Las Hermanas Trinitarias Descalzas de Penco celebraron los 290 años de su monasterio con una Misa realizada el domingo 27 de septiembre en su capilla. Los fieles se unieron a la comunidad religiosa para dar gracias por su historia de oración y servicio.
La Eucaristía fue presidida por Mons. Bernardo Álvarez, Obispo Auxiliar de Concepción, quien en su homilía agradeció la historia de oración, fidelidad y servicio de las hermanas. Al reflexionar sobre la vida contemplativa, señaló que esta recuerda «que Dios es el fundamento último de la vida». “Las hermanas nos recuerdan que existe una fecundidad escondida. Una fecundidad que no aparece en las estadísticas ni en los titulares, pero que sostiene espiritualmente la vida de la Iglesia”, expresó.
A partir de la parábola de los dos hijos, Mons. Bernardo recordó que la fe se expresa en una respuesta concreta a la voluntad de Dios. Invitó, además, a mirar este aniversario como una oportunidad para renovar esa respuesta: “La mejor manera de honrar estos 290 años no consiste únicamente en recordar una historia admirable. Consiste en preguntarnos qué nos pide hoy el Señor”.
La conmemoración recuerda el 26 de septiembre de 1736, cuando el entonces Obispo de Concepción, fray Salvador Bermúdez, reconoció como monasterio al beaterio establecido años antes junto a la Ermita del Boldo. Después del terremoto de 1751, las hermanas se trasladaron a Concepción y, en 1995, regresaron a Penco.
Jaime Robles, presidente de la Sociedad de Historia de Penco, destacó el vínculo que mantiene la comunidad con ese pasado. “Las monjas trinitarias son la presencia humana de una tradición que inició hace 290 años, también en Penco, en épocas coloniales”, señaló.
Al finalizar la Misa, Robles presentó el Libro de las Elecciones del Monasterio. El volumen, iniciado en 1823, recoge la nómina de prioras desde sor Francisca de San Gabriel, primera priora en 1736, y registra las elecciones posteriores, incluida la de la actual priora, sor Cecilia de la Anunciación.