Sacerdote iraquí Douglas Bazi víctima del Estado Islámico visitará Concepción el 30 de octubre

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Publicado el: 25 octubre, 2015

Será ocasión de escuchar sus impactantes testimonios y su mensaje de fe y esperanza.

El padre Douglas Bazi, párroco de la iglesia de San Elías en Erbil (Iraq), ha sido testigo de un milagro: dice que rezando el rosario se salvó de ser asesinado por el grupo terrorista ISIS, que lo tuvo secuestrado por nueve días. Hoy sigue viviendo en su parroquia acogiendo a 110 familias cristianas que han huido del Estado islámico y que probablemente será imposible que vuelvan a sus hogares.

El sacerdote iraquí relató a la prensa que luego de salir de oficiar la misa y de camino hacia su casa, dos vehículos lo interceptaron y se lo llevaron. Luego lo encerraron durante nueve días, tiempo en el que sufrió torturas por parte de sus captores.

“Sangraba muchísimo porque me habían dado muchos golpes en la cara con un martillo y con las rodillas”, confesó.

El padre dijo que “rezó los mejores rosarios de su vida” con ayuda de los eslabones que tenía atados a su cuello, que le sirvieron para seguir los rezos. Durante su cautiverio de nueve días no comió ni bebió nada.

“Mi primer pensamiento fue ‘este es mi fin, me van a matar’”, dijo el párroco iraquí y añadió que le sorprendía continuar con vida.

Más ataques

El secuestro que vivió el padre Bazi no es el primer ataque que sufre por parte del grupo islámico. Según relató, grupos radicales ya han lanzado morteros contra su iglesia, pusieron una bomba en el templo e incluso lo hirieron de un tiro en una pierna.

Bazi pide que el mundo no se olvide de los cristianos y proteja a esta minoría religiosa en Medio Oriente que ha sido atacada históricamente y ha provocado desplazamientos forzados de los creyentes.

El sacerdote pide más escuelas, más educación para poder llevar el progreso a través de las oportunidades para los más jóvenes, a pesar de que los grupos radicales “no acepten ningún grupo educado”.

El sacerdote visitará Chile entre los días 27 y 30 de octubre, con el apoyo de la Fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre y estará el día viernes 30 en el salón auditorio San Lucas de la UCSC, Alonso de Ribera2850 Concepción.

Su testimonio es impactante, pero es un testimonio de fe y esperanza.

De visita reciente en España, el destacado Diario La Razón lo entrevistó y este es su testimonio:

«El Estado Islámico llegará hasta aquí. Vuestros hijos están en peligro»

Al padre Douglas Bazi, sacerdote iraquí, todo el mundo le recuerda su parecido con el actor Robert de Niro. Su rostro sonriente y su buen humor no dejan entrever una vida cargada de sufrimientos, «los mismos que ha pasado mi gente», como insiste. Él, que se considera un afortunado, fue víctima de ataques bomba –uno de ellos destruyó su iglesia–, fue tiroteado e incluso secuestrado durante nueve días. Le costó años empezar a hablar de ello, pero tomó una decisión hace pocos meses: el futuro de su pueblo estaba en juego. En su paso por España, a donde ha llegado para ofrecer su testimonio con motivo de la Jornada de Oración por los Cristianos Perseguidos, que se celebra hoy promovida por Ayuda a la Iglesia Necesitada, pide auxilio: «Estamos muriendo».

–¿Por qué está hoy aquí?

–Vengo aquí porque me ha invitado Ayuda a la Iglesia Necesitada a dar mi testimonio, a contar lo que sucede en mi país. Sólo quiero que nuestra voz sea escuchada. No vengo en representación de mi pueblo, yo soy ese pueblo. Lo que a él le sucede, me sucede a mí. No soy un líder ni un héroe, sino un iraquí más, orgulloso de serlo y enamorado de mi país.

–Su historia pone los pelos de punta… Y sigue allí. ¿No se ha planteado nunca marcharse?

–El hogar es el hogar. Quiero a mi país y por eso sigo allí, pero no soy una héroe. Mi intención no es sobrevivir. Siempre digo que me gusta mucho la vida en Alemania, pero sé que es imposible llevar a toda mi gente allí. Lo que sí puedo hacer es traer el sistema alemán a mi país. Yo podría vivir cómodamente fuera, pero ¿es la vida que quiero? Llegué a Madrid el domingo y varios compatriotas se han ofrecido para enseñarme la ciudad, pero yo no he venido para hacer turismo ni para descansar. Estoy aquí para decir que mi pueblo está muriendo.

–¿Fue el secuestro lo peor que le ha pasado?

–Le soy sincero si le reconozco que el secuestro no me sorprendió, lo que me sorprendió fue sobrevivir. Me habían atacado antes con bombas, me habían disparado con una AK-47, habían derribado mi iglesia. Viví la misma tragedia que todos viven. Guardé silencio durante años, pues no es fácil poner palabras a esa experiencia, porque mis amigos me lo aconsejaron y porque quedan secuelas.

–¿Cuáles?

–Durante el cautiverio, me dejaron cuatro días sin agua y ahora nunca me voy a la cama sin algo de agua cerca. Además, me cuesta al menos dos horas conciliar el sueño. Nunca olvidaré esos nueve días. Recuerdo que lo único que pedía a mis secuestradores es que si me mataban se lo comunicasen a mi familia. No tenían que devolver el cuerpo, sólo informarles.

–¿Por qué decidió hablar?

–Empecé a hablar cuando me di cuenta de que no se trataba de mí mismo, de cómo me sentía, sino de la historia de mi gente. Soy afortunado porque puedo hablar, pero ¿y aquellos que no pueden o tienen miedo? Cuando narro lo que me ha sucedido ya no hablo de mí mismo, sino de mi pueblo; no es mi experiencia sin agua, sino la de mi pueblo.

–Imagino que rezó mucho durante su cautiverio…

–Viví un signo muy bonito. Las esposas con las que me ataban tenían una cuerda con diez nudos que usé para rezar el Rosario. Fue la mejor oración de mi vida.

–Y ahora trabaja en Erbil con los cristianos desplazados.

–Hacemos lo que solía hacer Jesús: curar. O lo que es lo mismo, cuidarles y ofrecerles formación y habilidades para salir adelante. Nos centramos sobre todo en niños y adolescentes, porque son el futuro. Le enseñamos música, cine, danza, deporte, idiomas… Hay que mantenerles ocupados y aprendiendo. Si queremos derrotar al Estado Islámico tenemos que promover el conocimiento.

–¿Teme que Irak y Oriente Medio se queden sin cristianos?

–A mucha gente le preocupa esto, pero yo prefiero pensar que no será el fin del cristianismo si los cristianos son expulsados. Más aún, creo que podemos ser fuertes como comunidad, podemos llevar a cabo acciones a nivel internacional para presionar a los gobiernos. Esperamos cien años para que un Papa hablase del genocidio armenio y no queremos esperar otros cien a que se reconozca el genocidio de los cristianos en Irak.

–¿Os sentís olvidados?

–No es el olvido lo que me preocupa, sino la indiferencia. Cuando uno olvida, se le puede agitar para que reaccione, pero si es indiferente… Mi gente está decepcionada y se pregunta si Occidente es consciente de la situación.

–¿Somos conscientes de la amenaza del Estado Islámico?

–La próxima generación del Estado Islámico llegará aquí. Tienen buenas condiciones para establecerse, porque los protegéis con la ley. Estáis acogiendo a gente mala. Lo que me horroriza es que vuestros hijos están en peligro. Tendrán problemas, sufrirán por el islam o serán islam.

 

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