Para mí esos años fueron de mucho don de Dios en mi vida

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Publicado el: 25 junio, 2013

Al hablar de historia en nuestra Arquidiócesis, es imposible dejar de lado el nombre de Monseñor Alejandro Goic Karmelic, Obispo Auxiliar entre 1979 y 1991 de la Arquidiócesis de Concepción y actual Obispo de la Diócesis de Rancagua.

Miles de personas de la Iglesia de Concepción aún lo recuerdan con gran cariño, sobre todo los que en esa época eran jóvenes y gente que participaba en las distintas comunidades parroquiales, con quienes este pastor compartió cercanamente logrando una gran empatía.

¿Cómo recuerda sus años de servicio pastoral en la Arquidiócesis de la Ssma. Concepción?

Con profundo cariño y gratitud. Yo viví 12 años ahí como Obispo Auxiliar joven, sirviendo en esa querida Iglesia que de alguna manera marcó mi ministerio de pastor, porque me tocaron épocas muy complejas en una Iglesia muy viva y muy dinámica colaborando con tres pastores: Monseñor Sánchez, José Manuel Santos y luego don Antonio Moreno. Además, me tocó estar casi un año y medio como Administrador Apostólico cuando quedó vacante por la renuncia de Monseñor Santos. Para mí esos años fueron de mucho don de Dios en mi vida, haber conocido a tantos laicos, consagradas y sacerdotes con una gran capacidad de entrega y generosidad en una época muy compleja de la patria.

 

 

¿Qué es lo que más lo marcó como obispo auxiliar de Monseñor Manuel Santos?

Con Monseñor Santos, a pesar de la diferencia de edad que teníamos, fue para mí un verdadero amigo y un hermano, lo quise mucho y lo sigo queriendo mucho. Su testimonio de pastor me conmueve hasta hoy día. Lo que más me marcó de él fue su amor a la verdad, un hombre con búsqueda de la verdad extraordinaria. Quisiera contar un breve episodio que refleja lo esencial  de esta búsqueda de él; hubo una dificultad muy seria por una ocupación de una parroquia en Lota Alto y Mons. Santos pidió explicación de eso a la máxima autoridad regional, que en ese tiempo era un General, pasaron más de 80 días y no había respuesta, entonces el Arzobispo le escribe una carta que en la parte medular le dice: “lo que usted más ama, seguramente es el ejército después de su familia, porque al ejército le dio su vida, como yo lo que más amo es la Iglesia a quien le he dado mi vida, pero sabe cuál es la diferencia entre usted y yo, que usted para salvar al ejército no le importa mentir, si yo para salvar a la Iglesia tuviera que mentir no mentiría, porque antes que la Iglesia está la verdad”. Ese episodio refleja lo que era Mons. Santos, un hombre que buscó en su ministerio servir a la verdad. Recuerdo, que una ocasión me dijo: “Alejandro vamos a defender la dignidad humana, te pido que me ayudes a que aquello que vamos a anunciar sea realmente cierto”, porque en esa época había muchos interesados en decir a la Iglesia cosas que no eran ciertas. Así fue como en los cinco años que colaboré con él, nunca nadie pudo desmentirlo, porque todas las denuncias que hizo en una época difícil estaban cimentadas en la verdad de los hechos. Yo diría en síntesis que lo que más me marcó fue su amor a la verdad.

¿Cómo era su relación con la gente de las parroquias?

Yo era un hombre joven, sano, no con los problemas de salud que tengo ahora, por lo que viajé mucho por la Octava Región, por toda la provincia de Arauco y Concepción, tuve mucho contacto personal con cada una de las parroquias, con muchas de las comunidades sectoriales, compartiendo con los sacerdotes, las religiosas, los laicos. Fue una etapa de mi vida muy hermosa que recuerdo con profunda gratitud, y como digo yo, venía desde el sur, sacerdote joven con 39 años de edad y ahí estuve hasta los 51 años. Creo que Concepción y sus comunidades me enseñaron a ser obispo por ese contacto tan directo con su laicado tan comprometido, que fue para mí un apoyo tremendamente eficaz junto con el clero y la vida religiosa.

¿Qué experiencia vivida en esta tierra ha quedado como un memorial para usted como sacerdote?

Muchas cosas, por resumir, podría mencionar dos: una intraeclesial y otra extraeclesial. Intraeclesialmente fue la visita pastoral que hicimos a todas las parroquias con Monseñor Santos, una visita que tenía una preparación previa de varias semanas con un cuestionario que ambos íbamos a presentar a los consejos pastorales. Luego, la visita pastoral propiamente tal de tres días y luego la pos visita para ver cómo la parroquia había asumido las sugerencias que el pastor y su obispo auxiliar les habían dejado. Esto de hecho está plasmado en un pequeño libro que yo escribí en una colección del CELAM, con ocasión de los 500 años de la evangelización del continente. Y la otra experiencia fuerte que me marcó en esos años con Monseñor Sánchez y Monseñor Santos fue la defensa clara, firme y decidida que la Iglesia de Concepción hizo al apoyar y estar cerca de todos los que eran perseguidos por el gobierno militar debido a sus ideas y su pensamiento. Una Iglesia claramente comprometida con la dignidad  humana, recuerdo con profundo cariño al padre Carlos Puentes, asesor de la Pastoral de los DD.HH. y el equipo de abogados y profesionales, entre ellos Jorge Barudi y Martita Werner que fueron defensores de la dignidad humana en esa querida Región.

¿De qué forma lograba tener tanta cercanía con los jóvenes de aquella época que aún lo recuerdan como un obispo muy paternal?

A mí me tocó crear las peregrinaciones de jóvenes a Yumbel, a ese santuario donde el pueblo creyente venera a un mártir de la fe, a un testigo de Cristo que dio su vida por Él. Y se me ocurrió junto con otros hermanos, comenzar con esa peregrinación que, gracias a Dios, ha seguido con todos los hermanos obispos, siendo un hito en la vida de la Pastoral Juvenil, y creo que muchos de esos jóvenes en las peregrinaciones que a mí me tocó participar, que fueron muchas, son ahora adultos y recuerdan justamente esa experiencia de fe, lo mismo que los centros de vacaciones poblaciones, en que logramos tener en algunos momentos cerca de 20 mil niños atendidos en las parroquias, con 2 mil jóvenes monitores. En una época de poca participación por la situación política, la Iglesia captó el sentir de niños y jóvenes, y como fui uno de los impulsores, seguramente por eso, muchos de ellos todavía se recordarán de mí. Agradezco ese cariño y esa amistad que surgió en aquellos años tan difíciles, pero al mismo tiempo, tan hermosos y tan comprometidos con Cristo y el Evangelio.

¿En algún momento deseó volver a trabajar en la Iglesia de Concepción?

Bueno, eso no se ha dado, pero sin duda que Concepción está en parte de mi corazón, yo ahí estudié toda mi formación sacerdotal con excepción del último año que terminé en Santiago, y luego, trabajé por 12 años con tres arzobispos y un tiempo como Administrador Apostólico, es una experiencia que me marcó mucho, pero Dios me ha ido llevando por otros caminos, por Talca, por Osorno y por Rancagua, pero sin duda que Concepción es para mí una parte esencial de mi vida y de mi historia.

Al cumplir 450 años de vida ¿Qué mensaje le envía a esta Arquidióceis donde usted forma parte de su historia?

Primeramente, saludar al Arzobispo actual, Monseñor Fernando Chomali, a todos los hermanos sacerdotes, religiosas, laicos y a todo el pueblo de esa querida Región. Creo que es un hito que celebren 450 años de vida de una historia muy rica. Les deseo que ese Espíritu que ha animado a una Iglesia tan comprometida, pueda continuar en el aquí y en el ahora y que sigan siendo pioneros en la defensa de la dignidad humana y en el anuncio especialmente de Jesucristo que para la Iglesia es la fuente de vida. Que Él siga acompañando siempre a esa querida Iglesia como a toda la Iglesia en Chile y en el mundo, ahora por este pastor que ha traído tanta esperanza como lo es el Papa Francisco. Dios les bendiga.

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