La hermana Rosa Angélica Duque forma parte de la Congregación Hermanitas de la Anunciación y actualmente se encuentra acompañando a la comunidad de Curanilahue.
Este 2024 cumplió 50 años de vida religiosa y afirma que han sido “un camino tras las huellas de Cristo, sostenidos por la gracia, la misericordia de Dios, la compañía maternal de la Santísima Virgen, el testimonio de la beata María Berenice, el acompañamiento de mi congregación y de todas las hermanitas con quienes he vivido en las diferentes comunidades locales”. Asimismo, valoró a todas aquellas personas que durante este tiempo el Señor ha puesto en su camino, especialmente obispos y sacerdotes.
Tiene 78 años de edad y proviene de Medellín, Colombia, donde creció en una familia profundamente católica, que participaba en la Misa dominical, en la adoración al Santísimo, rezaba el Santo Rosario y frecuentaba los sacramentos. “Todo esto me llevó al conocimiento de Dios, de la Santísima Virgen y a amar a la Iglesia”, agrega.
La hermana Rosa Angélica dice que así nació su vocación, ya que “todo esto me motivó a entregarme por completo a la gloria de Dios”. Y si bien “lo más difícil al inicio de este caminar fue alejarme de mi familia, con la gracia de Dios y de la Virgen María superé esta dificultad”.
Para ella, lo más lindo de ser religiosa es enamorarse cada vez más de Jesús, “encontrarlo en la Santa Eucaristía, en la Palabra de Dios hecha oración” y también “el apostolado donde Dios me envía por medio de mis superiores y encontrarlo en todos mis hermanos, especialmente en los más abandonados”. Es así que durante estos 50 años de vida consagrada, ha acompañado a diversas comunidades en Colombia, Panamá y Chile, donde ha permanecido doce años.
Luego de casi toda una vida entregada al Señor, la hermana Rosa Angélica anima a los jóvenes que están sintiendo el llamado a la vida sacerdotal o a la vida religiosa, a que “no tengan miedo de responder al llamado que Jesús les hace con mucho amor. Es maravilloso seguir al Señor, es el amigo que no falla, que no traiciona, que nos da su vida en plenitud, si le correspondemos con fidelidad. Él nos dará la gracia que necesitamos para seguirlo con alegría”.
Fuente: Revista Nuestra Iglesia