Monseñor Fernando Chomali pidió promover la paz en Medio Oriente

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Publicado el: 25 noviembre, 2012

Un llamado a promover la paz y evitar actos de violencia para impedir la muerte de víctimas inocentes hizo monseñor Chomali, Arzobispo de Concepción, al presidir la Misa por la Paz en Medio Oriente, en la catedral de la ciudad y con presencia de autoridades y miembros de la comunidad árabe.

En relación al conflicto que se vive en la zona de Gaza, monseñor Chomali dijo que “evidentemente la guerra no conduce a ninguna parte. La guerra sólo trae muerte, división y odio y lo que engendra vida es la paz. La Iglesia católica está muy comprometida con la paz en Medio Oriente. Me pareció muy justo, yo también como palestino, celebrar una Misa con la colectividad árabe y con los hombres de buena voluntad”.

En su homilía, manifestó que “nos mueve un profundo anhelo de paz para el mundo entero y, de modo muy especial, para el Medio Oriente. Somos cada vez más conscientes que la paz es un don de Dios que hay que pedir insistentemente, hacerlo nuestro, radicarlo en nuestro corazón como un gran tesoro y expandirlo. No queremos más guerra. No queremos más muertos. No queremos más ilusiones destruidas. No queremos más odio. No queremos más niños muertos, más mujeres muertas, más inocentes muertes, más seres humanos muertos. No queremos. No queremos ver más sangre de inocentes. Queremos la paz”.

Pidió orar para iluminar “el corazón y la inteligencia de quienes tienen responsabilidades políticas en relación a la situación en Medio Oriente. La guerra en Medio Oriente es contraria a la razón humana, a la dignidad de la persona, a dos pueblos que tanto tienen en común. La guerra es inmoral y por ello nos reunimos desde las más diversas esferas de la vida de nuestra querida Región para repetir una vez más: no más guerra. No más guerra porque todo se pierde con la guerra y todo se gana con la paz”.

También manifestó la estima y el aprecio que el país y la Iglesia chilena sienten por la colectividad, la que ha echado raíces profundas, teniendo muy presente sus orígenes. “Agradezco la presencia de las altas autoridades de la región en esta Santa Misa. Es un gesto que la Iglesia, promotora de la paz, valora así como también la colectividad árabe radicada en estas tierras. Este vínculo es el que la hace vibrar de manera muy especial, con los acontecimientos que se han desarrollado en nuestra tierra de origen”.

Monseñor expresó que “es motivo de gran tristeza apreciar que el pueblo palestino no logra vivir en paz y que sus anhelos de prosperidad se ven frustrados. Palestina no logra despegar y ello nos duele. Jerusalén, la Madre de todas las Iglesias llora por ello. La tierra dónde nació Jesús, el Salvador, el Rey del Universo, llora por ello”.

Afirmó que la colectividad árabe ha hecho un aporte significativo con la promoción de un sinnúmero de actividades tendientes a estrechar los lazos entre los descendientes de palestinos radicados en Chile y Palestina. “Ha demostrado, además una constante preocupación por los palestinos, especialmente los enfermos y los niños, que se ha materializado en significativos aportes de diversa índole. Además se caracteriza por su empeño de difundir los valores del pueblo palestino, y por el constante intento de promover el diálogo fecundo entre distintos estamentos de la sociedad. Los chilenos de origen palestino promovemos una clara opción por la no violencia y el diálogo sincero como único camino para alcanzar una paz fundada en la verdad y la justicia, el respeto al derecho internacional y a los tratados vigentes, así como al ser humano independientemente de su profesión de fe, raza o situación social”.

Indicó que como obispo, “por gracia de Dios que soy, como ser humano, como descendiente de palestino, me mueve el convencimiento más profundo de que nada justifica la violencia, y que la violencia sólo engendra más violencia. Me mueve el convencimiento de que la violencia es incapaz de poner los fundamentos políticos, morales y espirituales necesarios para construir una sociedad auténticamente libre”.

Finalmente llamó a trabajar con más ahínco “en los ámbitos propios de cada uno de nosotros de tal forma de que muy pronto se cumplan las palabras que Juan Pablo II pronunciara el año 1992 al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede: “qué bendición si esta Tierra Santa, pudiese convertirse en el lugar privilegiado del encuentro y de la oración de los pueblos, si la Ciudad Santa de Jerusalén pudiese ser signo e instrumento de paz y de reconciliación”.

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