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Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús: Peregrinas de la esperanza en Concepción

Publicado el: 5 Mayo, 2025

En el marco del Año Jubilar, la comunidad de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, de origen argentino, llegó a la Arquidiócesis de Concepción para compartir su carisma y ponerse al servicio de la misión evangelizadora. Las religiosas Carina Fabro y Marita Barrionuevo han iniciado su labor con entusiasmo, agradeciendo profundamente la acogida recibida desde su llegada.

“Desde el primer momento en que nos contactamos con Monseñor Sergio, obispos auxiliares, sacerdotes, religiosas y laicos referentes pastorales, hubo una actitud de acogida y de atender nuestras inquietudes y necesidades”, expresaron, destacando especialmente el recibimiento en Casa Betania el pasado 18 de febrero. En este primer tiempo residirán allí y posteriormente se trasladarán a Hualpén.

La misión de las hermanas está profundamente inspirada por el carisma de Amor y Reparación de su fundadora, la Beata Catalina de María Rodríguez. “Queremos anunciar la espiritualidad del Corazón de Jesús y restaurar su imagen en los hermanos, siendo una presencia cercana para todos”, afirmaron. Su servicio en la arquidiócesis se desarrollará en diversas áreas pastorales, con énfasis en la evangelización, la promoción humana y la atención a los más vulnerables, especialmente mujeres, jóvenes y familias.

Entre sus labores se incluye la colaboración con departamentos diocesanos, la pastoral universitaria, de salud, carcelaria y otras instancias donde se requiera su presencia. “Nuestra presencia pastoral es transversal y de itinerancia. Buscamos acompañar, escuchar, ofrecer espacios de espiritualidad y promover el desarrollo integral de las personas”, señalaron.

Finalmente, quisieron entregar un mensaje a las comunidades: “Queremos compartir el Amor del Corazón de Cristo, darlo a conocer como ese corazón que supera las diferencias, que crea vínculos auténticos y repara nuestra dignidad. Agradecemos la recepción, el acompañamiento y la disponibilidad con que hemos sido acogidas”.

Inspiradas por las palabras del Papa Francisco para este Año Santo, concluyen su testimonio con una invitación esperanzadora: “Debemos mantener encendida la llama de la esperanza que nos ha sido dada, y hacer todo lo posible para que cada uno recupere la fuerza y la certeza de mirar al futuro con mente abierta, corazón confiado y amplitud de miras”.

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