Papa Francisco ordenó a sacerdote oriundo de Coronel

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Publicado el: 27 abril, 2015

Leonel Torres Lara, el nuevo sacerdote del Redemptoris matter se ordenó este domingo en Roma.

En este Cuarto Domingo de Pascua, en medio de la Jornada Mundial por las Vocaciones, el Papa Francisco ordenó a 19 nuevos sacerdotes en la Basílica de San Pedro, dos de ellos chilenos y uno proveniente de la Parroquia Familia de Nazareth de Lagunillas.

Leonel Torres Lara, se ordenó como diácono en tránsito por el Colegio Diocesano Misionero Redemptoris Matter el año pasado, y este fin de semana selló su vocación sacerdotal acompañado de más de 30 neocatecúmenos de su parroquia, entre ellos sus padres, amigos y hermanos de comunidad.

 

A continuación te dejamos una entrevista exclusiva que Leonel dio hace algunos meses a la revista Nuestra Iglesia.

Su ingreso al seminario no fue fácil, comenzó la preparación para el sacerdocio en Madagascar hace aproximadamente 12 años. Fue una etapa dura, en la que además de contagiarse la Malaria, debió adaptarse a una realidad completamente distinta a la que llevaba en su casa. En África “nos daban unas montañas enormes de arroz solo, sin sal, sin nada,  y si estaba rico o malo no importaba porque lo único importante era sobrevivir”, comenta.

 

¿Cómo surge la idea de entrar al seminario?

Fue todo sorpresivo porque nunca tuve la intención de entrar en un seminario, yo estudiaba ingeniería en la Católica, tenía muchos amigos, y una familia cristiana que me traspasó la fe, la costumbre de rezar laudes los domingos y muchas cosas. Mis padres participan en el Camino Neocatecumenal, entonces siempre estuve rodeado por esta realidad, pero nunca la sentí del todo mía.

En esa época yo usaba el pelo largo, salía con mis amigos, estudiaba, pero había algo dentro de mí que decía: “Esto no es la felicidad”. Entonces como joven hacía otra cosa más loca para buscar la felicidad. Empecé a buscarla en todo, en los afectos, en la familia, en lo carretes y no la encontraba nunca. En ese momento el Padre Jorge Araya llegó a la Parroquia Familia de Nazareth, donde yo participaba, a ayudar al Párroco Rafael San Per, y me pidió que lo acompañara en sus actividades.

 

¿El Padre Jorge te incentivó a llegar donde estás ahora?

El padre Jorge me pidió ayuda, yo lo acompañaba a misas, a visitar enfermos, a bendecir casas, y siempre me llamó la atención que era un hombre feliz y me daba vueltas la idea de que aún siendo cura se podía ser feliz. Con el padre compartí mucho, hablábamos de fútbol, de la vida, de todo, pero él nunca intentó convencerme de entrar al seminario ni nada por el estilo.

Un sábado fui a la eucaristía y el evangelio me llegó mucho, quedé tan impactado con la felicidad que sentí que ni si quiera salí a carretear… Después de eso fui a conversar con el Sacerdote y me invitó a una convivencia de itinerantes, y me mandaron a misionar a Copiapó y Antofagasta con un matrimonio y un seminarista, allá se gatilló esa felicidad que andaba buscando. Después de dos años ahí me mandaron al seminario de Madagascar.

 

¿Cómo fue tu experiencia en África?

A Madagascar, junto a siete seminaristas fuimos el primer grupo en llegar, cada uno tenía su bicicleta y ese era todo el patrimonio del seminario. Llegamos a conocer la cultura, a convivir con ellos, porque la evangelización también tiene que ver con eso, uno no puede llegar con un idioma y cultura occidental a un lugar donde todo es por sobrevivir. Nos daban unas montañas enormes de arroz solo, sin sal, sin nada,  y si estaba rico o malo no importaba porque lo único importante era sobrevivir, era una situación bien extrema.

¿Lograron evangelizar a la gente de ahí?

Yo creo que sí, porque la gente de allá siempre veía a los misioneros, particularmente a los blancos, como personas que venían de lejos y que se preocupaban por ellos. También apreciaban que vivíamos en las mismas condiciones que ellos, teníamos la misma agua, las mismas comidas, las mismas goteras en la casa, y en ese sentido yo creo que ellos vieron que nosotros no íbamos a venderles un producto, sino que sólo queríamos compartir con ellos las cosas que Dios  había hecho con nosotros.  Después de los dos años, cuando me fui, construyeron un seminario que ya existe desde hace 10, y se han ordenado los primeros curas.

 

¿Cómo fue el cambio de África a Roma?

EL cambio fue súper fuerte, porque tú piensas ahh yo estuve en África, me dio la malaria, soy un hombre fuerte, pero llegas a Roma y te das cuenta de que no eres nadie, porque ahí está el Papa y los demás somos todos iguales. Uno siempre cree que es alguien, pero en esas situaciones se da cuenta de que no es nadie. Además entré a estudiar filosofía y no entendía nada, yo prefería que me pasaran cosas de ingeniería, matemáticas, las integradas, etc. pero no filosofía, también el idioma se me hizo un poco difícil porque venía de aprender el africano, el primer año se me hizo difícil, pero al final aprendí el italiano bastante bien y me familiaricé con los estudios.

Estar en la beatificación de Juan Pablo Segundo, y otras cosas fueron gracias muy grandes que El Señor me regaló allá.

 

¿Que mensaje darías a los jóvenes que aún no saben que hacer con su vida?

Yo lo único que puedo decir es que soy feliz con lo que el señor me ha dado, entonces si el Señor lo hizo conmigo ¿Cómo no lo va a hacer con otro? Yo que me resistí por tanto tiempo, hoy estoy feliz.

Si el señor te llama a algo, sea cual sea la vocación, tener una familia cristiana, ser una monja, sacerdote, un misionero, lo que sea, el Señor te  da la gracia para ser feliz, porque el señor no nos quiere tristes, no nos quiere dar algo como un peso. Es como que yo dijera ya el señor me llamó a hacer cura, hay que echarle para adelante no más, no, hay que ser feliz.

El señor llama a mucha gente, y uno se ve  pobre, así como me pasó a mí, que me sentía un vanidoso, un pecador con mayúscula, cómo me iba  a llamar a mí, por eso es importante no escandalizarse de cómo es uno, porque el señor te ama como eres.  A mí el Señor me llamó, me quiere como soy y también me ayuda, y en esto la gracia del espíritu santo es fundamental. El señor te ama como eres. Porque sino uno pasa a ser un moralista, que tú tienes que cambiar, porque cuando cambies el señor te va a amar, y no es así, el señor nos ama tal cual somos. El problema está cuando nos cansamos de recibir su misericordia.

Si el señor te llama es porque sabe cómo eres.

Hoy el nuevo sacerdote del Camino Neocatecumenal tiene plena disposición a lo que Dios quiera hacer con él en esta nueva etapa de su vida, en la que está al servicio de la Dios y de la Iglesia.

 

 

 

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