Seminario Metropolitano de Concepción: Abandonarse en los brazos de Cristo

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Publicado el: 15 abril, 2013

La Iglesia de Concepción está viviendo un período significativo. El 22 de mayo cumplirá 450 años de vida y con ello se inicia el período de sínodo, es por ello que la figura del sacerdote y del seminarista se vuelve más fundamental que nunca, pues se necesitan verdaderos solados de Cristo que guíen la tarea de evangelización.

La Arquidiócesis de la Ssma. Concepción está ad portas de vivir un proceso importante de crecimiento: a fines de mayo cumple 450 años y con ello se da inicio al séptimo sínodo de su historia con el fin de establecer las líneas de desarrollo para las próximas décadas.

Sin embargo, nuestra Iglesia al igual que otras instituciones, no está exenta de problemas. El número de vocaciones sacerdotales ha disminuido en las últimas décadas. Si hace diez años el Seminario Metropolitano de Concepción contaba con 50 seminaristas, en la actualidad dicha cifra ha disminuido a 37.

Esta es una realidad en la que toda la Iglesia y su comunidad se sienten involucradas, pues debido al contexto de celebración y reflexión que está viviendo nuestra Arquidiócesis este año, la figura del sacerdote se torna más fundamental que nunca, pues son ellos los encargados de cumplir la tarea de evangelización que Cristo encomendó y quienes guían al pueblo de Dios.

Así lo confirma el rector del Seminario Metropolitano, el padre Pedro Gómez, quien afirmó que “sabemos que nuestra Iglesia está pasando por un período difícil pero es una esperanza ver los seminaristas, sobre todo a las ocho nuevas vocaciones que ingresaron este año. Ver en el rostro de ellos la alegría de seguir este camino, con deseos de formarse bien como pastores de hombres”, afirma.

 

Atender el llamado de Jesucristo

Comienza marzo y este 2013 Dios le regala a la Iglesia de Concepción ocho nuevas vocaciones sacerdotales. Cuatro provienen de la diócesis de Los Ángeles y tres de la Arquidiócesis de Concepción y uno de proveniente de la diócesis de Melipilla, quien realizará parte de su experiencia en primer año en parroquias.

Estos, felices por su opción, expresaron sus motivaciones que les llevaron a dar un gran paso: atreverse a decirle que sí al Señor. “Ingresé al seminario por amor a Dios sobre todas las cosas, y para ir en servicio de mis hermanos”, afirmó Luis Eduardo Avilés, seminarista de primer año proveniente de la parroquia de San Rosendo.

Así también lo confirmo Bárbaro Zapata de 20 de años, proveniente de la parroquia de San Sebastián de Yumbel. “Mi motivación es emprender esta aventura para ir aprendiendo más del Señor, del amor que Él nos entrega y a la vez hacerle una entrega en este acto: dedicar mi vida al servicio de los demás”.

De esta manera se confirma la disposición y seriedad con la cual los nuevos seminaristas se embarcan en este camino. Reconocen que Dios los llama y que ellos están dispuestos a responder, a seguir un camino que es exigente. Se disponen a abandonarse en los brazos de Cristo.

Ser un soldado de Dios

La formación sacerdotal abarca siete años y se divide en un año de propedéutico, dos de Filosofía y cuatro de Teología. Durante ese período se les instruye sobre cuatro pilares: intelectual, espiritual, comunitario y pastoral, todo esto con la intención de convertirse en verdaderos soldados de Dios que la Iglesia y la comunidad necesitan.

Tal como afirma el padre Nino San Martín, formador del Seminario Metropolitano, “Ser sacerdote hoy es decirle al mundo que estamos para servir y que queremos una Iglesia como Jesucristo quería: humilde que sirva a quienes más lo necesiten, una Iglesia que no tiene ambiciones de poder. En la medida que vivamos el sacerdocio con alegría y sencillez esta vocación será más valorada como servicio. Para mí ser sacerdote es un privilegio”.

De ahí radica su importancia, pues estos 37 jóvenes que hoy aspiran a convertirse en pastores de hombres dedicarán su vida a cumplir la tarea de evangelizar al pueblo de Dios.

Atreverse a decir que sí

Lograr ordenarse como sacerdote no es tarea fácil, pero lograrlo es sin duda un objetivo por lo cual estar agradecido con el Señor. Si la convicción es suficiente Dios siempre extenderá la mano a quien quiera ponerse al servicio de Él y de su pueblo.

Manuel Torres Burgos es seminarista de séptimo año y está a poco tiempo de ordenarse sacerdote. Él afirma que llegar a esta etapa “ha sido una experiencia llena de alegría, pero también de momentos en que uno llega a replantearse la vida de cara a Dios. Pero acá adentro cada decisión pasa por el corazón de Él, por ello le estoy agradecido. Cuando llegas a séptimo recuerdas los primeros días en el seminario y que en verdad no sabías nada de Cristo, pero Él hace cosas tan grandes con uno: no soy yo quien ha logrado llegar a séptimo, sino Dios”.

Por eso quienes sienten el llamado de Cristo en su interior están invitados a atreverse a decir que sí. Tal como dice el padre Nino “Todos aquellos que tienen miedo de aceptar esta vocación les cuento que todos los que hoy somos sacerdotes pasamos por ese temor alguna vez, pero quienes dicen que sí les aseguro que encontrarán la felicidad, la felicidad de estar con Cristo”.

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