Homilía en Ordenación Episcopal de Obispos Auxiliares: «Estamos viviendo un regalo de Dios»

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Publicado el: 30 abril, 2022

Este sábado 30 de abril de 2022, en la Ordenación Episcopal de los nuevos Obispos Auxiliares para la Arquidiócesis de la Santísima Concepción, el Arzobispo Mons. Fernando Chomali motivó a Mons. Bernardo Álvarez y Mons. Oscar García a «extender con mayor presencia el Ministerio Episcopal en esta gran Arquidiócesis, para servir, para anunciar el Evangelio, para santificar, para confirmar en la fe, para acompañar y para gobernar sirviendo al Pueblo de Dios».

A continuación, el texto completo de la homilía del Arzobispo de Concepción, Monseñor Fernando Chomali Garib:

Lo que estamos viviendo es un gran regalo de Dios, no solamente para la Iglesia de Concepción, sino que es un regalo de Dios para la ciudad, para el país y para el mundo. Es un regalo de Dios porque estamos en momentos de fraternidad, de comunión y de alegría. He visto los carteles y los globos de las personas de Curanilahue que han llegado de lejos y de otros lugares dando gracias a Dios por su obispo.

Lo que ellos están llamados a hacer es extender con mayor presencia el Ministerio Episcopal en esta gran Arquidiócesis, para servir, para anunciar el Evangelio, para santificar, para confirmar en la fe, para acompañar y para gobernar sirviendo al Pueblo de Dios.

Agradezco de corazón la presencia de ustedes, de los Obispos que generosamente han venido a acompañarnos, desde Arica a Punta Arenas. La presencia del señor Cardenal, del señor Nuncio, que tanto ha trabajado para que llegara a buen término este nombramiento del Santo Padre, a los sacerdotes, a los diáconos, a las religiosas, religiosos, pero por sobre todo al Pueblo de Dios. Aquel pueblo de Dios que tomó el bus a las 6 de la mañana para llegar. Aquel pueblo de Dios que se levantó, que se inscribió porque quiere acompañar a sus nuevos obispos.

Agradezco también la alegría que los caracteriza, esa alegría que da el Evangelio, no solo leído y meditado, sino que también vivido. Agradezco también su fe y su amor a los sacerdotes, eso se experimenta con mucha fuerza en las comunidades y agradezco la acogida de los dos nuevos obispos que prestarán un gran servicio a la Iglesia y a la sociedad.

Son múltiples las tareas de un obispo, en muchos ámbitos: En el ámbito pastoral, en el ámbito educacional y también en el ámbito prepolítico y preético, hablando sobre los grandes valores que animan al ser humano inspirado por la razón y por la fe.

Y el mejor servicio que pueden prestar es, en primer lugar, estar enraizados en Dios Uno y Trino, trabajar por la verdad, trabajar por la comunión de esta única Iglesia Universal, trabajar por una colaboración sincera, no solamente conmigo, sino que con los sacerdotes y los agentes pastorales. Y lo hacen como sucesores de los apóstoles, porque eso son. Sucesores de los apóstoles llamados por amor de Dios, para hablarle de Dios a los hombres a través de la oración, que nunca puede faltar, y desde allí hablarle a los hombres de Dios. Porque esa es nuestra tarea, hablarle a los hombre, a las mujeres, a las familias, a todos sin distinción de Dios y siempre animados por el espíritu Santo. Dará mucho si se dejan tocar por la gracia de Dios.

Ayer pensaba respecto del Padre Oscar y el Padre Bernardo, son tan distintos, uno viene de Uruguay (Padre Oscar), con una vocación religiosa, contemplativa, una oración de servicio a los más humildes. El padre Bernardo de Concepción, de Talcahuano, que estudió en un Colegio del Arzobispado, tuvo una experiencia universitaria y luego ingreso al Seminario. De lugares tan distintas, familias tan distintas, pero los une el Evangelio, Jesucristo, este vínculo que es mucha más grande que la carne, que los genes, porque Él es el que estructura todo.

Ellos se han encontrado aquí para servir para servir a esta Iglesia y cada uno lo hará con su carisma. Tanta esperanza tengo en ambos. El Padre Oscar tendrá un gran trabajo que realizar en Arauco, en donde se necesita diálogo, comunión, magnanimidad, se necesita paciencia, se necesitan tantos dones que él tiene. Sin lugar a duda hará un trabajo grande para que pueda promoverse la auténtica fraternidad en la verdad y en la justicia.

El Padre Bernardo me acompañará como Vicario General de la Arquidiócesis para poder gobernar de la mejor forma posible -gobernar que es servir- para que conozcamos a Jesucristo. No tenemos otra misión más que conocer a Jesucristo, un camino que lo hacemos junto al Santo Padre y en fidelidad a su Magisterio y aterrizado en nuestras conclusiones del Sínodo que hace algunos años realizamos con tanto esfuerzo para saber por dónde Dios nos invita a caminar como Iglesia.

Por eso les quiero pedir hoy, en primer lugar, que nos ayudemos mutuamente a tener mayor profundidad espiritual, el papa nos ha dicho con insistencia que uno de los dramas que vive la Iglesia es la superficialidad, la mundanidad espiritual. Profundidad espiritual que no es otra cosa que conocer a Jesucristo, tener fe y seguir a Jesucristo, amar a Jesucristo. Reconocerse como pobre pecador, pero seguro que la gracia de Dios es mucho más fuerte que el propio pecado.

En segundo lugar, la fraternidad, estamos tan heridos como sociedad, tan fracturados. Si promovemos la fraternidad con insistencia, sin lugar a duda eso se va a irradiar en la sociedad. Promover la fraternidad en las familias, en nuestro propio corazón, en las comunidades, en los colegios, en la universidad. La fraternidad irradia y transforma, porque la fraternidad es amor y solo el amor transforma, el amor que viene de Dios y que nosotros manifestamos según el mandamiento del amor.

En tercer lugar, un gran impulso solidario. La Iglesia Católica debe sentirse sanamente orgullosa del gran esfuerzo que ha hecho, por darle dignidad al que no tiene techo, al migrante tan maltratado por la sociedad, dare dignidad al discapacitado, eso es lo nuestro. Por eso ayúdennos ustedes, con este impulso de la Ordenación, a vivir con mayor profundidad espiritual, ser fraternos y solidarios.

Ayúdennos a tener vida en abundancia, a ser discípulos y misioneros, no funcionarios. Los sacerdotes, los obispos no somos proveedores de servicios religiosos, tenemos un carisma entregado por Dios para acompañar y para servir. Ayúdennos a ser dialogantes, a no juzgar, a que vivamos con mayor coherencia lo que pensamos con lo que decimos y con lo que hacemos. Sabemos que no nos resulta fácil, pero siempre podemos avanzar cuando lo hacemos en comunidad. Ayúdennos a no ser indiferentes, como nos dijo el Santo Padre, que vivíamos una globalización de la indiferencia y que tanto daño nos ha hecho como sociedad. Ayúdennos vivir la alegría del Evangelio, Gracias a Dios por ustedes.

Aprendamos a ser levadura, a ser luz en medio de la oscuridad y fuente de vida en medio de tanta muerte que vemos y vivimos todos los días. También ayúdennos en estos tiempos tan complejos que vivimos en nuestro país, para que reluzca la dignidad de la persona humana, tan cuestionada, la dignidad que tenemos desde que somos fecundados hasta nuestra muerte natural. La dignidad que tenemos bajo todas las condiciones y siempre.

Dios quiera que el Señor los ayude con su gracia. Dios quiera que se sientan apoyados por esta hermosa comunidad que los ha venido a apoyar hoy. Dios quiera que con ustedes, con más fuerza, junto al excelente presbiterio que tenemos en la Arquidiócesis y la Provincia Eclesiástica, podamos mostrar la belleza del Evangelio, ese Evangelio que nos transforma, que nos da sentido a la vida, ese Evangelio que es camino, verdad y vida y que se llama Jesucristo nuestro Señor.

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