Nuevo libro de Monseñor Fernando Chomali es un aporte a la evangelización

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Publicado el: 16 diciembre, 2011

En una ceremonia, que se realizó en el salón de actos del Arzobispado de Concepción, se efectuó el lanzamiento del libro Para reflexionar, escrito por Monseñor Fernando Chomali y publicado por la Editorial de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.

En la oportunidad,  la obra fue presentada por  el rector de la casa de estudios superiores, Dr. Juan Cancino Cancino, quien resaltó el contenido y profundidad de los artículos de Monseñor Chomali. Previamente intervino el director de la Editorial, Dr. Fernando Gutiérrez.

Monseñor Chomali cerró la ceremonia con una intervención, cuyo texto es el siguiente:

“Agradezco a todos quienes hicieron posible la publicación de este libro. De modo especial agradezco al Director de la Editorial de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Fernando Gutierrez A. y al Sr. Rector, Profesor Juan Cancino por su amable presentación.

Estas palabras pretenden dar cuenta de las razones por la cuales escribo. Es una práctica que forma parte de mi vida y que de vez en cuando terminan un artículo, una presentación un opúsculo y hoy, gracias a tantas personas de buena voluntad terminan en un libro. Estas breves palabras tienen tres partes. La primera es la dimensión estética de escribir, la segunda su dimensión ética y por último su dimensión evangelizadora.

Es notable como pequeños símbolos y tan pocos, creo que son 27, cuando se juntan es tanto lo que pueden decir. Es muy bello darle forma a un texto juntando las letras, sacarles el jugo para que queden lo mejor puestas posible y digan todo lo que tienen que decir.

A veces las letras son mañosas y difíciles de domar. Son rebeldes por naturaleza.

A través de minúsculas letras se puede estampar el alma humana y se puede proyectar. A veces hasta llegan a ser oración. Imagínense por ejemplo “Sólo Dios basta”. Qué potencia tienen esas 13 letras. A través de minúsculas letras se puede dar a conocer la realidad. Como si fuera poco, además, a través de ellas la realidad habla, se nos aparecen a nuestra inteligencia. Nos interpelan, nos remueven. De hecho por la Palabra, Dios se hizo presente en la historia en su amado Hijo, Jesucristo.

Yo provengo del mundo de los números. De niño me dijeron que tenía habilidades matemáticas. Y mi vida hasta los 26 años giró en torno a ellos. Tienen su belleza sin duda alguna, su orden, su propia lógica. Da gusto ver como se fraguan fórmulas que nos permiten comprender el mundo y dan explicaciones científicas de lo que nos rodea. Fui feliz aprendiendo matemáticas, resolviendo ejercicios y ver como se materializaban en obras concretas.

Sin embargo el mundo de las letras es mi fascinación. Recuerdo cuando leí el túnel de Ernesto Sábato. Quedé prendido por su orden, su belleza, sus frases, su misterio. Lo mismo aconteció con Martin Rivas de Alberto Blest. Y tantos otros libros que llegaron a mis manos estando en el Colegio. Recuerdo cuando una Navidad me regalaron Confieso que he vivido de Pablo Neruda. Fascinante su estructura. Ni una coma de más. Es el reflejo de la vida y el alma del poeta. Ni qué hablar de Altazor de Vicente Huidobro. Quedé prendido con Altazor y el Canto II me hizo literalmente llorar. Qué logro con pequeñas letras. Imagínense lo que dice el Canto II “Irías a ser muda que Dios te dio esas manos”. Qué belleza! Y con las mismas letras. Recuerdo también cuando un tío, que de seguro no terminó el colegio, pero era un lector compulsivo de amplia cultura, diría cultura superior, me dijo lee Resurrección de Tolstoi y la Sonata a Kreutzer. Notables cuentos. Entre paréntesis si este tío hubiese dado la PSU le habría ido pésimo, pero no he conocido dos como él. Imagínense a los 22 años leer la siguiente frase de Tolstoi en Sonata a Kreutzer: “la razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón”. Y todo con las mismas letras. Notable. Comencé a escribir mis primeros versos y ensayos desde muy joven. Fue cuando ingresé al Seminario que me fasciné aún más con las letras. La teología y la filosofía me ayudaron a comprender el mundo, a comprender a Dios, a comprenderme. La Biblia es el libro mayor. No hay ni habrá uno igual. Y las encíclicas son bellas y verdaderas. Recomiendo Fe y Razón de Juan Pablo II y también Veritatis Splendor del mismo Sumo Pontífice. Una belleza Dios es amor de Benedicto XVI.

Me impresionaba mucho leer a Santo Tomás, san Agustín, Edithe Stein, Rahner, Danielou, Von Balthasar, y tantos otros que me fueron moldeando, me fueron dando vuelta en la cabeza y se convertían en ideas, en alegría, en gozo y en cierta nostalgia. ¿por qué no lo intento?

Junto a ellos comencé a indagar en la poesía de Enrique Lihn, Neruda, Rafael de León, Whitman. Además leí los miserables de Víctor Hugo, el extranjero de Camus, de Kafka la metamorfosis y de Hesse el lobo estepario y Demian. Qué libros! que obras de arte! qué belleza! Y qué valentía cuando el autor juntaba las mismas 27 letras y nos abrían al mundo con su propio mundo.

Hace poco leo y releo la resistencia y antes del final de Sábato. Dos obras maestras que recomiendo vivamente. Hay libros que me quedan grandes. Los he comenzado 10 veces y los he abandonado 10 veces. Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez, no así, el coronel no tiene quien le escriba, ni sus memorias. También abandoné Conversaciones en la Catedral de Vargas Llosa. Muy largo y difícil. Y también abandoné Ana Karenina. Admiro a quienes los han leído enteros y lo ha gustado. Yo no me la pude. Tal vez un día. ¿Quién sabe?.

Allí pasé a otro momento, el momento de escribir por razones éticas.

Me mueve en la vida decir lo que pienso y creo. Me mueve el deseo de transmitir mis convicciones, incluso en medio de mis propias contradicciones. Es un modo de hacerme presente, de participar en la vida nacional. Quiero ser un aporte a Chile no un lastre. Y este es un modo de participar y aportar. Escribir es siempre un aporte porque es un acto de humildad dado que uno se expone. En ese sentido escribir a de ser un acto de valentía. Es un debe ético decir lo que uno piensa y contrastarse con los demás. La búsqueda de la verdad es un ejercicio personal, tal vez el más, pero se realiza en comunidad y para la comunidad. Escribir ha sido un acto de resistencia frente a tanta violencia, diálogos de sordos e incomprensiones. Creo firmemente que es un deber juntar las letras y darle a conocer al mundo palabras bellas llenas de contenido que están desgastadas y mal usadas. Amor, alma, espíritu, persona, ser, hacer, existir, trabajar, morir. Es un deber ético recordar lo sublime y maravilloso que es cada ser humano en medio de tanto horror y desesperanza. Es un debe ético juntar las letras para hacerse preguntas y hacerlas, para comprender y comprenderse, para razonar y volver a comenzar una y mil veces. La vida la concibo como un gran regalo que adquiere sentido pleno cuando es para los demás desde lo que somos y lo que pensamos. Nadie es tan pobre que no pueda aportar y hacer algo por alguien. Si hay algo que he pretendido es ser transparente. La escritura es la ventana por la cual me doy a conocer y por la cual conozco.

La tercera razón por la cual escribo es porque es un método eximio de evangelizar. Digo al igual que San Pablo, “Ay de mí si no evangelizara”. Tengo a fuego la invitación de Juan Pablo II a evangelizar el nuevo milenio con nuevos métodos, con nuevo ardor, con nuevas expresiones. Lo que he escrito quiere mostrar la urgencia de una búsqueda sincera de la verdad. Sin verdad no hay justicia y sin justicia no hay paz. Estos textos pretenden acercarse a la realidad, a la compleja realidad, comenzando por la propia. Creo que se ha traicionado la realidad y traicionándose la realidad se traiciona la verdad. Hemos de volver a comprometernos con ella. Eso es para mí evangelizar la cultura. Aspiro que cuando un creyente o un no creyente lea estas líneas diga esto es verdad, esto es razonable, esto tiene sentido. Con eso quedo más que feliz. Sólo quien se aproxima a la verdad puede comenzar a conocer a Dios y asombrarse de su Ser. Sólo así se llega a la oración que nos marca la vida. Creo que al final de la vida uno es lo que reza. Y uno reza cuando tiene preguntas que no puede contestarse a sí mismo.

Debo reconocer que estoy altamente motivado en volver a encantar al católico entibiado, al católico desilusionado. Y lo quiero hacer con la belleza del Evangelio y la vida de la Iglesia en estos dos mil años. Quisiera volver a verlos en Misa, al interior de la comunidad. Para ello he de mostrar que la fe no obstaculiza la libertad, sino que es más bien un camino de libertad, no obstaculiza la búsqueda de la verdad sino que se abre a ella con nuevas luces. Mi vida es un intento, imperfecto por cierto, de mostrar la luz del Evangelio en toda su luminosidad, simpatía y realismo en cuanto que toca la vida concreta del hombre y de la mujer de hoy. Mi anhelo es hacer ver la alegría que significa ser católico y mostrar las luces de esperanza que hay en toda su enseñanza la que en lo personal me ha dado vida y consuelo en medio de las vicisitudes propias de la vida. Evangelizar es la razón última de mi vida y buscaré, con la ayuda de Dios y de su Santo Espíritu, nuevas expresiones y nuevos métodos. Soy un convencido que sin Dios no somos nada y sin el conocimiento de Cristo nuestra vida es pobre”. 

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