Párroco del Buen Pastor Se despide agradecido

Más Iglesia Arquidiocesana

Publicado el: 4 enero, 2019

Agradecido y lleno de esperanza, el padre agustino, Juan Francisco Constanzo Parada, deja la parroquia El Buen Pastor de San Pedro de la Paz, donde realizó, durante 7 años, su misión pastoral. Ahora, su congregación le ha encomendado una nueva misión y desafío, en el extranjero.

El P. Juan Francisco fue ordenado el 17 de diciembre de 2011, en la Iglesia San Agustín de Santiago, por manos de Monseñor Ricardo Ezzati. El 1 de enero fue destinado, como vicario,  en la Parroquia El Buen Pastor de San Pedro de la Paz y el 21 de abril de 2013, fue nombrado Párroco, en este lugar.

Mientras prepara su maleta, expresa agradecido que “esta misión ha sido bastante enriquecedora, ya que uno se encuentra con la humanidad misma, no hablo de lo bueno ni lo malo, solo humanidad, que es lo que nos impulsa a servir”.

En este tiempo, comenta a manera de síntesis de su tarea pastoral que “podría destacar el valioso trabajo sinodal que hemos realizado en las distintas comunidades, donde las personas se han ido involucrando en las tareas laicales y una preocupación especial por los más pobres de nuestra Parroquia. Los jóvenes y los niños, sin duda, que también han sido una de nuestras mayores preocupaciones y cuidado”.

Afirma que la parroquia es una comunidad que se caracteriza por su fortaleza espiritual y las ganas de realizar actividades en bien de la construcción del Reino de Dios, donde todos forman parte. “Es una parroquia abierta a las necesidades de los hermanos y capaz de discernir los signos de los tiempos y dar respuesta a ello”, subraya.

Su Congregación le ha encomendado un nuevo e importante desafío. “En este momento, he sido destinado para formar parte del equipo de formación del noviciado intercircunscripcional Agustiniano, que tenemos en la ciudad de Lima (Perú), por dos años. Es por ello, que deberé dejar este servicio parroquial, partir el 12 de enero del presente año, pero siempre con el corazón puesto, no donde yo quiero, sino donde Dios me necesite”, afirma.

En lo personal “este nuevo servicio es un gran desafío, ya que implica seguir acompañando a jóvenes en su discernimiento vocacional y, Dios mediante, puedan consagrar su vida al Señor, con todo lo que implica la vida religiosa hoy día. Sin duda, que la carencia de vocaciones debe ser una preocupación no sólo para el promotor vocacional, sino para todos aquellos que nos hemos consagrado”, señala.

El P. Juan Francisco antes de dejar la zona, reflexiona sobre la crisis vocacional, en el sacerdocio. Y sobre sus causas, concluye que “si nos preguntamos cuáles son las causas de la falta de vocaciones, tal vez encontremos muchas externas y otras internas. A saber, en las externas está todo aquello que nos invade de afuera y que para los jóvenes es más atractivo, instantáneo y, al parecer, les da felicidad. También hay causas internas, como la poca capacidad que tienen los jóvenes, a veces de entrar en sí mismo; los papás ya tampoco enseñan la fe, las familias son distintas, puede haber muchas causas, pero es ahí donde debemos ser capaces de mostrar que esta vocación también es una opción muy válida y lo sigue siendo. Conozco jóvenes que hoy, pese a todo lo que sucede en nuestra Iglesia, están dispuestos a consagrar su vida y, entonces, uno se da cuenta que es Dios quien sigue llamando en el 2019 a jóvenes y los quiere felices”.

Agrega que “la sociedad, en todo momento, va cambiando. Ahora, tal vez más materialista y consumista que antes, pero no nos debe asustar, debe desafiarnos a poner la atención, no en las cosas que podemos tener, sino cómo aquello lo podemos utilizar haciendo el bien a los demás. Tenemos que ser capaces de volver hacia nosotros mismos para ver qué tenemos y luego salir al encuentro del Otro, con rostro concreto, nuevamente humanidad a la que estamos llamados, a ser realmente seres llenos de humanidad”.

Finaliza, precisando que “los jóvenes de hoy deben cuestionarse, deben desafiarse, deben conocerse e inquietarse por algo mayor, más feliz y más pleno, no conformarse con lo mínimo. Deben ser capaces de encontrar a Dios que habita en ellos, aunque ellos nieguen que lo tengan. Deben dejarse encontrar por Aquel que es paz y misericordia infinita. En definitiva, deben ser jóvenes que se amen, sin tilde”.

 

Más Iglesia Arquidiocesana