Carta del Santo Padre a los Institutos de Vida Consagrada

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Publicado el: 2 febrero, 2022

Hace 75 años, el 2 de febrero de 1947, Pío XII publicó la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia, en la que reconocía los institutos seculares como una nueva forma de consagración oficial en la Iglesia. Hoy, en una Carta, el Papa Francisco relanza la «laicidad santa» de sus miembros, perfila sus tareas y anuncia que clausurará personalmente los trabajos de su próxima Asamblea.

Primero con la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia y luego con un Motu Proprio Primo feliciter, entre 1947 y 1948, Pío XII reconocía así una importante forma de testimonio entre los «católicos laicos comprometidos de manera particular» desde el siglo pasado y, señalándolos como «Institutos», extraía «la identidad específica del carisma» procedente de la secularidad, definida como la «razón de ser» de los propios Institutos.

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Confiere así -recuerda hoy Francisco al inicio de la Carta dirigida a la presidenta de la Conferencia Mundial de Institutos de Vida Consagrada, Jolanta Szpilarewicz- «plena legitimidad a esta forma vocacional de consagración en el siglo».

«El documento de Pío XII fue en cierto sentido revolucionario», reitera el Santo Padre, retomando la expresión que utilizó en 2017 en un Mensaje a los participantes en la Conferencia Italiana de Institutos Seculares: «Han pasado los años y muchos han sido los cambios producidos en la Iglesia, en los movimientos y en las comunidades».

Desde aquí, por tanto, mirando al presente, el Papa les agradece por su servicio y su testimonio prestado que se renovará también en la próxima Asamblea en preparación, a la que -anuncia en la carta- «acudiré con gusto al final de los trabajos».

El Espíritu Santo renueve la fuerza creativa y profética

«Querida hermana -escribe Francisco dirigiéndose a Jolanta Szpilarewicz-, deseo invitarla, sobre todo en los próximos meses, a invocar de manera especial al Espíritu Santo para que renueve en cada miembro de los institutos seculares la fuerza creativa y profética que hizo de ellos un gran don para la Iglesia antes y después del Concilio Vaticano II».

No confundir la consagración con la vida religiosa

Asimismo, el gran reto que el Papa prevé para los Institutos está en la «relación entre secularidad y consagración»: para la consagración es fácil «asimilaros con los religiosos», -explica Francisco- pero «me gustaría que los caracterizara vuestra profecía inicial, en particular el carácter bautismal que connota a los Institutos seculares laicos»:

«Sois animados, queridos miembros de los Institutos Seculares Laicos, por el deseo de vivir una «laicidad santa», porque sois una institución laica. Sois uno de los carismas más antiguos y la Iglesia siempre os necesitará. Pero su consagración no debe confundirse con la vida religiosa. El bautismo constituye la primera y más radical forma de consagración».

El bautismo -subraya el Papa- es la fuente de toda forma de consagración: nos hace «pertenecer a Cristo» y, por tanto, «santos». De hecho, es a través del bautismo que «nos fundamos en una comunión eterna con Dios y entre nosotros»:

«Esta unión irreversible es la raíz de toda santidad, y es también la fuerza para separarnos a su vez de la mundanidad. El bautismo es, pues, la fuente de toda forma de consagración», escribe el Santo Padre.

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