Sugerencias concretas para que el encuentro con Cristo incida en la cultura

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Publicado el: 3 agosto, 2011

Aparecida pide a los cristianos una “asimilación crítica y sistemática de la cultura” (DA 329). En este sentido, una verdadera communio eclesial debería, ante todo, ayudar a los cristianos a tomar en serio las circunstancias históricas en que viven, y por eso a estar atentos a la realidad socio-política y cultural.

Cada cristiano debería poder reconocer con una percepción incomparable la famosa afirmación del pagano Terencio: “Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno”, y reconocer implicados en la dinámica histórica de su fe cristiana, la vida social, económica, política, filosófica, artística.

Para realizar esta perspectiva y ayudar a los cristianos a introducirse en la realidad, es muy conveniente profundizar la Doctrina Social de la Iglesia, que es la expresión doctrinal sintética de la nueva cultura cristiana que quiere generar, por gracia, un mundo nuevo en los ámbitos de la educación, del trabajo, de la política, del arte, etc. Hay que recordar, sin embargo, que la presencia nueva de los cristianos en el mundo para que “Cristo sea el corazón de la cultura”, no consiste en una presencia dialéctica, portadora sólo de unos criterios y juicios culturales nuevos referidos a los ámbitos de la vida humana, criterios y juicios que inevitablemente serían abstractos, serían sólo un “discurso” si no fueran, al mismo tiempo, el ofrecimiento del encuentro y pertenencia a la communio cristiana.

La “criticidad de la fe” cristiana que Aparecida requiere, se manifiesta, además, frente a la piedad popular que debe ser “evangelizada y purificada” (DA 262) reconociendo, además, que la espiritualidad popular “es una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos, que, no por eso, es menos espiritual, sino que lo es de otra manera” (DA 263).

Para que el encuentro con Cristo llegue al corazón de la cultura es sobre todo necesario que esta “criticidad de la fe” llegue a ser dimensión constitutiva de una adecuada educación cristiana “que prepare personas capaces de un juicio racional y crítico, conscientes de la dignidad trascendental de la persona humana. Esto implica (…) el diálogo con la cultura, que favorezca una mejor comprensión y transmisión de la fe” (DA 341). Esta “criticidad de la fe” en la educación sobre todo de los jóvenes cristianos se realiza  “confrontando e insertando los valores perennes en el contexto actual” (DA 329).

Es decir, es necesario que los jóvenes sean ayudados por los cristianos adultos a  verificar los contenidos aprendidos en los colegios y en las universidades comparándolos con el encuentro con Cristo, que es el significado de la realidad que se estudia en los diferentes saberes. Esta educación tiene como método la verificación personal de la razonabilidad del encuentro con Cristo comparado con las exigencias de verdad, de justicia, de amor, de belleza y de felicidad que constituyen la “razón” del hombre y que son expresadas en los distintos saberes. De este modo, la educación cristiana ayuda a verificar que la fe no es contraria a la razón, sino que la perfecciona, la dilata más allá de sus medidas.

Especial importancia asume, en este sentido, el testimonio de los profesores y académicos cristianos en los ambientes educativos. Frente a los jóvenes que Dios les confía, deberían desear y pedir la gracia de mostrar cómo la fe cristiana vuelve más plena la existencia y cómo el encuentro con Cristo – vivido en la comunión cristiana – es el criterio con que enfrentan la enseñanza en las salas de clase, la investigación, la relación con alumnos y colegas, proponiendo a los jóvenes lo que ellos mismos han verificado y verifican en su experiencia cristiana. Los profesores y académicos cristianos están llamados así a testimoniar cómo la fe cristiana ofrece la experiencia de un criterio sintético y lleno de razones para introducirse en la realidad entera, introducción que es la finalidad fundamental de la educación. En esta perspectiva es importante el dialogo fe-razón, fe-cultura (tarea especial de la Universidades Católicas: DA 3429), fe-razón-ciencia (DA 466): “Ante la falsa visión, tan difundida en nuestros días, de una incompatibilidad entre fe y ciencia, la Iglesia proclama que la fe no es irracional” (DA 494; cf. también: “Queremos valorar siempre más los espacios de diálogo entre fe y ciencia” (DA 495). En especial modo, los profesores y académicos cristianos presentes en los colegios y universidades deberían ofrecer toda su atención para que los jóvenes cristianos puedan encontrar en ellos una ayuda y una amistad cristiana para la efectiva valoración y verificación de la fe que ellos han recibido de sus padres.

Una ayuda en esta educación de la dinámica cultural de la fe cristiana podría ser la creación en cada Parroquia y Movimiento eclesial de Centros Culturales (así lo pide Aparecida: DA 498; 500) que sean ante todo la experiencia de una communio vivida como lugar de verificación de esta misma dinámica en su comparación con toda la realidad social-político-cultural. Estos Centros Culturales deberían así poder desarrollar iniciativas culturales públicas, ya sea artísticas, de juicio cultural y de revisión de temáticas socio-culturales para que la fe cristiana sea ofrecida a todos en su implicación cultural como un juicio crítico y sistemático sobre la realidad entera, mostrando así su belleza y razonabilidad frente a todo lo que sucede e interesa al hombre.

 P. Agostino Molteni, Departamento de cultura

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