Obispo misionero en Centroáfrica visitará Chile

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Publicado el: 7 noviembre, 2014

La próxima semana Mons. Juan José Aguirre estará en Chile, invitado por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS). El ha vivido en carne propia la persecución por ser cristiano, y cada día arriesga su vida para seguir acogiendo a los católicos y musulmanes que son víctimas de la pobreza y la miseria.

Hace 34 años, Monseñor Aguirre, por entonces un joven sacerdote comboniano atravesó los más de 6.000 kms que separan España para irse a misionar a República Centroafricana, el segundo país más pobre del mundo, varios cientos de miles de desplazados internos y la mitad de niños sin escolarizar. El se fue  a predicar el evangelio con palabras y con hechos. Se fue, como él mismo dice, “a siete días de coche del teléfono y del médico más cercano. A llorar con los que lloran. A coger los niños en brazos y sentir su temblor en todo el cuerpo”.

Su diócesis, Bangassou, cuenta con 400.000 habitantes. Ser obispo allí es duro. Nunca pensó que viviría situaciones tan extremas como las que ha tenido que afrontar junto a su pueblo. Un país sacudido por la miseria y la violencia de numerosos grupos armados que han destruido todo el territorio dejando un reguero de sangre y terror.

“Nos robaron todo menos la fe”

Mons. Aguirre ha pasado por todo tipo de situaciones, la mayoría de las veces nos hace temer por su vida, pero nunca ha abandonado. Ha hecho frente a Joseph Kony y su fanático Lord Resistance Army (LRA) quien se paseaba a sus anchas por su diócesis secuestrando a niños para convertirlos en soldados de su particular ejército de criminales y asesinando a inocentes. Más recientemente ha enfrentado al grupo yihadista Seleka, quienes durante el año 2013 se instalaron en el país sembrando el caos y el terror. Sin duda, uno de los peores años desde que llegó al país. El trabajo pastoral de los últimos 15 años se desvaneció.”Había violaciones constantes a mujeres. Nos robaron todos los medios de transporte, más de 30 coches. Nos robaron todo menos la fe. Yo iba a pie a todas partes, caminando con mi mochila… Nos quemaron el hospital pediátrico, el centro de internet, la farmacia… Fuera de Bangassou había ejecuciones sumarias a adultos y niños. La gente, musulmanes y cristianos se refugiaron en la misión, los Seleka lanzaron una granada entre la multitud, volaban brazos y piernas. La muerte en República Centroafricana es muy barata.”

Los islamistas radicales se han dispersado por África, son sangre, abusos y violencia. Hace poco apresaron a uno de estos cabecillas en la diócesis de Bangassou. Cuando se lo llevaban detenido, la gente se desahogó por todo el sufrimiento que habían padecido gritándole las más innombrables expresiones de odio e ira. Fue entonces cuando Mons. Aguirre se acercó al criminal y le tendió la mano deseándole un buen viaje, y tras él, algunas de las víctimas de sus delitos hicieron lo mismo.

Mons. Aguirre recuerda que tras su primera misa, en la misión, cuando se quitaba la casulla, el Padre Nicolás, otro comboniano ya veterano, le dijo: “Sal allí fuera y saluda a la gente: te quieren bendecir”. Y lo hicieron: “Me escupieron en las manos, porque yo era el puente que los unía con el Creador”. Después el P. Nicolás le dijo que tenía que saludar a los leprosos. “Llegaban arrastrándose sobre sus muñones a la altura ya de la rodilla, y me alargaban sus manos que eran sus codos, mientras me transmitían su aliento de vida frotándome sus partes blandas, narices, labios y orejas que ya no existían. Yo temblaba aterrado. Y entonces, el P. Nicolás me susurró al oído “Tócalos con el amor con que tocas la sagrada forma, porque es al mismo Cristo a quien estás tocando”. Este pensamiento le acompaña siempre.

Monseñor Aguirre ayuda a miles de refugiados que llegan a su diócesis, protege a las ancianas acusadas de brujería, lava, perfuma y cuida a los enfermos de sida que le traen en una carretilla cuando ya sólo pesan 40 kilos y ha arrancado de la muerte a numerosos bebés de su diócesis, como a Miriam, que llegó con dos días de vida. Su madre había muerto en el parto y su padre la trajo en una bolsa: “Si no la quiere, tírela a la basura”. Hoy tiene 9 años y sonríe con sus amigas, hijas de niñas que fueron violadas a los 12 años. Cuida de enfermos de malaria y de sida, las auténticas epidemias en África.

Alguien le pregunta por el ébola. “El ébola hace 40 años que existe en 5 países. Los médicos están haciendo una labor magnífica contra el ébola, pero no salen de su perímetro porque así lo tienen establecido por contrato. Liberia es muy grande y a 50, 100 kms. también se combate el ébola, por agustinos recoletos, javerianos, de la madre Teresa de Calcuta, de San Juan de Dios, de María Auxiliadora… pero no salen en la tele porque tampoco los periodistas abandonan su perímetro, como no salieron las nueve monjas que cayeron una tras otra en el Congo, pero ellos sí están allí”.

Su corazón arrastra dos infartos y padece malaria crónica entre otras cosas, pero su tarea no ha acabado, aunque él ya sueña con retirarse a una leprosería, a darlo todo. La próxima semana Mons. Aguirre estará en Chile, invitado por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS). Infórmate de sus actividades en la web de AIS.

 

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