El Tiempo de la Creación

Desde el año 2015, el primer día del mes de septiembre,  se viene celebrando en la Iglesia Católica una Jornada de oración por el cuidado de creación; y desde el año el año 2019, a su vez, se ha establecido el Tiempo de la Creación, que va desde el primer día de septiembre hasta el día 4 de octubre, en la fiesta de San Francisco de Asís, que – como lo explica el papa Francisco-  es “un período de oración y acción más intensas en beneficio de la casa común” (Discurso del 1 de septiembre de 2019) .

El tiempo de la creación responde a una iniciativa ecuménica, celebrada por otras comunidades cristianas desde hace bastante tiempo, y que para los católicos se configura desde hace dos años como una especie de tiempo litúrgico especial que nos invita a reflexionar sobre la maravillosa obra creadora de Dios y de cómo estamos cumpliendo nuestro rol de custodios del planeta, que es nuestra casa común. Dios es creador de todo lo que está a nuestro alrededor, de todos los seres visibles e invisibles, y en particular, ha creado el planeta que habitamos con la característica especial, dentro de todos los astros que existen en el universo, de ser sostenedor de vida. La tierra contiene una superficie con agua, aire, suelo y una infinidad de elementos que se configura en una biosfera en donde ocurren en serie de interacciones que sostienen la vida en una infinidad de formas, y que, sin ellas, nuestra existencia se vería en seriamente afectada. Cada criatura interactúa con las otras, formando una compleja red de ecosistemas que nos revelan como especie humana una especie de vocación de comunión en una triple relacionalidad: con Dios, con nuestros prójimos, y con toda la naturaleza. Existe una perfecta armonía que fue plasmada por Dios en la creación, y donde podemos descubrir, a su vez, la huella amorosa del creador que vela como padre sobre toda la creación, proveyendo todo lo que necesite cada criatura para que pueda realizar la misión de “testificar que Dios es trino” (Laudato Si’ n°239). En una verdadera sinfonía de formas y colores, todas las criaturas elevan al cielo en unión con el cosmos una suerte de melodía de alabanza, y donde el hombre cumple el rol de entonar la voz principal de este canto de alabanza al Señor.

En este tiempo de la creación, donde junto con vivir el tiempo de la pandemia, también se nos descubren diversos rasgos de abuso contra la creación, y que nos debieran motivar a una profunda conversión. Hay muchos que lamentablemente ensucian su entorno y viven sumergidos en una cultura del desecho, afectando no solamente a la naturaleza, sino que también a otras personas que, al ver contaminado o deteriorado su entorno, también se ven afectados por este abuso.  Todavía hay muchos que tienen una actitud depredadora con la Tierra, contra los recursos de la naturaleza, la que sigue dócilmente dejándose someter esperando con “lágrimas en ojos” un cambio de vida en nosotros. Por eso, pidamos entonces al Señor que transforme nuestro corazón, para que experimentemos una verdadera conversión ecológica global como lo pedía San Juan Pablo II, y afinemos nuestra voz, para que comencemos, en primer lugar, perdiendo perdón por tantos pecados ecológicos que hemos cometido y podamos reconciliarnos con el Creador, con nuestros hermanos que han sufrido este abuso, y con todas las criaturas que han logrado sobrevivir a la crisis ecológica, para que podamos nuevamente cantar el canto armonioso y bello de San Francisco de Asís, Laudato si’ mi signore, alabado seas mi Señor …y que hace renacer el corazón al amor y a la paz.

Pbro. Pedro Gómez Díaz
Vicario general y párroco de la Iglesia de Lourdes en Concepción

Publicado el: 20 septiembre, 2021