemente periódicas y desprejuiciadas entre  los actores sociales, ello me preocupa y los signos de violencia que vemos día a día avala esta tesis.

También es importante recalcar con más fuerza la dimensión ética de la vida del ciudadano y la dimensión ética de la actividad pública. Ello significa pensar que cada acto, cada palabra, cada gesto tiene un impacto que va generando cultura, modos de vincularnos y de relacionarnos entre nosotros. Recurrir a la fuerza, a las armas al interior del propio país se suele dar porque se abrió espacio a la cultura del más fuerte. Ello hay que desterrarlo. Y ello no se hace por decreto, porque esa nueva culturase empieza a fraguar  desde la cuna, al interior del hogar, en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en la calle, en la vida de todos los días. La paz, el principio de no agresión se va construyendo en el día a día. Ello es tarea de todos. Para lograr aquello es importante trabajar por la paz, lo que lleva de la mano el trabajar por la justicia.

¡Qué responsabilidad le cabe en este ámbito a quien ostenta el poder en cada ámbito de la sociedad! ¡Qué responsabilidad le cabe a la Iglesia e insistir siempre y con fuerza que el ser humano posee una dignidad tal que debe ser cuidada y nunca atropellada! ¡Qué responsabilidad le cabe a las familias para que generen ambientes de diálogo y no de violencia entre sus miembros¡ ¡Qué responsabilidad le cabe a los que aún pueden hacer algo para que sepa dónde están aquellos hombres y mujeres que nunca fueron hallados y que sus familiares y amigos los siguen buscando con la misma fuerza y el mismo amor que el de ayer con sus fotos en la solapa!

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