Arzobispo de Concepción llamó a preocuparse de los que más sufren

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Publicado el: 19 abril, 2020

Desde la parroquia del Sagrario, en Concepción, se transmitió la celebración de la Misa con motivo de la festividad de la Divina Misericordia, en que monseñor Fernando Chomali hizo un ferviente llamado a dejar de lado el egoísmo y preocuparse de los más necesitados, en las difíciles circunstancias que vive el país.

La Misa fue transmitida por diversas redes sociales de la Iglesia de Concepción y por MundoTV, canal que está apoyando la acción de la iglesia local, con un gran sentido de servicio, a quienes están en casa, confinados por el coronavirus.

En la celebración, el padre Edgardo Ojeda, asesor del Apostolado de la Divina Misericordia, tuvo a su cargo el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia, que fue seguid por centenares de personas desde sus hogares.

En su homilía, monseñor Chomali expresó que “estamos solos, en este templo, que nos acoge para celebrar la fiesta de la Divina Misericordia  y el texto que nos ofrece hoy la iglesia es de un gran realismo que conmueve. Los apóstoles estaban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Nosotros también estamos con las puertas cerradas, estamos en nuestras casas, lo que más que podemos  y algunos no pueden estarlo, porque si no trabajan, sencillamente no comen. Estamos con miedo, porque el coronavirus ya ha dejado a 160 mil personas fallecidas. Y, hoy, escuchábamos  que en Estados Unidos, seis mil ancianos han muerto en los hogares de adultos mayores. Cuántas preguntan surgen al respecto; cuánto miedo habrán tenido al estar en la más absoluta indefensión”.

Añadió que “me preguntaba qué políticas públicas tenemos en el ámbito  demográfico, familiar, laboral para que  ningún anciano, quienes entregan la vida por su país, termine solo en un hogar de ancianos. Estamos con temor, porque tal vez a nosotros nos puede afectar el contagio y mañana estemos de cara a la muerte. Es en este contexto de temor en que aparece Jesús y nos dice “Que la paz esté con vosotros” Y nos da el mismo mensaje que le entregó a los discípulos  “como el Padre me envió a Mí, yo también los envío a ustedes! Y la misión de la iglesia, aunque tenemos los templos cerrados para no producir aglomeraciones, la Iglesia está más viva que nunca, anunciando el evangelio, con los nuevos métodos que le permite la tecnología, pero por sobre todo trabajando arduamente por las personas más desfavorecidas. Como nunca se ha activado la Pastoral Social, como nunca hemos entregado nuestros lugares para acoger enfermos, porque entendemos que esa es la misión  que nos pide Jesucristo”.

Monseñor manifestó, además, que “el Papa nos recordaba, hoy domingo, que el peor virus es el egoísmo de no abrirnos a los otros. Ojalá que nosotros, a pesar de la situación dolorosa que estamos viviendo, nunca perdamos la alegría. El coronavirus lo que ha hecho es mostrar la realidad tal cual es y no como nosotros queremos que sea y, es en esa realidad, cuando toquemos esa llaga vamos a descubrir al Señor. Hoy más que nunca, debe salir de nosotros mismos y hacer lo humanamente posible para tocar las llagas del Señor, para expresar “Señor mío y Dios mío”.

Subrayó que “hoy, las llagas del Señor están más presentes que nunca, en las personas desfavorecidas, como los ancianos. Nosotros entregamos la casa de retiro, para acoger a personas del sur de Chile y que nadie los fue a buscar al hospital. Ahí las tenemos. Las llagas de Cristo son los migrantes, que viven una situación muy difícil, porque no están en el sistema, que les permita recibir ayuda del Estado; están las llagas de las personas en situación de calle, personas postergadas toda la vida; están los adultos mayores  y las personas con discapacidad que han tenido tantas dificultades para encontrar trabajo. Que dolor ha significado para la Iglesia de Concepción, que tenemos 30 jóvenes con síndrome de Down trabajando y  les tuvimos que decir que se vayan a sus casas, por un tiempo, porque no tenemos ninguna capacidad de darles una remuneración como corresponde ni menos de cuidar su salud”.

Se refirió también a los que están en las cárceles. “Nosotros que estamos en nuestras casas y que tenemos miedo, imagínense las personas que están en los recintos penitenciarios. Sé el esfuerzo que hace Gendarmería, pero tienen medios innecesarios. Son personas privadas de libertad, pero no privadas de dignidad y tienen derecho a la salud como cualquier chileno, por el legítimo temor a contagiarse. Hay que hacer un gran esfuerzo para que ellos tengan tranquilidad”, afirmó.

Recalcó que “el test de humanidad de una sociedad se mide por la capacidad de preocuparse por los más débiles. La dignidad de una persona, sea hombre o mujer, merece un trato igualitario. Esta fiesta de la Divina Misericordia, nos evoca la paz que nos trae el Señor, la convicción que está en medio de nosotros hasta el fin de los tiempos y nos invita a creer con más fe, que sin Él, no podemos hacer nada y nos impulsa a preocuparnos de aquellos que nada tienen. Chile saldrá fortalecido si tenemos una especial atención por las personas más vulnerables. Como dice el Papa Francisco, todos estamos en la misma barca y tempestad y tenemos que agudizar nuestros ojos, el corazón y la mente, para que todos   juntos podamos salir a flote”, concluyó.

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