Seminario Metropolitano de la Santísima Concepción: vocación y desafíos

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Publicado el: 1 marzo, 2021

Desde mediados de los años 90, la cantidad de jóvenes que optan por entrar a seminarios de formación sacerdotal ha disminuido. Esta realidad no es excepción en Chile, mucho menos en la provincia de Concepción, lugar en el que se encuentra el seminario más antiguo del país.

Con más de 500 años de historia, el Seminario Metropolitano de la Santísima Concepción en sus inicios estuvo bajo el mandato de sacerdotes de la congregación Jesuita. No obstante, el recinto es destruido en 1600, para luego ser reconstruido y rebautizado en 1603.

Posteriormente, en la década de 1970, el Seminario tuvo que cerrar sus puertas debido a que no había seminaristas. Sin embargo, volvió a abrir sus puertas a inicios de los 80. En la actualidad, desde el 27 de julio de 2020, la institución está bajo la rectoría del padre Bernardo Álvarez. Asimismo, hoy la Arquidiócesis de Concepción cuenta con tres seminaristas: Santiago Hameau, Felipe Giacaman y Fabián Fernández.

Además, se registra la participación de dos seminaristas de la diócesis de Chillán: Sebastián Uribe y Leandro Hidalgo. El primero iniciará su séptimo año; cuarto año de Teología, mientras que el segundo iniciará el tercer año; es decir, su segundo año de Filosofía.

Respecto del proceso de trabajo durante lo que fue el 2020 el padre Bernardo Álvarez señaló que los seminaristas han vivido su formación de manera interna, pues el seminario es su casa. “Las actividades más regulares son de vida comunitaria; académicas, pues estudian dentro del seminario; podríamos decir también de orden de la vida espiritual”, dijo el sacerdote.

Ante lo anterior, añadió: “Una de las acciones que en este caso cambió bastante y que requirió cierta creatividad y elaboración fue la dimensión pastoral. La formación del seminario se constituye en cuatro dimensiones: espiritual, comunitaria, intelectual y pastoral. En el caso de la dimensión pastoral, que implicaba que los seminaristas visitaran sus diócesis, debió ser modificada”.

Tanto los seminaristas de Concepción como los de Chillán orientaron su trabajo pastoral a generar acciones dentro del Seminario que ayudaran a visibilizar las distintas actividades de la Arquidiócesis. “Se realizaron transmisiones de eucaristías, momentos de oración al interior del Seminario. También, se preocuparon de hacer visibles ciertos hitos que son importantes dentro de la formación sacerdotal, tales como las entregas de las admisiones a la Sagrada Orden, entrega de ministerios como el lectorado y acolitado”, explicó el actual rector.

Dichos hitos o eucaristías quedaban más bien como ritos internos, pues no eran abiertos o visibles a la comunidad. Bajo esa perspectiva, se trabajó para acercarlas a los fieles a través de la página de Facebook del Seminario. “Nosotros lo vivíamos y lo celebrábamos, pero creo que si no hubiera existido esta iniciativa la comunidad no se hubiese visto vinculada o no sabría qué son estos hitos y la relevancia que poseen en la formación de los seminaristas”.

Desafíos 2021

Al igual que otras instituciones de formación, el Seminario continuará con la modalidad virtual. En ese sentido, el padre Bernardo señaló que la vida académica y pastoral de los seminaristas implican un importante desafío. “Uno de los desafíos será poder establecer con mayor fuerza lo que significa, en este caso, hacer pastoral para los seminaristas de manera virtual, y cuyo fin, especialmente pastoral, tiene que ver con cómo un seminarista va conociendo a la comunidad, las dinámicas de las parroquias, los colegios y la universidad, para después como sacerdote poder insertarse en un ambiente conocido”.

En ese marco, al ser una metodología nueva, se traduce en una importante tarea: sortear el trabajo pastoral a través de las redes, logrando sistematizarlo e incorporarlo de manera definitiva lo que es la proyección del Seminario en términos de formación.

En lo que respecta la denominada crisis de vocación el padre Bernardo nombró diversos motivos que, según su perspectiva, podrían dar origen a dicha problemática. “Yo creo que una causa importante es justamente el encuentro entre la fe y el mundo que nos toca vivir hoy. Pienso que en sí hay una crisis vocacional que es bastante amplia, y que conlleva no solamente la posibilidad de que un joven pudiera despertar a la vocación religiosa, sino que también la vocación a la fe. Es evidente que muchas personas que en un momento creían en Dios y participaban activamente en sus comunidades hoy han dejado de creer”.

Por otra parte, profundizó: “Esto lo veo como un desafío por parte de nosotros, de cómo la Iglesia anuncia el evangelio de Jesús a los jóvenes y a la cultura de hoy. Con esto no quiero echarle la culpa al mundo, sino que me pregunto cómo y por qué no podemos proponer al mundo de hoy este proyecto, que es bastante hermoso y maravilloso, como es la fe en primer lugar, y después también dentro de la fe la vida consagrada o la vida sacerdotal y religiosa”, cerró.

 

 

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