Misiones: una Iglesia en salida

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Publicado el: 18 febrero, 2019

Con un sólido y fuerte sentimiento de Iglesia Misionera e Iglesia en Salida, se desarrollaron las Misiones de verano, en distintos puntos de la Arquidiócesis de Concepción.

El Departamento de Misiones, coordinado por la religiosa, hermana Rosa Elisa Agudelo, de nacionalidad colombiana, que ya lleva cuatro años de servicio en la diócesis y actualmente radicada en Curanilahue, organizó la celebración de envío de los misioneros, con una Misa en la parroquia Del Sagrario y que presidió el presbítero Mauricio Aguayo, Vicario de Pastoral.

En su homilía, el padre Mauricio animó a los representantes de grupos misioneros juveniles, tanto de colegios, como de parroquias, universidades y centros de educación superior, a vivir una experiencia  distinta, a raíz de la situación que se vive en la Iglesia. En tal sentido, recordó el llamado del Papa Francisco a la Iglesia que peregrina en Chile. Habló de un nuevo paradigma y nuevos desafíos. “Hay una nueva referencia y el desafío es que todos tenemos que misionar para compartir la experiencia de fe, sin embargo, algunos se esfuerzan por mostrar la experiencia de Jesús, con su talento, voluntad y servicio”, precisó.

Los instó a sentirse seguros que el Señor les da una gran fortaleza. “Debemos sentirnos benditos que el Señor nos envía a misionar, porque  irá delante de ustedes, siempre Jesús irá delante de ustedes. No teman, por el contrario, todo lo que desean vivir, compartir la experiencia de fe y su  presencia,  los reanimará”, afirmó.

La Hna. Rosa Elisa dijo, por su parte, que los misioneros fueron preparados integralmente y que uno de los elementos centrales fue la oración. “Debemos sentirnos verdaderamente misioneros de la oración, porque en la oración alimentamos nuestra vida”, indicó, añadiendo que “el Papa Francisco nos ha llamado a ser una Iglesia misionera y en salida y tenemos que salir para darnos e ir a las periferias y dar nuestra verdadera respuesta. Los jóvenes son la gran esperanza de la Iglesia y del mundo”. La religiosa apuntó, además, que junto con la oración los misioneros van preparados para la acción social. “La oración nos lleva a la acción”, subrayó.

En este período de misiones, participaron  grupos de la Vicaría de Pastoral de Juventud, de la UCSC, DUOC, de distintos colegios de Iglesia, de movimientos y de parroquias.

Educación Superior

Con una gran mística, grupos juveniles de instituciones de educación superior de la zona y también de establecimientos educacionales de Iglesia, se desplegaron en diversos lugares. En general, las acciones se efectuaron a partir de enero hasta los primeros días de febrero.

El Vicario de Pastoral Juvenil, presbítero Víctor Álvarez, quien integró un grupo de jóvenes que misionó en la zona de Chiloé, dio a conocer, además, que comunidades de jóvenes misionaron  en sectores entre Laraquete hasta Cañete, incluida la Cárcel de Arauco, coordinados por la Vicaría de Arauco.  “Otro sector importante fue la acción del Decanato Rural, que apoyó el trabajo que hacen las Parroquias en sus respectivos lugares. Este año, la Universidad Católica de Concepción aceptó la invitación para misionar en el sector de Huillincó, en Chiloé, que ha sido también una gran experiencia misionera”, expresó.

Desde la Vicaría para la Pastoral de Juventud, la Pastoral de Educación Superior y Parroquia Universitaria son cerca de 400 jóvenes que apoyan a las diferentes Comunidades. “Uno puede notar, y a la vez agradecer, un compromiso importante de los jóvenes en el contexto que vivimos como Iglesia, donde se quieren hacer parte de la renovación que tanto anhelamos y necesitamos. Asumiendo el gran desafío que tenemos de volver a recuperar el centro en la persona de Jesús y de su evangelio, para compartirlo al mundo no sólo con palabras sino principalmente con la vida”, concluyó el padre Víctor.

Experiencia en Ramadillas

Por otro lado, la Vicaría de Pastoral Juvenil (VPJ) organizó una misión en comunidades del sector Ramadillas, en Arauco. Carlos Hugo Méndez, secretario ejecutivo de VPJ, valoró la experiencia. “Muy contentos con esta experiencia. Estuvimos abriendo zonas y acompañando a la parroquia de Arauco.  Hubo un período de tres misiones y llegamos a Ramadillas, en el límite con la parroquia de Curanilahue”, comentó, agregando que “fue una experiencia muy hermosa, acompañando a una comunidad que se notó la necesidad de Dios. Fue bonito porque la comunidad sentía la necesidad de ser acompañada, escuchada y que fuesen a orar por sus enfermos y familiares”.

El grupo de misioneros juveniles estuvo conformado por 21 personas, durante diez días. “Los misioneros también muy contentos y se les vio muy comprometidos con la misión. Hicieron visitas puerta a puerta, visitaron y acompañaron a enfermos. Los jóvenes tienen muy claro a lo que van, este compromiso pastoral de sentir que van a acompañar, pero también es misión para ellos, porque van conociendo y adquiriendo experiencia y comprenden que hay mucha gente que necesita estar acompañada y necesita especialmente oración”, precisó.

Carlos Hugo dijo que se volverá al lugar en invierno de este año y se retomarán en el verano de 2020. La misión de este verano se extendió desde el 26 de enero al 3 de febrero.

Movimientos

Entre el  27 de enero y el 1 de febrero,  un grupo de misioneros, conformado por  miembros de distintos movimientos de iglesia (Renovación Carismática, Cursillos de Cristiandad, Comunidad de Vida Cristiana, Pastoral de Trabajadores, Schoenstatt) más el acompañamiento del padre Claudio Placencia, estuvo en la comunidad de Santa Rosa, de la comuna de Lebu, parte de un tiempo de tres años.

“En esta ocasión, el objetivo fue tomar contacto con  la comunidad y sus necesidades, conocernos y poder juntos reconocer a Dios en nuestras vidas. El lema de este servicio fue “En Espíritu de Familia Construyamos Nuestra Iglesia”,  y los temas que se trataron fue Dios Padre y el que somos sus hijos, Cristo y su mensaje de esperanza, María, e Iglesia Pueblo de Dios”, explicó Marcela Fuentealba, coordinadora de Movimientos.

Agregó que “el objetivo se cumplió a cabalidad y, a juzgar por los testimonios de misioneros y misionados, fue un tiempo de experimentar el amor de Dios en plenitud. Terminamos con la convicción de unos y otros, que nuestra Iglesia se construye y reconstruye entre todos, por lo que recobra más importancia hoy día nuestro compromiso serio y concreto con ella”.

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