En un Templo Catedral lleno de fieles, la Arquidiócesis de Concepción celebró la Solemne Clausura del Año Jubilar 2025, en una Eucaristía presidida por el Arzobispo Mons. Sergio Pérez de Arce SS.CC., y concelebrada por los obispos auxiliares, en el marco de la fiesta de San Juan Evangelista.
En la celebración participaron representantes de todos los templos jubilares de la Arquidiócesis. Tras la proclamación de la Palabra, Álvaro Seguel, de la coordinación del templo jubilar de San Pedro de la Paz, y María Angélica Sáez González, peregrina del Decanato Talcahuano, compartieron su testimonio sobre lo vivido en este Jubileo.
Posteriormente, en su homilía, el Arzobispo invitó a la comunidad a dar gracias por el Año Santo convocado por el Papa Francisco como un tiempo de encuentro vivo y personal con Jesucristo, “puerta de salvación”, para reavivar una esperanza que muchas veces se ve amenazada por las dificultades y el desaliento.
Recordó que, a lo largo de este Jubileo, los fieles participaron en peregrinaciones a los templos jubilares de la Arquidiócesis: Yumbel, Tomé, San Pedro de la Paz, Los Álamos, Lota y la Iglesia Catedral de Concepción. “esas peregrinaciones han sido experiencias de fe, de alegría y de comunión, donde nos hemos podido encontrar con el amor del Señor y la compañía de los hermanos”, expresó.
En ese contexto, llamó a agradecer ante todo la experiencia de la fe vivida, la luz que Dios ha hecho brillar en los corazones y la posibilidad de vivir esa fe en la Iglesia y en comunidad. “A la luz de esta fe vamos descubriendo que Dios nos quiere y nos sostiene, y esta es la fuente principal de nuestra esperanza”, señaló, recordando que la esperanza cristiana no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de que “nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”.
El Arzobispo agradeció también a quienes hicieron posible este tiempo jubilar, a quienes acogieron en los templos jubilares y a quienes animaron diversas iniciativas pastorales. De manera especial, expresó gratitud por el testimonio del Papa Francisco, “que nos convocó y motivó y ha sido para nosotros un testigo de la esperanza y un pastor misericordioso”, y por el Papa León, que hoy guía a la Iglesia como pastor universal.
Finalmente, al celebrar la fiesta de San Juan Evangelista, destacó su figura como el discípulo que “vio y creyó”, cuya fe nace de una relación profunda de amor e intimidad con Jesús. “La fe de Juan no es improvisada: nace del amor, de saberse elegido y amado primero por el Señor”, señaló, invitando a que el Jubileo de la esperanza que se cierra nos una cada vez más a Cristo, para seguir dando testimonio de Él en la vida cotidiana.
Durante el ofertorio, junto al pan y el vino, se presentaron signos del camino jubilar vivido. Por una parte, un collage que recogió rostros, gestos y momentos significativos de este tiempo de gracia; y, junto a ello, donaciones de útiles de aseo y productos de limpieza llevados por los fieles y destinados a los Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM) de la Arquidiócesis, como expresión concreta de una fe que se traduce en obras de caridad.
La Eucaristía concluyó con un envío jubilar, renovando el compromiso de seguir siendo testigos del amor de Cristo, para que lo vivido durante este Año Santo se haga vida entregada y misión en medio del mundo.
Te invitamos a ver la transmisión de la Eucaristía.